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IU da los primeros pasos para la fusión con Podemos

Los últimos procesos electorales demuestran que el fenómeno Unidas Podemos se desinfla y constatan la desafección del votante de izquierdas con el proyecto político. Aun así, tras el 26-M, Pablo Iglesias y Alberto Garzón se quedaron en la epidermis de la autocrítica y justificaron la debacle de la confluencia en que si bien Podemos tiene más suelo de votantes y no estructura, los comunistas pueden presumir de lo segundo pero no de músculo. Por ello, los dos dirigentes asientan ya las bases de una fusión fría. La suma de dos fuerzas políticas que solo han restado desde su unión.

La Asamblea Político y Social de Izquierda Unida, celebrada el pasado día 8, avaló en su informe postelectoral «avanzar en la creación de espacios de cooperación entre las fuerzas políticas y sociales de la izquierda». Este análisis asegura además que se necesita crear «espacios de trabajo conjuntos» y de «coordinación» para reforzar su «base social y arraigo organizativo», algo de lo que, precisamente, goza Podemos. «La ausencia de dichos espacios se paga especialmente cara en los procesos electorales», advierte el documento. Desde la formación morada, según ha podido saber ABC, aunque con mucho más recelo, también se admite el inicio de una unidad orgánica.

Hace un lustro Podemos consiguió algo insólito, lo que las viejas guardias de IU siempre habían anhelado; dinamitó el bipartidismo. Hoy, sin embargo, la formación morada se ha desfondado, y PSOE y PP van recuperando poder. Por su parte, IU, un cuasi cadáver político por haber mantenido una posición subalterna al partido de Iglesias todos estos años, busca en la debilidad de sus socios el filón para sacar rédito a costa de generar espacios de trabajo «conjuntos». Volver a caminar a las urnas en solitario es, para Garzón, inconcebible a estas alturas.

[Lea aquí las entrevistas con los exdirigentes del PCE e IU, Paco Frutos y Gaspar Llamazares]

Tenemos que «reconfigurar el espacio político a partir de una nueva y mejor articulación entre los diversos actores», expresa el coordinador federal de IU, en una tribuna llamada «Por qué es necesaria la autocrítica» en eldiario.es. «En IU disponemos de una más amplia implantación local mientras que Podemos dispone de una más amplia base electoral (...) y debemos encontrar las sinergias necesarias para cumplir nuestros objetivos», añade.

El mismo mensaje que Iglesias se emplea en transmitir desde el batacazo del 26-M: «No hemos sido capaces de construir una organización con la suficiente implantación territorial que nos hubiera dado más fuerza. Hay que hacerlo mejor», expresó, durante una entrevista de Juan Carlos Monedero. Las primeras piedras de la fusión ya están puestas; por ahora ya se ha abierto el debate entre la militancia.

Falta fe en la unidad

El exmiembro de IU y diputado saliente de Podemos, Manolo Monereo, explica en conversación con ABC que los militantes de IU y Podemos no se sienten parte de un mismo proyecto. «La culpa la tienen las direcciones de IU y Podemos, que no han sido capaces de vertebrar un proyecto político desde las bases», señala. «Soy muy escéptico sobre la unidad orgánica entre IU y Podemos; sin ese trayecto desde abajo no se puede conseguir nada», advierte Monereo, que es «partidario de las confluencias, pero no de hacer una suma de debilidades».

El informe postelectoral de IU fue aprobado por un 70,8 por ciento de los votos durante la Asamblea Político Social de Izquierda Unida, el máximo órgano entre asambleas regionales. Es decir, un 30 por ciento de los líderes autonómicos no acepta la interpretación de Garzón ni quiere avanzar hacia el encaje en Podemos. El sector crítico Más Izquierda, que de hecho votó en contra, exigió durante el sanedrín una Asamblea Extraordinaria para que las bases puedan debatir sobre si prefieren la fusión o apostar por ser una alternativa.

«Hemos vuelto locos a los votantes; la gente ha ido a lo que conoce y no a los experimentos»

La eurodiputada de IU y líder de Más Izquierda, Paloma López, denuncia a este diario que elecciones tras elecciones se evidencia que la confluencia no funciona y que desde ambas formaciones siguen «empeñados» en mantener la suma. «Nosotros (Más Izquierda) no estábamos de acuerdo y votamos en contra del informe en la Asamblea porque no compartimos la idea de la dirección», explica López, que asegura que no están en contra de una confluencia, sino que exigen una convergencia equilibrada y trabajada. «Hemos vuelto locos a los votantes; la gente ha ido a lo que conoce y no a los experimentos», añade respecto a los comicios autonómicos y municipales, donde el PSOE ha sabido «capitalizar» al electorado agitando el voto útil y aprovechar la debilidad de Podemos. «Hay un agotamiento del ciclo del 15-M», apunta Monereo.

Por su parte, los exdirigentes de IU Francisco Frutos y Gaspar Llamazares coinciden en la misma lectura: tanto en Podemos como en Izquierda Unida se está produciendo una «huida hacia adelante» y no se están analizando con seriedad los golpes recibidos en las citas electorales. Al igual que Monereo y López, los exlíderes de IU consideran que la solución es construir de cero el espacio político de la izquierda lejos de «políticas sectarias» y con un «discurso sólido».

Ya lo advirtió Errejón

El diagnóstico es demoledor. En las generales del 26-J, en 2016, Unidas Podemos perdió 1,2 millones de votantes en comparación con diciembre, cuando Podemos e IU se presentaron por separado. El cofundador de Podemos y exnúmero dos, Íñigo Errejón, denunció aquel día en contra el criterio de Iglesias que la suma no había funcionado.

Errejón rompió con la dirección e incluso sugirió la necesidad de «evaluar» su reedición para las siguientes citas electorales. No iba equivocado. El pasado 28-A, la confluencia volvió a perder 1,3 millones de papeletas. Los datos empeoran a nivel regional y municipal. El tiempo le ha dado la razón a Errejón

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