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Spain

Borja hará "todo lo que pueda" para defender su honor

Borja Fernández sigue esperando quedar exonerado de la Operación Oikos para retomar al 100% su normal actividad. Mientras perfila su primer libro, que tiene escrito, pero no culminado, aguarda deseoso que se abra el secreto de sumario para poder empezar a trabajar en el Real Valladolid y para tomar medidas con todos aquellos que emitieron graves juicios de valor cuando el ruido comenzó.

"Me da igual que luego algunos hayan tenido buenas palabras, fuera por miedo o porque de verdad lo sientan", aseveró en la tertulia de AS y SER en Bodegas Arzuaga. Las suyas tampoco son palabras vacías: demandará a todo aquel que le recomienden sus abogados que lo haga. "Todo lo que pueda hacer, lo haré", dijo, recalcando que atenderá a esos consejos para defender su honor, como lleva haciendo desde el primer día, aunque muchos vulneraran, como poco, su presunción de inocencia.

Mientras tanto, Borja espera a que todo se resuelva para incorporarse al empleo pactado con Ronaldo, que tendrá, entre otras funciones, el ser enlace entre las oficinas y la plantilla. El "acuerdo verbal" es total, tanto en lo relativo a su trabajo como al salario. "Si lo llego a tener firmado, a lo mejor ya estaría trabajando. El club confía en mí al 100% desde el primer momento, pero hay que esperar", recordó.

Lo que es imborrable son las sensaciones que le dejó su adiós, tanto a él como a su familia. "Nadie puede manchar mi despedida; ese día fue espectacular. Son cosas diferentes", explicó. De hecho, todavía se emociona en ocasiones cuando lo recuerda: "Ha habido grandes jugadores que no han tenido ni un momento para el homenaje. Yo lo tuve en el equipo que más quiero, en el campo. Muchos jugadores habrán sentido envidia. Fue muy bonito, cualquiera sueña con tener una experiencia así". 

Sus idas y venidas. Borja volvió a reconocer que tomó la decisión de dejarlo el día anterior de anunciarlo. Sabe que todavía hoy podría estar jugando, aunque no "a qué nivel ni hasta cuándo", pero prefirió hacerlo en forma y en su casa. Esa a la que volvió dos veces, la última, en contra de la opinión de Carlos Suárez, su amigo y entonces presidente, que no creía que fuera a ofrecer un buen rendimiento deportivo a pesar de que venía de jugar "probablemente" su mejor fútbol en el Almería.

"Fue la decisión más difícil que tuve que tomar. La segunda vez que me fui, Carlos (Suárez) me dijo que no entendía por qué no pedía dinero si tenía un año de contrato", comentó el gallego, que vivió en aquella segunda etapa, la que casi acaba con el equipo en Segunda B, una de sus peores etapas en un vestuario: "Había gente que creía que había conseguido el doble de lo que había hecho. No había un equipo, no era un problema de entrenador, sino de actitud. Ha habido jugadores que luego han explotado, pero que aquí estaban por hacer".

Con la perspectiva de quien se fue aplaudido incluso por los 'haters', añora no haber sido capitán, aunque llegó a ser el segundo, y no hay quien borre esa sensación de parar dos minutos un partido de fútbol para recibir el homenaje del público. Y recuerda que un día fue pionero en la India, y llorar después del gol de Mata al Numancia, mientras sigue dando vueltas a su libro, ese con el que le va a ayudar su cuñado, el escritor César Pérez Gellida, "de ficción; no tiene que ver nada con el fútbol". Su día a día sí. Más, cuando la pesadilla se acabe de una vez por todas y vuelva a trabajar en el club de sus amores.

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