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Hijos Saturno que matan a sus padres

Imagen de Ana Delia Arceo. Sus hijos, José Ramón (en la foto) y Antonia acaban de ser condenados a 17 años de cárcel. CRÓNICA

La herida. «El poeta es una herida con los bordes siempre abiertos/ Es una herida incurable./ El poeta es una herida que nunca la cierra el tiempo» [Escrito por José Rafael Hernández Santana, escritor y abogado asesinado con un hacha por su hijo el 14 de octubre de 2018, uno de los dos padres muertos en manos de sus vástagos en sólo una semana].

El horror. «El cuerpo de la víctima se les presenta desnudo, con solo doble pañal, uno encima de otro, con una desnutrición grave de alimento y de líquido, sin rastro de leche ni de café, falta de higiene crónica, con manchas en la piel de meses en todo el cuerpo, manos y pies con suciedad de heces... y las uñas con crecimiento de meses, concretamente la del pulgar del pie tenía un centímetro, lo que indica un año sin cortarla. El cadáver tenía larvas de mosca de varios días de evolución, lo que indica que no se la había limpiado en días. E incluso una cucaracha...» [Texto literal de la sentencia del Tribunal Supremo, hecha pública esta semana, que condena al hijo e hija de Ana Delia Arceo a 17 años de cárcel, por homicidio al «dejar morir» a su madre de hambre].

Con dolor extremo, gritando sin voz, sin poder ser escuchada. Así fueron los últimos días de Ana Delia, el más cruel de los estertores. Son ejemplos terroríficos de hijos Saturno en España, como el celebérrimo cuadro de Goya pero al revés. O vástagos que matan a sus progenitores. Un horror del que no hay estadísticas pero que, en un año, se ha marcado un hito. Crónica ha recopilado los casos de los últimos 12 meses: hay, al menos, 18 padres muertos por sus hijos, tres cada dos meses.

«Lo normal son de 10 a 15 máximo cada año», comenta con voz grave y pausada el criminólogo Vicente Garrido, también conocido como el psicólogo de los asesinos, uno de los máximos expertos a nivel nacional.

Retrato robot

Una investigación desarrollada por Tania Vidal López en la Universidad de Valencia analizó una muestra de 33 casos de hijos que habían matado a su padre o madre desde el año 2000 hasta el 2017, y concluyó lo siguiente: «El perfil del parricida según los datos obtenidos es el de un hombre español, (90% de los asesinos) con una edad media de 27 años... Las conductas parricidas pueden verse agravadas por la ingesta o consumo de sustancias a causa de sus efectos, pero no constituyen un factor determinante. El joven suele proceder de una familia estructurada y convive con la víctima. Suele cometer el crimen en el domicilio familiar empleando un arma blanca».

Como pasó con Hector, quien asesinó a su padre poeta en Tenerife, con un hacha. Con un cuchillo: Toni, Bogdan y también Ricardo, que degolló a sus dos padres y su abuelo...

Matar de hambre, como hicieron los hijos de Ana Delia Arceo Méndez, es una anomalía estadística, un barbarismo. Tuvieron «un comportamiento particularmente sádico», asevera Vicente Garrido, autor del recientemente publicado 'Asesinos Múltiples' (Ariel). «Estamos delante de lo que denomino una familia perversa». Es el caso más horroroso registrado en los últimos tiempos, sin duda. Lo reconstruimos a partir de todos los testimonios y la sentencia judicial:

«Las heridas del cadáver estaban casi todas sucias. Esas heridas duelen mucho... La fallecida muy difícilmente pudo hablar el día anterior, aunque podía haber gemido, concluyendo que hubo un cuadro muy largo de agonía y dolor por la falta de respiración y por las llagas abiertas». Falleció pesando 25 kilos. Los culpables son José Ramón y Ana Antonia Llarena Arceo. Sus hijos.

