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Un español en el epicentro del caos: «El brote de ébola no está bajo control y podría cronificarse»

El brote de ébola declarado el pasado 1 de agosto en las provincias de Kivu del Norte e Ituri, al noroeste de República Democrática del Congo se han cobrado ya 634 vidas mientras que el número de casos supera los 1.000 (concretamente, 1.016 de los que se han confirmado 951 en el laboratorio y 65 son probables), según la última actualización de ayer del Ministerio de Sanidad.

Pese a que los titulares se inundan de alertas con estas cifras, Luis Encinas, experto en el virus del Ébola y coordinador de emergencias de Médicos Sin Fronteras considera que las cifras son altas o baja según con qué se compare. «Recordemos que el brote de ébola de 2014-2016 que afectó a Guinea, Sierra Leon y Liberia se cobró 11.300 vidas; no hay que interpretar una cifra como un peligro, la cuestión fundamental es si ese número alto o bajo se está controlando», apunta. «El problema es que el actual brote no está controlado y podría cronificarse en el tiempo. No hay una imagen clara de cómo está evolucionando la epidemia, es muy preocupante lo que está pasando, en más de un caso de cada tres se desconoce cómo se ha producido el contagio y con esta enfermedad es muy importante identificar rápido los contactos que ha tenido el enfermo, controlarlos diariamente, medirles la temperatura y romper el círculo, en caso contrario se producen nuevos focos», advierte Encinas que ha estado en el país hace tan solo cuatro meses y volverá próximamente.

El otro inconveniente que presenta este nuevo brote es que se está produciendo en un área que limita con Ruanda y Uganda que no han tenido oficialmente epidemias antiguas de ébola, y que sufren una gran inestabilidad política. «Llevan más de dos décadas de conflicto interno, hay un sistema de salud muy pobre y todo esto hace que tengamos las condiciones "perfectas" para no poder controlar el brote».

Cierre de centros

De hecho, Médicos Sin Fronteras tuvo que marcharse de las zonas de Butembo y la vecina Katwa, ambas en la provincia de Kivu del Norte. Ahora operan desde Kayna, que está a una hora y media aproximadamente de Butembo, con lo que los desplazamientos relentizan y perjudican el trabajo.

Ante este panorama quedaba la esperanza de la vacuna, que fue muy eficaz durante el terrible brote de 2014-2016 en África Occidental. Entonces se usó de forma desesperada, en el último momento, y ahora se implementó desde el principio. «La vacuna sirve para dos grupos: los médicos, funerarios, curas, transportistas, etc que están en primera línea de contacto con los enfermos y, además, para los contactos de cada paciente positivo. Pero para llegar a todos hay que tener acceso y aceptabilidad y ninguna de estas dos condiciones se están dando en este brote», concluye Encinas.

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