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Barceloneta's rule: la toalla, solo para el sudor

Lo de Albert Batlle ha sido como aquella secuencia de la parroquia independentista pasando del alborozo a la decepción en cuestión de segundos en la DUI frustrada de Puigdemont. Los bañistas más ansiosos imaginándose entre la arena y la salitre cuando el teniente de alcalde anunciaba este martes que desde mañana se podría tomar el sol «de forma razonable» en las playas barcelonesas, y devolviendo al armario las chanclas y el bikini cuando poco después el Ayuntamiento le ha enmendado. Se podrá pisar los arenales, sí, pero solo para pasear o hacer deporte durante las franjas horarias y con la normativa vigente. Nada de tomar el sol ni darse baños recreativos hasta que la capital catalana cambie de fase. Las toallas, de momento, solo para secarse el sudor, aunque es cierto que muchos ya habían tomado los arenales para tostarse sin encomendarse a nadie.

La apertura de las playas al paseo y al ejercicio podrá aliviar al menos el congestionado paseo marítimo, especialmente en el extremo de la Barceloneta, convertido desde hace días en una especie de gran gimnasio al aire libre. Lo que el vídeo que el periodista Raúl Gallego registró de decenas de jóvenes practicando diferentes modalidades deportivas en una coreografía casi perfecta, ha vuelto a sucederse hoy martes sobre el mismo escenario: «Mañana nos vemos a la misma hora, ¿vale?», se despedía una joven de su amiga, haciendo una interpretación cuando menos laxa de las normas de desescalada.

Son numerosos los deportistas que se ejercitan en esta zona del litoral barcelonés
Son numerosos los deportistas que se ejercitan en esta zona del litoral barcelonés - Inés Baucells

Ha habido mucha gente otra vez en la Barceloneta. Unos, respetando los protocolos de seguridad para prevenir contagios –aunque mantener distancia con esa masificación es complicado–, y otros no tanto. Corredores, ciclistas y patinadores, en soledad o en grupo, moviéndose sobre el terrazo del paseo marítimo; otros atletas, muchos sin camiseta, esforzándose con sentadillas, abdominales y flexiones sobre la hierba. Los gimnasios cerrados no son excusa para no definir bíceps y pectorales aunque sea a base de autocargas y sin pesas ni máquinas de fitness. Y los más atrevidos, zambulléndose en un mar aun transparente gracias al confinamiento, y remoloneando luego sobre la arena, llevando la flexibilización del estado de alarma más allá de lo razonable.

La coreografía de decenas de torsos desnudos al sol, como en la entradilla de un telefilme de sobremesa con sabor californiano, ha vuelto a verse hoy por la mañana, hasta que a las diez los mayores tomaron, somo siempre, su relevo. Pero así como en el turno de noche del lunes la Policía Portuaria se había asomado para advertir del deber de mantener compostura después de que aquellas imágenes coreográficas se viralizaran en las redes, hoy no han hecho notar su presencia. Ni rastro de los guardianes de la compostura en esos instantes sobre el paseo marítimo de la Barceloneta Beach para disuadir a los incívicos.

Poder pisar nuevamente la arena, aunque sin tumbarse al sol como había sugerido en un principio Batlle, será un pasito hacia lo que Pedro Sánchez define como «nueva normalidad». Un futuro escenario en el que la toalla en la Barceloneta tendrá más utilidad que el de secar el sudor, y al que, probablemente, volverán las ilegales ofertas de mojitos, los«massage» y los turistas resacosos reponiéndose al sol de los excesos nocturnos.

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