Ya había sufrido y bregado toda su vida Ana Delia por sacarlos adelante. Había trabajado en casas de acaudaladas familias de Canarias. Su hijo menor, José Ramón, era su favorito. Le amó con locura, tanto que generó la envidia de sus otros hermanos. Con el tiempo se descontroló, no valoró el apoyo de mamá y se hizo maleante. Ella se deprimió y las enfermedades comenzaron a menguar su organismo. Y su alma.

«Ana Delia padecía desde el año 2000 una serie de enfermedades, entre ellas osteoporosis, artrosis, adicción a benzodiazepinas, incontinencia urinaria y demencia senil». Se convirtió en alcohólica. Intentó suicidarse dos veces. Una de ellas bebiendo alcohol metílico, no apto para consumo humano. Se destrozó la tráquea, por eso apenas podía emitir sonidos. Su cuidado era responsabilidad de José Ramón y de Ana Antonia.

«Por razón de su edad y enfermedades, Ana Delia sufrió un deterioro progresivo, perdiendo la posibilidad de caminar, así como la autonomía para realizar las actividades básicas de la vida diaria tales como asearse o comer». Era una labor que requería cuidados con especial mimo porque Ana Delia no podía valerse por sí misma.

Ocurrió lo contrario. La escondieron en casa. Sus vecinos apenas recordaban verla en una década. Su dejadez llegó al punto de convertirse en una tortura para ella. «Ambos acusados, a pesar de ser conscientes de la situación de su madre y teniendo capacidad para cuidarla, desatendieron totalmente sus necesidades más elementales; dejando de alimentarla mínimamente, asearla, limpiar su entorno, cambiar su posición en la cama y curarle las heridas». Interrogados, los hijos intentaron justificarse. Sólo mintieron y mintieron.

Asesinos y farsantes

En noviembre de 2017 comienza el listado de hijos Saturno realizado por Crónica. Con el asesino más joven, otro mentiroso, como los hijos de Ana Delia. Toni, un chico de 18 años, un nini que vivía como rico, decidió acabar con su padre, Antonio, 43 años, un humilde conductor de autobuses. Se había hecho pasar por su papá para contraer deudas por 90.000 euros. Tuvo una frialdad extrema para acuchillarle, esconder el arma y acudir a la Policía para mentir sobre haber encontrado el cadáver de su padre...

«Te quiero», escribió Bogdan, 27 años, a Pere Antoni Serra Crespí, 61 años, marido de su madre, exitoso empresario, el único padre real que había conocido. La patraña le duró poco. Porque Pere sólo quería que tuviera respeto por la familia, por su madre, Elena, y Bogdan ya se había descarriado. Para él, ellos eran su hucha, dinero fácil. Una discusión por un móvil derivó, el 15 de enero de 2018, en una carnicería. El veinteañero Bogdan degolló a Pere. Y fue a por su mamá, a quien le perforó la piel con un cuchillo 21 veces. Incluso le tomó el pulso para corroborar que todo había acabado...

Tan falsos como el de Bogdan fueron los testimonios de los hijos de Ana Delia para justificar que dejaran morir de hambre a su madre. Ésta es la coartada de José Ramón: «Ignoraba la gravedad de sus enfermedades... Aseaba a mi madre dos veces al día. La lavaba en la silla de ruedas y la bañaba en la cama. Le hacía la comida tres veces al día. Eso sí, últimamente comía poco. El día de su fallecimiento le había dado de merendar un cortado. Eso sí, tenía llagas muy feas. Tenía que curarla, me lo enseñó la enfermera del centro médico [que quedaba, para colmo, a pocos metros de su casa]. No, no sabía que mi madre tuviera gusanos en una herida. Ni que algunas llagas llegaban al hueso...».

Ana Antonia, la hija: «No era consciente de lo que podía pasar... En el último año no la llevamos al médico. Tenía algunas llagas pero, aparte de eso, estaba bien. Hablaba, veía la tele y no se quejaba. El día antes de morir fui a su casa, la cambié y le hice las curas. Estaba normal. Incluso reía».

Mintieron una y otra vez. Hasta en el café que le dieron... Los facultativos del Servicio de Criminalística números 926 y 12189 declararon: «En el estómago no había sedimentos de alimentos ni fragmentos sólidos... el líquido encontrado en el estómago no era compatible con el de un cortado...».

