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Ciudad de México, una reconstrucción a trompicones

Dice Miguel: "Nos engañaron, se van lanzando la bolita y nos ponen trabas". Es la queja de un hombre cansado, aburrido de recoger papeles, de acudir a reuniones que acaban tardísimo, harto sobre todo de lo poco que avanzan, de lo tardado que es subir un peldaño en la escalera de la burocracia. No pide nada extraordinario, él y sus vecinos sólo quieren volver a sus casas.

Después del terremoto que asoló el centro de México hace justo un año, Miguel Rodríguez, 58 años, se convirtió en el administrador de su edificio, siete pisos de cemento maltratado en la colonia Roma, en pleno centro de la capital. Como administrador ha representado a sus vecinos en las juntas con el Gobierno local, en un intento por alcanzar acuerdos. De un lado -el de los vecinos- el interés, si no la necesidad, de que sea el Ejecutivo de la capital quien se encargue de rehabilitar y reconstruir sus casas. Del otro, el Gobierno local, que pasa el relevo en apenas tres meses a la nueva administración.

Han sido meses de tira y afloja. Al principio, el Gobierno proponía un esquema de reconstrucción que no complacía a los vecinos. Les ofrecían dos opciones. O bien que pidieran créditos para costear la reforma, o bien que aceptaran programas de "redensificación", esto es, construir más casas en el mismo lugar y pagar las viviendas de los viejos propietarios con las ventas. Miguel y muchos otros se negaron.

Su edificio, en la calle Morelia 107, aguantó a duras penas el temblor, de intensidad 7.1. Los peritos que fueron a revisarlo advirtieron que las columnas estaban dañadas y calificaron su situación de alto riesgo. Requería de una reforma total. Y rápido. Pero el tiempo pasó y la pelea con el Ejecutivo, primero, y luego una montaña de papeles, trámites y requisitos los ha retrasado. No es un caso extraordinario. Son decenas en toda la ciudad.

El terremoto del 19 de septiembre de 2017 dejó 230 muertos sólo en la capital y más de 6.000 viviendas dañadas. Algunas directamente colapsaron, otras sufrieron daños severos y otras tantas requieren de una rehabilitación para volver a ser habitables. Muchos de los afectados han rechazado los créditos y la redensificación, y luchan desde entonces para lograr que el Gobierno local se encargue de las reformas y reconstrucciones. Han llegado a cortar calles y avenidas. En algunos casos, como el de Miguel, lo han conseguido. Han arrancado un compromiso. Lo que no esperaban era el himalaya burocrático que venía detrás.

Un ejemplo: una vez, los funcionarios que tramitan el papeleo para acceder a los fondos le rechazaron un oficio porque escribió un número de cuatro cifras con una coma entre la primera y la segunda, esto es "4,050", en vez de "4050". Rehacer el oficio y volver a presentarlo costó 15 días.

Su caso, cuenta Juan Pablo Guerrero, uno de los representantes de Damnificados Unidos, plataforma de vecinos de la capital afectados por el terremoto, es extremo, pero no extraordinario. "Estamos en una etapa ambigua. Avanzamos, pero sufrimos un laberinto de trámites. Parece que están haciendo lo imposible para que no accedamos a los recursos".

Hay casos peores. En la lejana alcaldía de Tláhuac, en el oriente de la ciudad, los vecinos de la colonia Del Mar critican que a un año del terremoto, aún carecen de un estudio del suelo que les permita saber cómo está el piso bajo sus pies. Durante el temblor, una enorme grieta se abrió entre las calles Pingüino, Aleta, Camarón... El asfalto se levantó, algunas casas colapsaron, los tubos del drenaje se soltaron. Un desastre. El Gobierno local se comprometió a encargar un estudio del suelo para entender cómo podría evolucionar la grieta y así proceder: demoler lo que hubiera que demoler, apuntalar lo que hiciera falta. Pero han pasado 12 meses y no hay estudio.

África García, 42 años, vive en la calle Camarón, frente al mercado. Su casa queda sobre la grieta. Desde el temblor ya no han podido entrar, la vivienda se hundió medio metro. Sabe que finalmente demolerán la casa, pero a falta del estudio, ignora qué hacer después.

Ella y otros vecinos dicen que algo huele mal con el estudio. Durante meses, funcionarios de la ciudad les dijeron que ya casi estaba. Pero al final ha resultado que no hay estudio. Ni siquiera hubo contrato para hacer el estudio y la empresa que supuestamente lo había hecho ha desaparecido.

Aquí en Tláhuac, a hora y media del centro de la ciudad, el temor es que otro terremoto sacuda la grieta y acabe de tirar las casas que no se han caído. Que eso ocurra y no sepan qué hacer después. Karina García, otra vecina del barrio, explica que ahora ya no se nota tanto, porque trabajadores de la capital han reasfaltado las calles. "Pero la grieta sigue debajo", zanja.

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