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Torra y Sánchez: ni acuerdos concretos ni ganas de romper

Quim Torra insistió ayer en Moncloa en el referéndum y la amnistía. Y el Gobierno respondió proponiendo «fórmulas imaginativas» para superar obstáculos. Buen tono y acuerdos en cuestiones logísticas. Pero la misma distancia de siempre en los debates de fondo. Esa fue la conclusión de la primera mesa de diálogo entre el Gobierno y la Generalitat. La intención inconfesable de este foro es que pase el tiempo. En público todo son buenas palabras, y ayer se transmitó optimismo desde ambas delegaciones. Pero también cautela. Y es que en privado, desde hace tiempo, se reconoce que hasta que no se pongan boca arriba las nuevas cartas que se repartan tras las próximas elecciones catalanas no podrá empezar la partida en serio.

De cara a esos comicios, a ninguno de los protagonistas en esa mesa le interesa que ésta descarrile. Al menos por ahora. Tras dos elecciones (2015 y 2017) a cara de perro entre el sí y el no a la independencia, tanto sectores secesionistas como también socialistas creen que el electorado, polarizado y enardecido en las anteriores citas, empieza a sumirse en el hartazgo. No perder la bandera de la negociación justifica mantener un espacio del que nadie sabe muy bien qué esperar.

Quedó claro ayer tras la primera reunión de la mesa de diálogo celebrada en La Moncloa y que se extendió durante unas tres horas. El Gobierno agasajó a sus invitados con un trato preferente, que nunca se había visto en ninguna reunión con ningún gobierno regional. Y también tuvo el gesto de dejar al presidente de la Generalitat, Quim Torra, comparecer en la sala principal. Un espacio reservado para el Gobierno, el líder de la oposición y mandatarios extranjeros. Pero nunca a presidentes autonómicos.

El buen tono se destilaba ayer noche desde ambas partes. «Mejor de lo esperado», reconocía un miembro del Gobierno en la mesa. «Significa avanzar», reconocía una integrante de la delegación de la Generalitat. Pero ese sentimiento contrastaba con las dudas sobre el medio plazo. ¿Y ahora qué?

Ambas partes reconocen que de una primera cita no podía esperarse mucho más. «Lo importante de hoy era la reunión de hoy. A partir de aquí empieza un camino», dijo Torra. La piedra de toque llegará a partir de ahora. En un comunicado conjunto, señal como mínimo de entendimiento, ambas partes acordaron reunir este mismo foro cada seis meses. Pero mensualmente se reunirá una versión reducida de estas delegaciones. Se plasma que un eventual acuerdo tendrá lugar «en el marco de la seguridad jurídica», volviendo a omitir la referencia a la Constitución. En esas futuras reuniones no participarán ni los presidentes ni los vicepresidentes. Esas delegaciones permanentes están todavía pendiente de conformarse. Y existe incertidumbre respecto a si esto alcanza o no al vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. «Está por decidirse», apuntan fuentes de La Moncloa.

Sin acuerdos prácticos

Torra dejó claro que los temas sectoriales se deben derivar a «otros espacios», como la comisión bilateral Estado-Generalitat que se ha acordado activar en próximas fechas. Pero no en esta mesa de negociación que, dijo el presidente de la Generalitat, es para resolver «un conflicto político». Defendiendo que en este sentido su propuesta es muy clara: «Referéndum de autodeterminación y amnistía». A estas propuestas Torra no encontró respuesta: «Seguimos sin conocer la posición del Gobierno». El Gobierno intentó evitar esas cuestiones. Mantener su rechazo a las mismas. Pero con sensibilidad y mano izquierda.

Ninguno encuentra en el otro lo que espera, y sin embargo ninguno quiso levantarse de la mesa. A lo largo del mes de marzo se espera una nueva reunión en la que será difícil que todos sigan satisfechos si no hay ningún avance. De momento prima consolidar la idea de que se abre una nueva etapa. Con la sensación de haber superado las expectativas que se marcaban para esta primera reunión el Gobierno celebraba anoche el «nuevo clima» abierto para «normalizar relaciones institucionales y afectivas».

Lo que nadie sigue sin desbrozar es cuál puede ser ese punto intermedio que reclamó ayer la portavoz, María Jesús Montero, entre que Cataluña sea sujeto político a través de la celebración de un referéndum o que no lo sea. Sí se reconoce que se abre «una negociación compleja» en la que el Gobierno defiende que está dispuesto a tomar medidas porque «la opción de no hacer nada ya se probó».

Y en este sentido el Gobierno defendió la necesidad de encontrar «fórmulas imaginativas que nos permitan identificar puntos de encuentro para superar el conflicto político». En varias ocasiones abundó Montero sobre esta idea, que en otro momento expresó como la necesidades introducir en las negociaciones «empatía, imaginación y creatividad», para ser capaces de «trascender respuestas tradicionales» llegando a «fórmulas que permitan superar el binomio sí o no».

Los Presupuestos

El Gobierno prefiere no poner etiquetas a esas fórmulas imaginativas, para evitar que se produzca el rechazo de la otra parte. Aunque en un momento dado Montero sí habló de «cambios de normas como podría ser el Estatut». El Gobierno ve avances evidentes en que la Generalitat se mantenga en la negociación pese a que insisten en que Torra y los suyos ya saben que «el Gobierno no comparte el supuesto derecho de autodeterminación». En este sentido la portavoz del Gobierno defendió la necesidad de que «cada uno abandone posiciones máximas» para lograr el encuentro con el otro, asumiendo que las renuncias o nuevas propuestas tendrán que venir también por parte del Gobierno de España.

La cuestión que sobrevolaba la reunión era si ERC o incluso Junts per Catalunya, esto mucho más improbable, estarán dispuestos a apoyar los Presupuestos Generales del Estado. Un objetivo para el que el Gobierno necesita superar hoy en el Congreso de los Diputados otra prueba de fuego con la aprobación del límite de gasto no financiero. Pero aunque el Gobierno tiene esperanza, por parte de la Generalitat no se expresó ayer ningún compromiso al respecto. Torra defendió que hay que «aislar», y no vincular como hace ERC, el desarrollo de la mesa de negociación con otras cuestiones como los presupuestos o las elecciones. La portavoz expresó «confianza» en lograr estos apoyos y recordó que hay cuestiones que pueden acordarse que requieren un soporte presupuestario.