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El Kanka, El Falla y los sueños cumplidos

Se tenían ganas. El Kanka y el Falla se estaban deseando desde hace ya tiempo. Se ansiaban, se esperaban. Se tenían ganas y se cogieron con ganas anoche, en un idilio de dos horas con el que el músico malagueño firmó la primera de sus dos citas con el coliseo gaditano que se rendía ante su galería de entrañables perdedores, ante sus atípicas historias de amor, ante sus temas motivadores (incluso ante los que rozan el manual de autoayuda) porque El Kanka entiende a Cádiz y Cádiz entiende al Kanka. Porque hablan el mismo idioma y porque, por supuesto, hay benditas ocasiones en las que nos da por reconocer el talento y lo bien hecho más allá de los viciados circuitos comerciales.

El Kanka entiende a Cádiz, decía. “Disculpen la extravagancia, pero estoy cumpliendo un sueño”, confiesa el cantautor malagueño tras iniciar el concierto cantando con la comparsa de Martínez Ares, don Antonio incluido, a la par que se hincha el hipotético pecho del templo. “No saben, no saben cuántas ganas tenía de cantar en un sitio tan mágico”, referiría en una de sus conversaciones con el respetable reconociendo que es la primera vez que pisaba el Falla al que sólo conocía a través de una pantalla.

Y Cádiz que entiende al Kanka, decía, al que ha visto crecer en salas como el Pay Pay y que cae en sus brazos cuando le canta en pasodobles abolerados (Payaso), por rumbas canallonas (con el bis de Después de esta mañana) o al ritmo de un vals que rompe en tanguillos (Volar). Un Cádiz que entrega la cuchara, aunque esté A dieta de dietas, y saca el móvil (cómo no) cuando abren cortinas y se topa con Kanka y la comparsa (Desde lejos) o cuando se cierran dos horas más tarde con el protagonista de la noche y su magnífica banda entonando el Me han dicho que el amarillo de don Manolo Santander.

Febreros y piropos aparte (“a ver si soy capaz de devolverle a Cádiz todo lo que me ha dado”), Juan Gómez El Kanka se encargó de confeccionar un concierto atractivo, divertido y de calidad gracias a su tan coherente como variado repertorio de canciones como a la banda (Carlos Manzanares Avatar, El Manín, Pedro Campos, Álvaro Ruiz y José Benítez) que no sólo viste los temas de la tonalidad necesaria para su disfrute en escenario grande sino que participa de la fiesta y el cachondeo con coreografías, golpes y aportaciones tan notables como el beat boxing que se pegan Avatar y El Manin para hacer la base del Me alegra la vista, las intervenciones de Álvaro con quien comparte a solas Tienes que saltar, el elegante sabor que le impregna el conjunto a temas como Querría, Para eso canto, Para quedarte..., o la energía justa (sin desagradables pasadas de rosca) de A desobedecer o Refunk.

Se tenían ganas, decía. Y se cogieron con ganas, El Falla y El Kanka, prestos a cumplir sueños.

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