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El bombero que llevaba la profesión en la sangre

"Era una buena persona, un currante, un buen padre -de dos hijos- un buen marido... Pocas cosas malas se pueden decir de él". Son las palabras de un bombero que trabajó codo con codo con José Gil, el efectivo de 47 años ayer fue encontrado muerto tras haber sido arrastrado por la corriente en Campillos, donde participaba en labores de apoyo en emergencias durante las inundaciones que han asolado el interior de la provincia.

El fallecido sabía desde muy pequeño que quería ser bombero. Tanto que siendo muy joven ya colaboraba con Protección Civil. "Lo llevaba en la sangre", asegura un compañero aún conmocionado por su muerte.

Todos coinciden en destacar el compromiso que siempre mantenía con su trabajo, que desarrollaba de forma "cuidadosa y ordenada". Conocía cada rincón de Antequera. Educado, correcto y gran profesional, se construyó una casa junto a la de sus padres para poder estar cerca de ellos. "Lo daba todo por este trabajo", señalan varios compañeros.

Era miembro del Consorcio Provincial de Bomberos desde su creación en 2003. Antes fue efectivo de este Cuerpo en el Ayuntamiento de Antequera, donde en la actualidad vivía con su mujer y sus dos niños. Ahora desde su entorno le recuerdan como un apasionado de su trabajo, al igual que su hermano Daniel, también bombero, perteneciente al Ayuntamiento de Córdoba.

José formaba parte del dispositivo que el sábado por la noche se enfrentó a una de las jornadas más complicadas de toda su carrera, esa que se vio truncada por un baño de infortunio. La situación de emergencia que se vivía en Campillos obligó a que hubiera que movilizar también a varios bomberos del parque de Antequera para apoyar a los efectivos que ya se encontraban actuando.

Él era uno de los que acudió y esa noche le tocó conducir el camión en el que también viajaban dos compañeros. El nivel del agua subió hasta tal punto que el arroyo del Hoyero, entre Campillos y Sierra de Yeguas, se convirtió "en un mar" y llegó a hundir parte de la carretera, por la que circulaba el equipo de apoyo.

En palabras del presidente del Consorcio Provincial de Bomberos (CPB) de Málaga, Francisco Delgado Bonilla, el agua llegó a cubrir las ventanillas del vehículo. Y fue a través de éstas como llegaron a salir cuando ya no tenían la posibilidad de permanecer en el interior del camión. Ante la crecida, la única opción que vieron factible era la de refugiarse en el techo del camión. Dos de sus compañeros pudieron subir a la parte alta. Allí permanecieron al menos una hora, hasta que pudieron ser rescatados.

"No se podía pasar", recalca el portavoz del colectivo. Ahí fue cuando perdieron a José de vista y comenzó la búsqueda, que tuvo que ser reactivada con las primeras luces de la mañana. "Ahora se iniciará una investigación de lo ocurrido, es lo procedente", resaltó Delgado Bonilla. La hipótesis que se contempla es que el bombero perdió pie y, al resbalar, cayó al arroyo, que estaba completamente inundado.

La actuación no había resultado fácil. "De noche, sin luces ni comunicación. Un bombero se va y dos se quedan sin poder avisar. Sin móvil, sin radio y con impotencia. Si hubieran ido a por él, habrían sido dos o tres los fallecidos", apostilla otro trabajador del Cuerpo.

Los compañeros, conscientes de la escasa probabilidad de encontrar al efectivo con vida, se afanaron durante toda la noche en buscarlo. Dos equipos de rescate de los bomberos con perros y embarcaciones salieron a primera hora de la mañana para localizarle. Uno de los que participó en las labores de búsqueda fue el hermano de José, que da cursos de rescate en altura.

A las 10 de la mañana de ayer, se confirmaba la peor de las tragedias. El cadáver del bombero, según Delgado Bonilla, fue encontrado a unos 7 kilómetros de la zona en que se produjo el accidente. Otro vehículo perteneciente al Consorcio de Bomberos que intervenía ante las incidencias derivadas del temporal también resultó accidentado. 

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