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El paseo de la amargura de Jorge Lorenzo por el 'paddock' de Montmeló

La tarde de un domingo de carreras el paddock de Montmeló es un lugar desapacible. Los invitados desbordan un recinto que se ha quedado antiguo, los mecánicos se afanan a desmontar los garajes con el consecuente estruendo y los pilotos de Moto3 o Moto2 corretean con sus scooters ya libres de tareas. Los aficionados lo intentan, pero es prácticamente imposible ver a algún campeón. Normalmente éstos esperan hasta las siete o las ocho de la noche para salir de sus motorhomes, cuando ya ha desaparecido el alboroto. Pero este domingo a Jorge Lorenzo no le quedó más remedio que hacerlo antes.

Media hora después de que Marc Márquez celebrara su cuarta victoria de la temporada en lo alto del podio, su compañero tuvo que subirse a la scooter de su asistente, Quique Pintor, y, entre las fotografías de los fans, cruzarse el paddock varias veces para pedir disculpas a los damnificados por su error. Primero fue a la casa de Ducati, donde estuvo unos 10 minutos, y luego a Yamaha, donde se paró algo menos. Siempre acompañado por Alberto Puig, el jefe de Honda, en el garaje del equipo italiano se excusó ante Andrea Dovizioso y el director general de la fábrica, Gigi Dall'Igna, y en el siguiente, ante la ausencia de Maverick Viñales y Valentino Rossi -que estaban atendiendo a la prensa-, habló con Esteban García, mecánico del español, e Idalio Gavira, coach del italiano.

En todos los casos fueron conversaciones breves, pero cordiales, al menos a simple vista. Lorenzo narraba lo ocurrido haciendo gestos con las manos y sus interlocutores asentían sin más. Pese a los ánimos, nadie quería ensañarse con el tres veces campeón de MotoGP. Al fin y al cabo, todos perdieron algo en el incidente. Lorenzo, el escaso crédito que le quedaba; Rossi y Viñales un posible podio e incluso la victoria; y Dovizioso, el Mundial. En la segunda vuelta de la carrera, en la lentísima curva 10, Lorenzo llegó demasiado rápido, se fue al suelo y derribó en carambola a esos tres rivales para solucionar el día, y al mismo tiempo el año, a su compañero Marc Márquez. Aunque restan aún 12 carreras, es difícil imaginar cómo Dovizioso puede remontar los 37 puntos de desventaja que ya tiene.

"Hubiese preferido caerme solo"

«He tirado por la borda la carrera de tres pilotos. Ha sido culpa mía, me sabe muy mal, hubiese preferido caerme solo, pero por desgracia se han caído ellos también. Pedir disculpas ahora no sirve para nada. Esa curva ha causado problemas desde que se implementó en el circuito. Se hace un embudo y es muy fácil forzar el freno, que se cierre la dirección y hacer un strike», comentó Lorenzo prácticamente entre lágrimas pese a su orgullo. Más allá de su nefasta situación en el campeonato, decimoquinto con sólo 16 puntos en siete carreras, el accidente exagera las dudas sobre su capacidad para revertir la situación. Días atrás, él mismo insinuaba la opción de abandonar Honda al acabar esta temporada si los malos resultados continúan y ahora esa posibilidad está aún más cerca.

Sus problemas, de hecho, podían entenderse desde uno de los pocos lugares tranquilos del paddock: la puerta de Dirección de Carrera. Si el protagonista del accidente hubiera sido otro, los perjudicados se hubieran agolpado a pedir sanciones en la pequeña oficina desde donde tres dirigentes gobiernan el Mundial. Que la próxima carrera salga en última posición de parrilla o directamente que se la pierda. Pero, con Lorenzo ya descartadísimo para el Mundial y en una coyuntura tan delicada, nadie se acercó por allí y, es más, sólo uno de los derribados reclamó que fuera castigado. «Fue un error de principiante y espero que Dirección de Carrera actúe», comentó Viñales mientras Rossi culpó a las estrecheces del circuito -«Es como el parking de un supermercado», definió- y Dovizioso incluso perdonó a Lorenzo: «No ha sido un grave error de pilotaje».

El silencio en el motorhome de los tres contrastaba con la fiesta montada en el equipo Petronas Yamaha, que celebró el primer podio de Fabio Quartararo, y sobre todo alrededor de los hermanos Márquez. Hay días en los que Marc celebra más por el éxito de Álex que por el suyo propio y este domingo fue uno de ellos. En cuanto llegó al parque cerrado, el líder de MotoGP se lanzó sobre su hermano, ahora ya líder de Moto2, con tanta fuerza que se le abrió el airbag trasero del mono y tuvo que correr a cambiarse para subir al podio.

"Venga, pum, pim, pam, uno, dos y tres"

Nunca antes, ni este año en Argentina, Jerez o Le Mans, Márquez había disfrutado de una carrera tan dulce. Su suerte estuvo en adelantar a Dovizioso y colocarse primero antes de que Lorenzo perdiera el control de su moto. Después, con una eternidad sobre el resto, sólo necesitó mantener el ritmo y no caerse por culpa de la monotonía, como le ocurrió en Austin. Por una vez, quizá por vez primera desde que está en MotoGP, la controversia no le rodeaba a él y podía observar las carreras de cámaras y micrófonos por el paddock desde la lejanía. De hecho, cuando se acercó a atender a los medios, todavía no había visto la caída y cuando se la enseñaron en un móvil su reacción fue descriptiva. Al principio, bromas: «Venga, pum, pim, pam, uno, dos y tres». Y después seriedad: «¿Están bien los tres?».

La situación para el español ha cambiado sobremanera en el último mes. Después de su error en Estados Unidos se le presentaba un campeonato en disputa, nuevamente con Dovizioso cerca, como hace dos años, pero ahora el panorama es distinto. En las próximas carreras, en circuitos favorables, como Sachsenring, podrá empezar a jugar con una diferencia considerable. De hecho, sólo una vez, en aquel 2014 prodigioso de las 10 victorias consecutivas, Márquez contó con tanta ventaja a estas alturas.

Tal era su tranquilidad que incluso amagó con meterse donde no le llamaban. En sus primeras declaraciones justificó el error de Lorenzo -«Es entendible», dijo-, pero tras ver repeticiones quiso analizar tanto que acabó señalando a los perjudicados. «Lorenzo no estaba fuera de control en esa curva, iba por la línea, pero desgraciadamente perdió la rueda delantera. Eran Dovizioso y Viñales los que estaban fuera de la trazada», comentó, aunque por suerte a esas horas de la tarde todo el mundo ya se había calmado. Empezaba a meterse el sol tras el paddock de Montmeló, los invitados se marchaban a casa, los mecánicos terminan su trabajo y los pilotos de Moto3 y Moto2 cogían sus bicis para dar más vueltas por el circuito. Ya solo, Jorge Lorenzo por fin podía rehacerse y quizá reflexionar sobre su futuro.

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