La 'stripper'

No hay apenas precedentes en España de un caso tan grave como el de Ana Delia. El más cercano ocurrió nueve años antes. Marc fue acusado de matar de hambre a su madre, María del Carmen Lanao. Los protagonistas eran de novela. De 34 años, estudiante de Economía, fue militante de ERC y candidato a las elecciones autonómicas de 1999.

María del Carmen era conocida como Mayka cuando trabajaba de stripper a principios de los 80. Apareció en un estado similar al que hallaron a Ana Delia, excepto que a ella la encontraron en el sofá. El piso estaba hediondo. Mayka también era alcohólica. Finalmente, Marc fue procesado por el juzgado de lo penal Nº19 de Barcelona. La fiscalía pedía una pena de cuatro años y 100.000 euros de indemnización. Fue absuelto a pesar de que Mayka era dependiente de sus cuidados, vivía con ella y feneció entre excrementos. Pesando 33 kilogramos, ocho más que Ana Delia Arceo...

Meses en la misma posición

Mientras los hijos de Ana Delia se aprovechaban de su pensión de 658 euros, así murió de inanición ella, con 76 años: «Tras meses en estar en la misma posición... el hecho se produjo el 26 de Agosto de 2015 entre las 18 y 20 horas, dándose, por parte de los familiares aviso a las 10 horas del día 27 de Agosto. La causa fundamental o principal del fallecimiento fue un cuadro de desnutrición crónica en grado de caquexia, anemia severa, úlceras de cúbito infectadas y bronconeumonía aguda purulenta...».

Después de hacerlo, sus vástagos tuvieron la desvergüenza de pedir ayuda al ayuntamiento para su entierro. El forense del caso describió su manera de fenecer: «Una muerte sufrida... Un cuadro muy largo de agonía por la falta de respiración y por las llagas abiertas».

La condena a los hijos por el Supremo se hizo pública esta semana. Es de una crudeza que hace temblar: «La abandonaron absolutamente... No se trata de una mera imprudencia que dé como resultado una muerte, sino de una auténtica acción dolosa de ambos hijos respecto de su propia madre»

El hijo del poeta

En Canarias, el domingo pasado, se repitió la tragedia de que un hijo mate a un padre indefenso. Si el caso de Ana Delia ocurrió en Tenerife, Marcos Hernández, de 43 años, acabó con su padre en Las Palmas de Gran Canaria. El poeta y abogado José Rafael Hernández Santana recibió 10 hachazos. Su vástago le amputó un brazo, le fracturó el cráneo... Cobardemente, había esperado hasta que se duerma para agredirle. El juez lo manda a la cárcel sin fianza [investigado también por el homicidio de su madre].

Esperó 15 horas hasta avisar del crimen. Quería asegurarse de que su padre... no sobreviviera. Al día siguiente, un crimen más, un DJ fracasado está acusado de asesinar a su padre lotero. Víctor Virosta, 38 años, músico, con melodías que nadie escuchaba en YouTube, agobiado por las deudas, es el principal sospechoso de la muerte de Rafael, de 65 años. Le mató de cuatro puñaladas. Es el padre número 18 asesinado por uno de sus hijos en los últimos 12 meses, 17 sólo en 2018.

El primer asesinato del año lo protagoniza César de 37 años que mató a su madre en Valladolid el 30 de enero. La grabó en un vídeo. E inició una escapada que lo llevó hasta el hotel Bali de Benidorm donde no pudo suicidarse.

El 1 de febrero, otro titular, otro matricidio: «Detenida una pareja por la muerte de la madre enferma del varón». Ocurrió en Lalín (Galicia). Los asesinatos son equilibrados: nueve padres y nueve madres.

Hay, en 2018, tres casos donde hubieron más muertes aparte de padre y madre. Las víctimas colaterales: un abuelo, un hermano... Y, como es casi la norma, sólo un suicidio consumado entre los asesinos.

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