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Spain

Los versos de Sergio Algora, fabricante de alas de mariposa

Un libro reúne las letras del cantante de El Niño Gusano, desde sus primeros grupos hasta La Costa Brava

Sergio Algora (1969-2008).

Para hablar de las letras de las canciones de Sergio Algora (Zaragoza, 1969 - 2008), sobre todo de las de la etapa de El Niño Gusano, quizá su grupo más conocido, se solía recurrir al adjetivo surrealista. A Algora eso no le gustaba, en parte porque, se debía sobre todo a la necesidad de etiquetar, de colocar las canciones en una casilla. Era, en parte, pereza. Y era impreciso: las influencias de Algora, cuya poesía fue reunida en Celebrad los días (Chamán ediciones, 2017) e incluía el inédito Invierno, estaban más en el simbolismo que en el surrealismo. Pero también en el cine, el realismo sucio y todo lo que habitaba su cerebro: el amor, el champán, las chicas, la amistad, la enfermedad, el sexo, un barco en el mar, una idea bastante hedonista de la vida, las comidas, la lengua...

Sus letras están llenas de imágenes potentes ("un telescopio poned, en su cabeza a rosca poned"; "Mme. Dos Rombos va vestida / ¡va a una fiesta! / va vestida con hilo dental") que encontraron en Óscar Sanmartín el traductor ideal de esas palabras a ilustraciones: fue el autor de las portadas de El Niño Gusano, además de autor de la cubierta del cancionero que sale ahora. También se ha encargado del diseño del vinilo que recupera las canciones de un proyecto musical de Algora de 1987, Tras el Francés.

Este libro, titulado sencillamente Las letras de Sergio Algora (editado por Madmua), recupera las letras de los primeros grupos de Algora: desde Índice de Cuba a La Costa Brava, su última formación, pasando por experimentos, como Cangrejus, Flores raras y Oh Capital!. Las canciones de El Niño Gusano ocupan un lugar central, pero sobre todo cronológicamente. Las letras anteriores apuntan hacia esos experimentos lúdicos con las palabras y las imágenes; las de después recogen ese espíritu pero son ya mucho más contenidas y contundentes. Dicho de otra manera: abrazaban claramente el pop, como puede verse con las canciones que hizo con La Costa Brava, aunque eso quizá tenga que ver más con lo musical que con las palabras: Algora necesitaba músicos con los que componer, él no tocaba ningún instrumento lo suficiente como para hacer la música de sus canciones. Cuenta la leyenda que en los primeros tiempos, Algora grababa las melodías que se le ocurrían en el contestador de su hermana. Pero no se sabe a qué atenerse con Algora, como cuentan Andrés Perruca -en un prólogo lúcido y algoriano- y Francisco Nixon -en un epílogo emocionante y completo-: en el caso de Sergio Algora es difícil distinguir la realidad de la invención, qué era verdad, qué había exagerado, camuflado, trasladado o directamente inventado.

Perruca y Nixon, compañeros de Algora, con sus anécdotas y sus lecturas de las letras ayudan a redondear este libro hecho con delicadeza, mimo y cariño. Los dos coinciden en señalar que algunas de las canciones de Algora, vistas ahora, pueden verse como anticipatorias: Lourdes, Ángel Guardia,Nadie sabía que ya estaba muerto. Pueden añadirse varias: El rey ha muerto, El hombre bombilla. Pero Algora estará siempre también en la alegría, en versos como "un jardín en cada poro", y ahora lo sabemos también en "las chicas girasol", que "son como son". En el prólogo de Cambiar de idea, Zadie Smith escribe: "Cuando una publica a una edad temprana, su escritura crece con ella, y en público". Es lo que sucedió con el universo poético de Algora: que puede rastrearse. Solo hay que agradecer que Madmua se haya tomado la molestia de reunir esa otra parte, la de las letras.

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