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José Celestino Mutis, el botánico español que dibujó la flora de América

Cuando el naturalista prusiano Alexander von Humboldt obtuvo el permiso del Rey Carlos IV para explorar la fauna y vegetación de las posesiones españolas en América, decidió establecer una ruta para encontrarse con José Celestino Mutis, un célebre botánico español que residía en Bogotá, se carteaba con Linneo y gozaba de una reputación de sabio que cruzaba el Atlántico. El encuentro, que se celebró en 1801, resultó inolvidable para ambos hombres. Humboldt se maravilló de la biblioteca de Mutis, que, tal vez halagado, decidió regalar a ese brillante joven algunos dibujos de las plantas del Virreinato de Nueva Granada. Se trataba de obras realizadas por su taller, que se dedicaba a ese noble esfuerzo desde 1783, año en el

 que había recibido el permiso real para una expedición científica.

«Humboldt se mostró agradecido a Mutis, al que llamó benefactor, pero publicó los dibujos de las plantas bajo su nombre», explica Esther García Guillén, comisaria española de ‘Mutis. Un patrimonio compartido’, una exposición que puede visitarse hasta el 24 de octubre en el Real Jardín Botánico de Madrid. La muestra, posible gracias a la colaboración de Colombia y compuesta por una selección de las más de 2.000 láminas botánicas de la Real Expedición del Nuevo Reino de Granada (1783-1816), reflexiona sobre la biblioteca del naturalista español -que pudo inspirar la técnica de dibujo de su taller- y acerca de su influencia sobre otros estudiosos y pintores.

Un botánico de gabinete

La exposición comienza con un retrato de Mutis, un cuadro al óleo donde el naturalista sostiene una lupa y contempla de cerca un ejemplar de la mutisia, una planta con unos largos pétalos anaranjados y así bautizada en su honor. «Le representa como un botánico de gabinete, no de campo. En la expedición, sus colaboradores le mandaban las plantas que iban recolectando, pues él apenas hacía excursiones», comenta García. Como anécdota, el lienzo, que durante años se creyó que había sido pintado por un hombre, fue en realidad obra de la antropóloga Cipriana Álvarez Durán, la abuela de los hermanos Machado, los célebres poetas sevillanos. «Su abuelo era catedrático de Ciencias Naturales en la Universidad Hispalense y ella era pintora, artista y antropóloga», comenta la comisaria, que celebra el descubrimiento.

En en el antiguo Invernadero de Bonsáis, la exposición se presenta bajo una luz tenue, un requisito imprescindible para evitar que las láminas sufran daños. Los dibujos se distribuyen por las paredes, junto a algunos objetos clave para comprender ese episodio histórico. «Es la mejor colección de dibujo botánico americano del siglo XVIII. Son dibujos donde las plantas no tienen prácticamente movimiento y en los que destaca la planitud, la simetría y la armonía. Mutis pretendía que cualquier botánico pudiera conocer una planta y no hiciera falta verla al natural», explica García. «Se dibujaban plantas frescas, durante varios momentos de su vida: cuando tenían flor, al echar frutos. Intentaban mostrar las especies como ideales, como si fueran arquetipos. Cuando se contemplan, no se ve la pincelada, porque se utilizaban pinceles de una punta y coloreaban a puntos, con la pericia que se empleaba para los camafeos, pero aquí trasladada al papel», añade la comisaria.

El reflejo de las láminas de la expedición también alcanzó al arte contemporáneo. Un ejemplo es la reinterpretación que Salvador Dalí hizo en la segunda mitad del siglo XX

Los trabajadores del taller de Mutis aprendían técnicas de dibujo con los libros europeos -se cree que esas copias, anteriores a las láminas finales, también servían como una suerte de guía de campo-, pero su labor consistía en retratar las especies que recogían los otros miembros de la expedición. «Aquí tenemos el herbario de Francisco José de Caldas, discípulo de Mutis, que estaba perdido en Ecuador y recolectaba solo», comenta García, señalando a una vitrina. «Los dibujos sobre flora endémica ecuatoriana provienen de sus hallazgos y de los estampados naturales, que se hacen entintando las plantas. Se cree que fue una técnica que Caldas aprendió de Humboldt y Bonpland, con quienes coincidió», puntualiza la comisaria. Esas imágenes poseen una gran belleza: parecen las sombras de un ser vivo invisible.

El reflejo de las láminas de la expedición también alcanzó al arte contemporáneo. Un ejemplo es la reinterpretación que Salvador Dalí hizo en la segunda mitad del siglo XX: «Realizó un trabajo que se llamó ‘Flora Dalinae’, formado por diez litografías, con tres inspiradas en los trabajos de Mutis. No creo que Dalí viniera al Jardín Botánico, sino que consultó unos tomos hechos en 1952, con los dibujos del taller y los textos de botánicos españoles y colombianos», indica García. La litografía expuesta, inspirada por el dibujo de la pasiflora del taller de Mutis, es una plasmación de los temas que obsesionaban al llamado genio de Cadaqués: alusiones sexuales y surrealismo, dibujando ojos o labios en los capullos de la planta.

El viaje por mar

Los trabajos de la Real Expedición continuaron después de la muerte del naturalista gaditano, que se produjo en 1808. La misión quedó al cargo de su sobrino, que siguió con la tarea de su tío hasta 1816, cuando las tropas de Bolívar llegaron a las afueras de Bogotá y los científicos decidieron empaquetar la colección y enviarla a España. Ese episodio, la clausura de esa aventura científica, también cuenta con su propio espacio en la exposición. «Las primeras copias de la colección de Mutis las enviaron a Madrid en 1789. La mayor parte se empaquetó luego, en 1816, en 105 cajas que llegaron en barco. Aquí mostramos la que llevaba las cajitas de semillas, protegida con un lienzo encerado para la travesía marítima», explica García. «Es una joya», se felicita la comisaria.

Después de su paso por el Real Jardín Botánico, ‘Mutis. Un patrimonio compartido’ viajará a Bogotá, donde se expondrá en la Biblioteca Nacional de Colombia. Será el cierre perfecto para una muestra que reflexiona sobre una expedición científica que abrió un puente de conocimiento entre dos continentes, de una riqueza incalculable.