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Spain

Ana Belén y los yanquis de Rota

Ya cantaba pero no era aún Ana Belén, sino la niña Mari Pili y desconocía el mar hasta que un buen día –los hay malos o regulares– el tío Manolo le cambió la vida porque gracias a él descubrió a principios de los años sesenta el mar en la gaditana Rota.

El mar... y los yanquis, con sus electrodomésticos inverosímiles, sus costumbre tolerantes y esa plenitud que encandilaba.

–Mi padre era cocinero en el hotel Palace de Madrid. Mi tío lo era en el Ritz y el tercer hermano, el pequeño, Manolo, Manolín, también en el Palace.

Gente, como tantos españoles, experta en salir adelante y sacar adelante a sus familias.

Los Estados Unidos de América perdonaron a Franco y se tragaron los principios a cambio de una base militar permanente en España: Rota, establecida en 1953. Controlar el mundo exigía estos trueques.

“Me impresionó mucho un gay andaluz al que dejaban servir vestido de mujer en una familia americana”

El tío Manolo dejó el hotel Palace y entró a trabajar para los americanos en la base naval de Rota. Al cabo de unos años fue a Madrid con su esposa y una niña pequeña y les dijo a los padres de Ana Belén:

–¡Que se venga Mari Pili a pasar el verano!

“Eso era a principios de junio y me las arreglé para que me dieran permiso en la escuela”.

El viaje de Madrid al Puerto de Santa María por vía férrea no se acababa nunca. Ni el de Barcelona a Caspe o el de Tudela a Irún. No era nada personal: todos los viajes en tren por España terminaban tarde. Y de allí a Rota, entrada ya la noche.

–Nada más llegar les pregunté ¿y dónde está el mar?

–Por allí, detrás de aquellas dunas. No se te ocurra ir sola.

Supongo que diría: ¡no tío Manolo, no te preocupes!.

“Fue lo primero que hice al día siguiente. Me fui sola. Sí, la impresión de alguien que no ha visto el mar antes es grande. Casi me da un ataque. No era comparable a nada. Y se trataba, además, de una playa salvaje”.

Esto no lo cuenta la protagonista, lo intuye uno: un verano de chiquilla feliz, alegre y más lista que el hambre, expresión en desuso, como pizpireta o zascandil.

–No dejaban entrar a nadie el base de Rota, ni siquiera a los familiares de los empleados, pero a veces, llegaba el tío Manolo y nos cocinaba platos habituales en la base. ¡Menudo fiesta cuando cocinaba él! ¡Espaguetis! ¡Los espaguetis me parecían el no va más! Fíjate que tontería...

Un cascabel en Rota.

Ana hizo amigos, pandilla y los campesinos se reían con su forma de hablar: “mira, la niña redicha que viene de Madrid”. Aquellos hombres le dejaron en la memoria gazpachos que preparaban en el campo majando todos los ingredientes. Tiene el gazpacho algo atávico y nada lo empeora más que la puesta al día....

Gracias a una amiga, la joven Ana descubrió el interior de una vivienda unifamiliar habitado por americanos que llamaban “el chalet de madera” entre aires de admiración y misterio. ¡Una casa prefabricada cuyos habitantes tenían rasgos orientales!

El interior le fascinó por los electrodomésticos: frigorífico, lavadora automática, tostadora, televisor... “Y aquellas revistas gráficas. A través de una de ellas me enteré de la muerte de Marilyn”.

A ver como lo explicamos: sostiene Ana Belén que los gays eran tratados con más naturalidad en Andalucía y sin el desprecio que gastaban en otros lugares de España. Ahora bien, allí, en Rota, vio un hecho que le dejó harto recuerdo. Un homosexual andaluz estaba contratado como sirviente en un hogar de americanos en el que podía –porque así le gustaba– vestir de mujer, con falda y depilarse brazos y piernas.

“Eso era impensable en una familia española. Me impresionó mucho”.

La abuela materna de su prima, la abuela María, imprimía el orden justo a la vida asilvestrada de aquel verano en el que no faltó una historia de amor de las que no llegaban a ninguna parte. “Él era un chico mayor. ¡No pudo ser!”. Tonterías de la edad.

Rota celebró su feria de estío y había casetas, música, baile y mucha alegría. Es de suponer que también jamón y algún que otro brindis por los americanos.

–Yo ya cantaba en la radio y le pedía a mi tío Manolo que me dejasen cantar. Y él preguntaba: ¿les importa que cante la niña?

Hubo muchos matrimonios mixtos y toda la modernidad de la América –perdón por la licencia– de Kennedy y principios de los sesenta. Por cierto, la joven Ana lo pasaba en grande en los cines a la fresca de Rota. “Había, al menos, once cines. Y nos dejaban entrar a los críos incluso películas no aptas. ¡Si el ambiente era familiar! Cuando lo contaba en Madrid, se sorprendían”.

“Los americanos airearon aquel rincón de Andalucía”

Ana Belén tiene en minutos el ensayo de sonido –actuaba en Pineda de Mar dentro del festival Arts d’Estiu– y fuera, tres adolescentes observan hasta que les recuerdan que no pueden estar. Se van y una dices a las amigas:

-¡Teníamos que intentarlo!

Lo mismo hubiese dicho, creo, la niña madrileña de Rota.

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