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Spain

Los Goya de la modestia: de los nervios "primerizos" de Almodóvar a los errores "de principiante" de Banderas

Momentos antes de que arrancara la 34 edición de los Premios Goyaningún nominado se veía llevándose cabezones a casa. Y no era falsa modestia, recalcaba Asier Etxeandía, sino que verdaderamente “la cosa estaba muy reñida”. Incluso Pedro Almodóvar, el glorificado de la noche, se resistía a imaginarse como mejor director, pero le bastó recoger la primera estatuilla para ganar confianza y asegurar que la noche “pintaba bien”.

Eso sí, el manchego ha subido al escenario del Martín Carpena con “los mismos nervios que la primera vez”, que precisamente fue con ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’, confesaba a RTVE.es en el ‘backstage’ nada más bajar del escenario con su Goya al mejor guion original.

Después, cuando la “lluvia de premios” era casi tan fuerte como la que ha caído en Málaga durante todo el día, y el cineasta se ha reunido con toda la multitud de periodistas de nuevo en la alfombra roja, la emoción ha sustituido a los nervios.

"Como he pasado por muchas alfombras rojas, pensaba que no me iba a emocionar de nuevo con ‘Dolor y gloria’, pero cuando estaba sentado ahí, ha sido una emoción fortísima. Es una película especial dentro de mi trayectoria que ha terminado de un modo glorioso", ha confesado Almodóvar, que admite haber estado “a punto” de llorar “un montón de veces”. 

En parte, por ser una película que refleja su intimidad “mucho más que muchas”, pero también por haberla compartido con actores que significan tanto para él en lo personal y lo profesional, como Penélope Cruz, Julieta Serrano y Antonio Banderas, cuyo premio “necesitaba” más que el suyo propio.

El discurso que Banderas nunca leyó

Con todos ellos ha compartido Almodóvar esos nervios de “primerizo” que, a priori, no parecerían atribuibles a un director con una trayectoria tan soberbia dentro del cine español y con un historial tan amplio de galardones. 

Tampoco habría sido fácil intuir que Banderas cometería “tres errores de principiante” al recoger su premio: el primero, no haberle agradecido el galardón a la Academia de Cine, el segundo no haber nombrado a Penélope –a quien adora- y el tercero no haber dedicado el premio a Málaga, algo, ha dicho, “imperdonable”.

El actor, que en ‘Dolor y gloria’ interpreta a Salvador Mallo, también ha contado a los periodistas una anécdota que tiene más que ver con un despiste que con un error. Se dejó las gafas en el bolso de su pareja y no ha podido leer el discurso que llevaba escrito y guardado en el bolsillo.

Banderas ha explicado que se negaba a bajar las escaleras y volver a subir y acto seguido ha sacado el papel de la chaqueta y ha desvelado únicamente el inicio: "A las ocho en punto de la mañana, los rayos y truenos nos dan una tregua", rezaba ese texto escrito a ordenador y leído como si fuera una redacción escolar, un gesto que vuelve a demostrar la sencillez que define a un actor que ha pisado ya muchas alfombras.

Julieta Serrano, agradecida por un papel "mágico"

También Penélope Cruz confesaba al inicio de la cita que había muchos “nervios de Goya” y, entre risas, aseguraba que no volvería a repetir aquel famoso “Peeeedrooo”, en caso de resultar premiada como mejor actriz, puesto que ese grito es “irrepetible”.

Quien no se esperaba acunar un cabezón era Julieta Serrano, que prometió a RTVE.es que lo celebraría “a lo grande”, en caso de conseguirlo, y que se tomaría “una copa” tras recogerlo.

“Así lo haré”, confirmaba Serrano momentos después de ver superadas sus expectativas: “Eran tan buenas mis compañeras, que no lo esperaba”, ha añadido la intérprete, que no trabajaba con Almodóvar desde hacía 27 años, cuando grabaron ‘Átame’, y que está muy unida sentimentalmente al cineasta, a quien le agradece ese papel tan “pequeñito y mágico” dentro una personal cinta que se ha llevado 7 Goyas.

Partía como una de las favoritas y las predicciones se volvieron ciertas, en detrimento de ‘Mientras dure la guerra’ (de Amenábar), que se ha ido con 5 Goyas, y ‘La trinchera infinita’ (de Aitor Arregi, Jon Garaño, Jose Mari Goenaga), que ha cosechado dos estatuillas, pese a que muchos de los asistentes la mencionaban al inicio como una de sus películas preferidas de esta edición.

La emoción de otros dos malagueños: Belén Cuesta y Antonio de la Torre

La batalla entre “Antonios malagueños” –Banderas y De la Torre- la ha ganado el más internacional, pero no por eso los compañeros de profesión han dejado de valorar el trabajo del actor que más veces ha sido nominado a los Goya, esta vez por meterse en la piel del “topo” de la ‘La trinchera infinita’.

“Mis padres ya no viven, pero estarían muy orgullosos de verme aquí, en Málaga, como actor reconocido”, decía De la Torre antes del comienzo de la gala, cuando ya preveía que esta vez no le tocaba llevarse un premio a casa.

Quien sí se lo ha llevado por esa misma historia ambientada en la Guerra Civil es Belén Cuesta, que además de recoger su primer Goya confirma su valía como actriz dramática y lo hace también “en casa”, su Málaga natal.

“Estoy muy emocionada. Qué ganas de celebrarlo con todos y qué ganas de brindar con la gente. ¡Qué barbaridad!”, decía la mejor actriz de estos premios nada más recoger su premio y haciendo un esfuerzo para contener las lágrimas.

Estatuillas que pudieron ser clonadas y estatuillas que florecen

La misma incredulidad es la que han expresado otros muchos de los premiados, desde Belén Funes –premio a mejor director novel- hasta Benedicta Sánchez, que sabe lo que es recoger el Goya a mejor actriz revelación a sus 84 años.

A esta principiante con edad de veterana que ha debutado en ‘O que arde’ (Oliver Laxe) le gustaría haber podido dividir el premio “porque no le gusta competir”. De momento, esa acción no es posible, pero lo que sí se ha hecho en alguna ocasión, según han revelado los tres directores de ‘La trinchera infinita’, es clonar una estatuilla.

“En Handia (2017) éramos cuatro guionistas. Nos dieron un cabezón, pero permitieron como premiado sacar copias para que cada uno tuviese una. Si pasa hoy, haremos lo mismo”, decían antes de conocerse el veredicto Arregui, Garaño y Goenaga, que en esta ocasión no tendrán que pedir copia.

Lo que sí podrán hacer –y esta idea es válida para cualquiera que tenga un Goya en su haber- es seguir los pasos de Ara Malikian y Nata Moreno, reconocidos con el premio al mejor documental por ‘Una vida entre las cuerdas’.

“Tenemos por costumbre colocar los premios en la terraza, para que les llueva y florezcan muchos más”, han contado la cineasta y el músico, felices, como el resto de premiados, de llevarse a casa al “señor Francisco”.

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