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Rafael Rincón: "Hoy es más fácil llegar al poder, pero también es más difícil mantenerse"

Rafael Rincón es ingeniero comercial, columnista y consultor. Venezolano afincado en Chile, dirige el área de Estrategia y Relaciones Internacionales de la Fundación para el Progreso, uno de los think tanks liberales más influyentes del mundo hispano. Libre Mercado se ha entrevistado con él para hablar de la conferencia que impartió en la Universidad que acaba de celebrar la FPP.

- Dice Vd. que los tiempos están cambiando, pero esa no es ninguna novedad. ¿Por qué entonces debemos preocuparnos más de lo habitual por entender los cambios económicos, políticos y sociales de nuestro tiempo?

Nuestra época es de cambio, al igual que otras. Pero, a diferencia de las anteriores, vivimos en un tiempo marcado por disrupciones muy profundas. Es cierto que la historia está llena de procesos de cambio tecnológico que luego desencadenan fenómenos económicos, sociales, políticos…

En su momento apareció la imprenta, más tarde llegó la revolución industrial… Son, quizá, los episodios más transformadores de nuestro pasado. Sin embargo, las dinámicas del tiempo actual son mucho más aceleradas y, por tanto, dejan un impacto más profundo, rápido y amplio.

- ¿Por qué habla de disrupción y no de innovación?

Iteración es hacer las cosas mejor, sin cambiar su concepto. Innovación es hacer algo nuevo. Disrupción es crear alguno nuevo que, además, cambia por completo los paradigmas existentes. Internet, por ejemplo, es una disrupción y no una innovación, porque altera de abajo arriba la forma en que nos comunicamos, la manera en que hacemos negocios… Está en todo. Y ese cambio no es necesariamente bueno. Por ejemplo, si finalmente terminamos viajando en coches autónomos, ¿quién será el culpable de un accidente?

- ¿Qué mega-tendencias le parecen más relevantes en estos momentos?

En clave global, una gran disrupción es el desplazamiento de la influencia política hacia Asia. En clave socioeconómica, otra gran disrupción es el acelerado proceso de innovación que estamos viviendo, con el auge de las máquinas, el boom de la inteligencia artificial… En clave demográfica, hay dos fenómenos muy notables: migraciones masivas y envejecimiento generalizado. Y, como el mundo está tan conectado física y digitalmente, todos esos cambios se retroalimentan y se refuerzan mutuamente.

- ¿Es Vd. un "tecno-optimista" o un "tecno-pesimista"? Hay muchas voces que creen que los avances nos llevan a un mundo ultra-avanzado y también hay quienes creen que el auge de las máquinas marque el declive de los humanos.

Todos estos cambios acarrean problemas y retos. No podemos caer solo en el optimismo ciego. El mundo progresa en términos netos, pero eso no indica que vamos a una arcadia feliz en la que no hay ningún problema. Por ejemplo, en clave demográfica, es bueno que la gente pueda moverse libremente, pero también hay países que están enfrentando problemas asociados a la inmigración. Igualmente, es bueno que nuestra vida se extienda tanto, pero ese envejecimiento implica problemas fiscales muy hondos.

- ¿Qué implican todos estos cambios para la esfera política?

Moisés Naím resumió muy bien la problemática política del mundo moderno. El poder es más fácil de obtener, más difícil de manejar y más fácil de perder. La vida media de las empresas se ha acortado. Los más ricos de hoy no se parecen en nada a los más ricos de hace una o dos generaciones. Hoy en día es más fácil llegar arriba, pero también es más fácil caer desde la cima.

El bloqueo político es otro fenómeno interesante: España, por ejemplo, tiene más pluralismo partidista… pero menos efectividad de gobierno. No es un caso aislado. En clave global, los informes sobre la calidad de la democracia que elabora Freedom House apuntan que llevamos casi quince años viendo retrocesos en estos indicadores. Es una tendencia que está ahí.

- ¿Y qué me dice de los robots y las máquinas? ¿Le entusiasman o le asustan?

Se podría decir que la Era de las Máquinas empezó con la Revolución Industrial, que nos ayudó a limitar nuestras limitaciones físicas: cargar un peso, acelerar una tarea, superar una barrera… Ahora, las máquinas están en el campo cognitivo: procesan, distribuyen, analizan e interpretan información. No solo eso: los robots hablan entre sí, de modo que pueden multiplicar exponencialmente sus interacciones y disparar de esa forma la velocidad con la que adquieren y desarrollan su conocimiento.

Pero no solo hay cambios en las máquinas. También los hombres estamos dando saltos muy importantes en cuanto a nuestra capacidad productiva o nuestra habilidad para resolver problemas médicos de forma cada vez más potente.

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