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“Las encuestas no fallan tanto en términos reales”

Rafael Serrano (Córdoba, 1971) es investigador científico del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA) del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y doctor en Ciencias Políticas y Sociología –Sociología–. Subraya la importancia de que la ciencia y sus resultados deben revertir en la sociedad y reconoce también que eso de que las encuestas fallan no es del todo cierto.

–¿Por qué surgieron los Institutos de Estudios Sociales Avanzados?

–Los IESA surgen como un proyecto nacional de investigación en Ciencias Sociales para ayudar a las políticas públicas. En principio fueron tres IESA:Madrid, Barcelona y el de Andalucía. Se pretendía que estuvieran muy vinculados a los territorios porque parecía muy oportuno analizar las estructuras sociales ya que las soluciones podían ser diferentes. Estos institutos acaban formando parte del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y, a partir de ahí, cada uno acaban siendo centros propios del CSIC; tenían el análisis riguroso de la realidad social.

–¿Cómo han evolucionado desde la década de los noventa?

–La evolución ha sido distinta en cada centro. El de Barcelona acabó cerrando, el de Madrid fue pasando por distintos modelos de instituto y ha acabado siendo un Instituto de Política y Bienes Públicos. El único que se mantiene con la denominación de IESA es este, el de Andalucía.

–Lleva al frente del IESA-CSIC desde junio de 2017. ¿Por qué decisión asumir la dirección?

–La forma de elección de la dirección es un poco complicada. El claustro científico propone a alguien que puede desarrollar el instituto, una decisión que pasa por la junta del centro, que son todos los trabajadores, que lo ratifican o no. Esta decisión se manda a Madrid y es la presidenta del consejo quien nombra. Considero que esta es mi casa, entré en 1995 y era de los pocos científicos que había pasado por todas las posibilidades que se pueden tener aquí. Primero estuve colaborando, sin ningún tipo de relación laboral, posteriormente, tuve una beca de Formación de Personal Universitario, luego estuve contratado como licenciado, luego me doctoré y tuve un contrato como doctor. Posteriormente pasé una oposición como titular y luego la cátedra. Mi sitio de referencia siempre ha sido el IESA. Para un investigador ser director no es lo mejor que le puede pasar en su vida porque esto consume mucho tiempo y en el tiempo que estás en la dirección la investigación se resiente mucho.

–¿Cómo se encontró el centro?

–Aquí no ha habido confrontación alguna y es una cosa estupenda que llevamos a gala. Si algo tenemos es que todos los investigadores y el personal se sienten muy del IESA; tenemos muy buen rollo. Aquí todos los directores han salido por unanimidad. Cuando entró Joan Font, todo el mundo apuntaba a que era yo el que iba a ser el director, pero le dije a Joan que ese momento mi situación vital y, en el ámbito de desarrollo de mi trabajo me venía muy mal dedicarme a la dirección. Él tuvo a bien asumir la dirección y, posteriormente, los compañeros consideraron que yo era la persona adecuada.

"La reducción de personal en el IESA-CSIC fue brutal"

–Los mandatos en el IESA son de cuatro años, ¿cómo quiere dejar el centro tras su paso por la dirección?

–Ahora nos toca adecuar el instituto a todos los cambios que hay en el CSIC y también a nivel europeo. He cogido un instituto que venía de una etapa de crisis y que estaba muy tocado en cuanto a la reducción de personal, que fue brutal. La idea era consolidar el personal, empezar de nuevo a crecer y adaptarnos a esa nueva investigación de frontera, a mirar a grandes proyectos a nivel internacional y a colocarnos bien en la producción de conocimiento. La verdad es que nos va bastante bien en productividad y alcanzamos el cien por cien de los objetivos siempre. Somos diez investigadores y tenemos 22 proyectos vivos. Es un instituto muy activo.

–¿Cuáles son las principales líneas de investigación del IESA?

–Hay cuatro líneas. Una de ellas es la de territorio, ruralidad y medio ambiente y sostenibilidad. Esta gente se dedica a ver los distintos aspectos de la sostenibilidad ambiental desde una perspectiva más social. Por ejemplo, hemos hecho trabajos para el famoso lince en una dimensión más social, no solo biológica.

–¿Una visión social del lince?

–Claro, mantener los conflictos los cazadores, el problema de los conejos, la agricultura… Todo esto está muy vinculado. Tú puedes mantener la sostenibilidad ambiental y que esto genere otro tipo de problemas alrededor. Hay que entender que hoy en día nada es natural. Los primeros que intervenimos en las cadenas trópicas somos los humanos con nuestras leyes, con nuestros edificios y nuestras cosas. Por lo tanto, para estudiar este problema un biólogo se queda corto e, incluso un sociólogo también. Por ejemplo, en los incendios pasa lo mismo; tienen una dimensión política, tienen una dimensión de conflicto social, forestal, ambiental y ninguna de ellas por si misma va a solucionar el problema. Como investigadores tenemos que aportar conocimiento y tratamos de manejar esas perspectivas múltiples. Por eso, esta investigación de frontera es la que ha marcado el instituto y, especialmente en los últimos años.

–Ha aludido a una de las líneas de trabajo del centro, ¿cuáles son las demás?

