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Socialdemócrata

Ni veinticuatro horas tras su congreso a la búlgara tardó Pedro Sánchez en desmentir que sea un socialdemócrata. En su esquema mental, ahora toca fingir moderación de españolazo con mucho eufemismo bienqueda, como centralidad y transversalidad. Sin embargo, un socialdemócrata no se alía con terroristas, ni llama hombre de paz a un secuestrador. No rompe la dispersión de asesinos a cambio de votos, ni justifica los homenajes a criminales. No admite que un miserable le hiele la sangre. Un socialdemócrata no promueve reformas de estatutos autonómicos ideados contra la misma Constitución que los ampara, ni decreta estados de alarma ilegales cerrando parlamentos para que nadie fiscalice sus abusos.

Un socialdemócrata no concede toda la libertad a una mujer para abortar

 alegando que es dueña de su cuerpo, y después le niega ser dueña de su cuerpo para lo demás. Hoy, uno solo es dueño de sí mismo si el sanchismo se lo consiente. Y si un socialdemócrata siente el dolor de las mujeres violadas, como Otegi siente el de las víctimas de ETA, pero acepta que no se condenen esas violaciones ni se busque al violador, y además lo ve todo como un avance para la democracia, no es un socialdemócrata.

Un socialdemócrata tiene principios, valores, defiende esencias, sentimientos, y huye del populismo legislativo. El sanchismo, no. Y una de dos, o carece de principios o es socialdemócrata. Y si lo fuera, no blanquearía a dictadores, ni se enamoraría de ‘delcys’ clandestinas, ni vendería sus convicciones a trozos, ni haría la ola a raperos delincuentes, ni indultaría a quien no lo merece, ni protegería a los fugados de la justicia. Un socialdemócrata no elogia ni escucha a jueces corruptos, ni insulta al TC, ni machaca a los trabajadores. No atenta contra la propiedad privada, ni esquilma las pensiones, ni obliga a trabajar hasta los 75 años.

Un socialdemócrata no descapitaliza el Estado en nombre del progreso y de ese mismo Estado que dice proteger. Ni abre ‘crisis constituyentes’. Ni maquina reformas constitucionales al margen del único partido que necesita para ello. Un socialdemócrata no aplica a cascoporro la ley mordaza que prometió derogar, ni la usa hasta para ir al baño. La socialdemocracia es una concepción legítima del poder, no un espantajo retórico para encubrir obsesiones personales y neocaudillistas. Al PSOE se le van cayendo las siglas. Y Sánchez tiene un plan, sí. Pero no es la socialdemocracia.

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