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Spain

Jugar en casa

El verdadero partido será el domingo. Esa especie de segunda vuelta de las generales que supondrán las municipales, autonómicas y europeas. Pero, por si acaso el resultado no vuelve a acompañar, este viernes Pablo Casado disputó en casa, «literalmente», la previa. En Palencia, cita obligada, donde hunde sus raíces, y casi en el salón de la que un día fue su casa y ahora es la de sus padres, el presidente del Partido Popular hizo parada para el su maratoniano cierre de campaña, que incluyó también parada en Ávila, su otra tierra de adopción, antes de acabar en Madrid.

Allí también recibió la visita del cabeza de cartel a la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, quien también apostó por campo propio para la última jornada, con arranque y final en Salamanca y meta volante en Valladolid. «Es el mejor candidato que se presenta», le describió Casado incluso antes de que Mañueco llegase al acto y dándole la bienvenida como quien «va a ser el futuro presidente» de la Comunidad. Saludos, abrazos y aplausos entre ambos líderes en el último día de campaña y después de no haber coincidido ni uno hasta ayer. Por eso, más allá de las palabras, los gestos también hablaron. Miradas, algún gesto, intercambio de opiniones, aunque con Casado como protagonista, Mañueco quedó un poco a un lado.

A la espera del resultado final en el marcador que revele el escrutinio -y la más que posible prórroga de los pactos que se augura como una tanda de penaltis en la que todo puede pasar-, si por Palencia fuera, Pablo Casado seguiría siendo el entrenador del PP por mucho tiempo. Vamos, que de ese cuestionamiento tras la debacle el pasado 28 de abril, nada de nada, por lo visto ayer. Lo de ser profeta en su tierra se cumple, aunque a la hora de depositar la papeleta en las generales el tirón no fuera tanto... Más bien, para menos.

Apoyos, vítores, gritos de «¡Presidente! ¡Presidente!» y hasta algún «¡Viva Pablo Casado!». Fotos y más fotos. No es de extrañar que Casado quisiese incluir ayer en su ruta parada en su tierra, aunque sólo fuera por llevarse esa dosis extra de moral, una inyección de ánimo por lo que pueda venir, y hasta reponer energías literalmente con comida junto a la familia «política» y real.

Si es por lo que se vio en Palencia, el partido lo gana, y por goleada. Y no sólo por quienes asistieron al acto público, que demostraron su fidelidad aguantando la espera a que su líder cumpliera con las numerosas demandas de atención, de niños y mayores. A ellos se les presupone fieles -y lo demostraron, pues lo de un mitin a las tres de la tarde y con el estómago vacío es meritorio- y no se encuentran precisamente en ese amplio porcentaje de indecisos. Pero por la calle, el dirigente popular continua siendo para los palentinos su vecino. «¡Es que es nacido aquí y la gente le quiere!», comentan.

«Trabajamos con tu hermana», le espetaron dos mujeres mientras cogían turno para inmortalizar con su móvil el momento. «¡Es más majo!», se escucha de fondo, mientras otras señoras tratan de hacerse hueco entre la masa para plantar dos besos a Casado. «Todas queremos», justifica otras en su intento de llegar a esa particular meta, que también alcanzó su abuela, con quien se fundió en un sentido abrazo, y sus padres. La loa no acabó con el micromitin. Durante el paseo por la céntrica calle Mayor hasta la Plaza, también saludos y alguno que hasta se asomó a la ventana al grito de «¡presidente!». Y a una niña la firmó la escayola que tenía en la pierna, quizá pensando que él no se rompa ni le «partan» en las urnas.

Si fuera por la sonrisa, cualquiera diría que su primera nota en su currículum ha sido el derrumbe del PP en las generales y en unos días tiene el examen de recuperación. Como habiendo hecho suyo eso de la Pantoja del «dientes, dientes», el líder del PP no perdió el gesto de felicidad. Por si llegan mal dadas, su particular «que me quiten lo ‘bailao’» de aquí a que el árbitro de los ciudadanos y Ciudadanos piten el domingo el final del partido.

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