–Otra línea es la que aborda los problemas de las democracias contemporáneas. Es una línea más de la sociología política y de trabajar temas de participación ciudadana, electoralismo, temas de ámbito de cómo funcionan las democracias contemporáneas. La tercera línea es la sociología de la innovación y trata de ver las condiciones sociales que ayudan a generar innovación y nuevo conocimiento; aquí se hace desde hace muchos años. Se trabaja en cómo se vive la transferencia científica, cómo se transfiere el conocimiento o cuáles son motivos de éxito. La cuarta es la que coordino yo, que es identidad social, bienestar subjetivo y comportamiento humano. Siempre nos hemos dedicado a la evaluación de políticas sociales y sanitarias. Actualmente nos dedicamos a dos temas: el dolor, su dimensión social y, otra sobre el final de vida. Soy el presidente de la Red Española de Investigación sobre el Final de la Vida, que estudia cómo se produce ese final de vida. La etapa final de la vida es cada vez más larga, estamos en unas condiciones técnicas que nos permitirían acabar la vida como nosotros queremos y, ahí soy experto en eutanasia y suicidio asistido.

"Las encuestas fallan más en momentos de cambio"

–El trabajo que llevan a cabo en el IESA se basa en las encuestas, pero ¿por qué fallan tanto?

–En términos reales, las encuestas no fallan tanto. Creo que le pedimos a las encuestas más de lo que nos pueden dar. Una encuesta tiene un margen de error y hay que pensar que se trata de algo muy voluble. Las encuestas fallan más en momentos de cambio y menos cuando hay cierta estabilidad. En España, el voto cada vez más se decide en los últimos días. También es más lógico porque las opciones de voto se han diversificado. ¿Esto significa que se pasa de un momento a otro de ser de extrema izquierda a extrema derecha? Pues, no. Esto significa que, a lo mejor, cuando hacemos una encuesta en ese momento se opina una cosa, pero ya sabemos que el 30% lo decide en el último momento y de ese porcentaje, el mismo día. Eso no significa que hayan fallado las encuestas, sino que ha habido un grupo de gente, que es cada vez mayor, que hasta el último día no decide. Por eso, las encuestas a pie de urna no fallan.

–Pero la última que realizó el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de Tezanos sobre las elecciones generales falló

–No creo que fallen tanto las encuestas. Medimos la opinión de la gente y, si en un momento convulso es muy cambiante, a no ser que la hagas antes de que se vote, sabemos que vamos a tener un porcentaje de gente que va a cambiar, entonces se incrementa ese error y si sumáramos ese error, habríamos acertado. Pero es que hay un segundo error, que solo afecta al CIS y no a las empresas, que es la propia ley electoral. En España se decidió, por el motivo que fuera, que en los últimos días de la campaña no se pueden hacer encuestas y qué pasa, que las tienes que hacer antes y si hemos dicho que el 30% de la gente lo decide en el último momento, es imposible. Lo raro es cuando aciertan más y tanto. Y luego, por el sistema de distribución del voto, que no es proporcional.

–En muchas ocasiones se habla de la cocina de las encuestas, ¿la hay realmente?

–Todo el mundo hace cocina. La gente entiende por cocina casi que se están manipulando los datos y no lee qué modelo se aplica. Tú utilizas un modelo para interpretar los datos porque es necesario: cuánta gente no va a votar, por ejemplo. El modelo trata de corregir otros problemas que tiene.

–¿Cuáles son?

–Por ejemplo, hay mucha gente que te responde que no sabe o no contesta y, en este grupo hay gente que va a ir a votar, pero no responde. Entonces, cómo se atribuye ese voto, pues con un modelo que se basa en estudios científicos: si dice que en las anteriores votó a un partido de izquierdas, si dice que votó al PSOE y, que además es una persona muy sensible a tal cosa, pues con una probabilidad va a votar a tal partido. De hecho, cuando damos los datos brutos son los más malos normalmente. Y, ¿por qué falló estrepitosamente el CIS? Pues porque decidió dar los votos brutos para que los profesionales los utilizaran cada uno con sus modelos. La cocina es, al final, un modelo.

–Como investigador, ¿por qué cree se debe financiar la ciencia?

–Si queremos tener un desarrollo sostenible, tenemos que basarnos en conocimiento, en qué está pasando de verdad y en qué realidad nos movemos. Por ejemplo, esta mañana –la entrevista se llevó a cabo el pasado jueves– he escuchado en la radio que ya se había predicho que una de las primeras cosas del cambio climático iba a ser la desaparición del Delta del Ebro y, ahora prácticamente ha desaparecido. Esto se sabía científicamente, era lo más probable e ir en contra de eso es una locura. Podemos decir que estamos en contra, pera la realidad nos va comer. La investigación científica es un método de análisis de la realidad en la que se controla la propia comunidad reproduciendo las cosas. Una sociedad que no apueste por la ciencia está condena absolutamente al fracaso social. Los científicos no tenemos que gobernar el mundo. Max Weber ya lo dijo en El político y el científico. Si no se hacen políticas en base al conocimiento real, estamos yendo hacia la catástrofe. Cuando la crisis mundial, algunos de los países más relevantes de Europa, como Alemania, lo que hicieron fue incrementar el gasto en ciencia y aquí no, aquí se redujo y, de hechos, seguimos reponiendo.

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