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Un Madrid desatado

Si es martes, toca Euroliga, no hay equívocos, el inicio de una nueva doble jornada. Los grandes priman la competición continental y la mejor demostración la acabamos de ver en el WiZink Center. La falta de recursos y la catarata de errores del domingo por la tarde en Miribilla, se convirtió en apenas 48 horas en un aluvión incontenible de juego ofensivo y acierto casi lascivo desde el triple; pero no solo, también hubo una brillante colección de mates, tapones y de 2+1, hasta siete (doce si añadimos los del Khimki). Hubo que sacar la calculadora y tirar de registros históricos porque durante muchos minutos el Madrid amenazó con derribar varios récords. En el último cuarto y medio bajó el pistón, le sobraba frenesí encestador pero tampoco había que desperdiciar energía con el CSKA asomando ya en la próxima esquina, este viernes. Los de Laso rompieron en mil pedazos al equipo ruso en un segundo cuarto diabólico, en el mantuvieron el frenesí encestador del primero pero además limitaron a Shved y compañía al máximo. La armada amarilla se perdió por el desagüe.

Un parcial de 41-14 simbolizó un directo a la mandíbula moscovita, que pese a sus millonarios esfuerzos aún es de cristal por esas pobres actuaciones defensivas que ofrece con asiduidad. Del 24-25 del minuto 8 al 65-39 del 19. El colíder era pasto de las llamas del juego blanco. A la exhibición inicial de Campazzo (10 puntos, 4 asistencias y 18 de valoración en 10 minutos) y de Randolph (16 tantos y 20 créditos en 13:31), se sumó un brillantísimo Jordan Mickey (11 puntos y 17 de valoración entonces, 4 tapones al final). Se pensó que podría batir su mejor marca anotadora en la Euroliga de 116 puntos, vigente desde 2000, pero alcanzó los 100 a falta de 5:40 en clara desaceleración. Había tocado los 37 de ventaja (81-44) y ahí dio un respiro al Khimki, que parecía entonces una marioneta. Recuerden la derrota del domingo, esos 32 triples marrados de 38 intentos y el 5-4 de la prórroga, había ganas de desquite. Y lo hubo. Taylor, hasta que se retiró sangrando con un fuerte golpe en la nariz, y Llull hicieron un buen trabajo defensivo sobre Shved que tiro poco (para lo que es él) y pasaba menos (nada). Tavares coleccionó números (15 puntos sin fallo) y apiló sensaciones. También se reencontró consigo mismo Thompkins en el tramo final. Un día de felicidad, con muchas sonrisas y ningún aprieto. Un Madrid desatado.