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Galerías españolas en ARCO, de fiesta

El mercado del arte no siempre tiene mucho que celebrar. Sin embargo, algunos galeristas presentes este 2020 en ARCOmadrid pueden hacerlo: debuts, regresos y aniversarios.

ATM participa por primera vez en Ifema, poniendo fin a cinco años de ausencia de representación asturiana en la feria. Para Diego Suárez, su director, poner un estand es «gratificante profesionalmente, y muy formador». Han venido con mucha ilusión, y llevan «trabajando mucho» en el proyecto que han presentado, que busca «ofrecer una experiencia enriquecedora desde el punto de vista contemplativo». Su propuesta consiste en un diálogo entre dos artistas con sendas becas en residencia: Clara Sánchez Sala y Adolfo Bimer.

Ambos se acercan y se alejan conceptualmente, con obras que gravitan sobre la poética, el tiempo y la codificación del lenguaje. En su estreno, tienen claro su objetivo: «Difundir y visibilizar a nuestros representados». Suárez concibe el evento como una «estructura que desborda con creces el mercado», que otorga «legitimidad» a la labor realizada. Además, no cree que sea el cénit: «Lo mejor está por llegar», declara el asturiano.

Diego Suárez, de ATM, posa junto a una de las obras en su estand de la feria
Diego Suárez, de ATM, posa junto a una de las obras en su estand de la feria - PILAR L. ARREAZA

La murciana Artnueve, por su parte, regresa a ARCO tras cuatro ediciones ausentes. Su directora, María Ángeles Sánchez Rigal, no conoce los motivos por los que no fueron escogidos hasta ahora: «Quizá el proyecto no encajaba, o que, a veces, las periferias cuentan muy poco», opina la galerista. «No se puede centralizar todo». Cree que es necesario un mayor apoyo institucional, y señala que los medios de comunicación deberían ofrecer una mayor «visibilidad» a las pequeñas ciudades, ya que «no todo ocurre en la capital».

Con todo, han venido a Ifema con los mismos objetivos que hace cuatro años: «Desde la excelencia, apoyar a los artistas locales que siguen investigando e innovando», sin perder de vista la «perspectiva internacional». Para ello, ARCO es fundamental porque reúne a «los clientes nacionales que nos siguen, y los relaciona con coleccionistas de todo el mundo».

Juana de Aizpuru celebra sus bodas de oro como profesional este 2020. Estos cincuenta años le han producido «mucha felicidad». Empezó en Sevilla en 1970, cuando sus hijas ya iban al colegio, aunque no buscaba una forma de ganarse la vida: «Necesitaba algo, tenía que hacerme a mí misma», cuenta la vallisoletana. Su objetivo era «promocionar por todo el país a una generación de jóvenes que no tenían quién les atendiera».

Juana de Aizpuru posa, en su estand, junto a una obra de «Art & Language»
Juana de Aizpuru posa, en su estand, junto a una obra de «Art & Language» - PILAR L. ARREAZA

Tras la llegada de la democracia, amplió sus metas para llevar por todo el mundo a los artistas nacionales: «Creo que puedo decir “misión cumplida”». Durante todo este tiempo, ha antepuesto el trabajo, junto a su familia, a todo, en sus dos sedes, tanto en Madrid como en la ciudad hispalense, aunque ésta última cerró en 2004. Sigue con «la misma ilusión del primer día», y seguirá «hasta que Dios quiera».

Crecer con tus artistas

También está de aniversario Elba Benítez, que por sus treinta años ha previsto «un muy buen programa expositivo, que es la mejor manera de celebrarlo». Ha sido una testigo excepcional de los cambios producidos en el mercado del arte en estas tres últimas décadas. Sobre todo, el protagonismo que ha adquirido la «rapidez»: «Las ferias han ocupado el lugar de las galerías, y aquí, es todo muy vertiginoso», lamenta Benítez.

En su opinión, «el tiempo es necesario para disfrutar de cualquier experiencia», y este se dispone en las galerías, donde puedes «enfrentarte a las obras, reunirte en torno a ellas, seguir a los artistas y documentarte». Este año, su primera exposición de esa programación especial la protagoniza Ignasi Aballí, uno de los creadores que le ha acompañado desde sus comienzos. «Queremos resaltar un viaje en el que hemos crecido a la par», destaca Benítez.

Los coleccionistas se han profesionalizado, y ahora saben dónde buscar asesoramiento gracias a la educación por parte de las galerías

T20 también está orgullosa de su fidelidad a sus artistas. Carolina Parra, su codirectora junto a Nacho Ruiz, explica que su labor es «casi de ojeadores», porque apuestan por jóvenes recién salidos de la facultad: «Construimos carreras». Por eso, ahora, cuando cumplen 20 años, han organizado dos exposiciones, en las que reúnen a los que han estado desde el principio con los que acaban de llegar: New Entries, con tres fichajes nuevos, y Old Master, con tres veteranos. Para la murciana, es «muy bonito ver cómo hemos crecido juntos, aunque sea más complicado y duro trabajar con desconocidos».

Este aniversario coincide con su vigésima participación en ARCOmadrid, con lo que tienen un doble motivo de celebración. En estos cuatro lustros, han visto como «los coleccionistas se han profesionalizado, y ahora saben dónde buscar asesoramiento; y todo se debe a una educación por parte de las galerías». Además, reivindica la labor de estos espacios en las ciudades pequeñas, «si todos nos vamos a Madrid, la oferta cultural no mejora», declara Parra.

Por último, la inauguración de la ampliación del Museo Helga de Alvear, en Cáceres. Eso será en junio. La alemana lleva vinculada a esta ciudad desde que, en 2010, cedió su colección para su exposición al público. «Fui de Vigo a Granada pidiendo ayuda para montar una “funda” y nadie quería», explica; hasta que se cruzó con el expresidente de Extremadura, Rodríguez Ibarra, en 2002. «Me dijo “Helga, esto se queda aquí”».

De Alvear es uno de los nombres propios del coleccionismo español –«ser coleccionista es una droga», reconoce–, que empezó al encontrar, a la muerte de la galerista Juana Mordó, un dibujo de Kandinsky en un cajón, que entendió como «un regalo». Las interrupciones al hablar con ella son constantes: «Todos los artistas quieren trabajar conmigo, y yo ya tengo los míos». Ella quiere que la «dejen tranquila», para acudir por las mañanas a su galería en Madrid y dedicar las tardes a leer y ver películas de «amor y lujo, nada de guerra». Sin embargo, sigue muy activa. A sus 84 años, el primer día de ARCOmadrid ya adquirió diez piezas, entre otras, un Lichtenstein, valorado en 640.000 euros; y una espectacular escultura de metacrilato azul del artista americano Larry Bell. ¡Felicidades a todos!