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Spain

Un ourensano condenado en 1996 por homicidio vuelve al banquillo por pegar a su padre

El Penal 2 supendió ayer por la incomparecencia de tres policías un juicio por lesiones en el que está imputado Manuel V.S., de 51 años. El inculpado afronta una petición de condena de un año -se aplica una agravante de reincidencia- por pegar a su padre, de 84 años, aunque este último dice que no es cierto.

El acusado tiene un grueso historial delictivo, aunque la condena más grave que pesa en sus antecedentes fue dictada en firme el 12 de febrero de 1996: 26 años y ocho meses de prisión por un robo con homicidio. También le constan antecedentes por amenazas, lesiones en el ámbito familiar y delitos por violencia doméstica.

El proceso penal que ahora tiene pendiente hace referencia a un atestado policial referido a hechos acaecidos el 21 de diciembre de 2018 a las 12,45 horas. Unos policías de servicio por O Couto vieron, según su versión, como el inculpado golpeó en la cara y en los brazos a su padre, con quien convive, cuando ambos estaban en el interior de un vehículo en la calle Ervedelo.

Los hechos que desembocaron en este denuncia comenzaron minutos antes en un bar de la calle Ervedelo. Un policía de paisano vio a Manuel V.S. como discutía con una camarera por su resistencia a abonar unas consumiciones. Finalmente, el padre acabó pagando la cuenta, acompañando al funcionario de policía y a su hijo al exterior del bar.

El agente se identificó como policía ante, según manifestó, la actitud agresiva del denunciado, quien -añade- comenzó a increparlo. El policía reclamó refuerzos que intervinieron cundo vieron a Manuel que pegaba a su padre, ya en el coche, cuando se dirigían al hospital. 

El padre, al ser interrogado por la juez de guardia, negó que su hijo le pegara. A lo sumo, según explicó, puedo dar un puñerazo en el salpicadero del coche, que no provocó desperfectos. A su entender, el policía pudo ver esa acción pero no otra.

Ayuda a la víctima

El ministerio público, además de la pena de prisión, interesa dos años de alejamiento del inculpado con respecto al padre. Este último rechaza esa medida porque vive con ese hijo, quien le ayuda a asearse y vestirse de forma diaria ya que tiene problemas de movilidad. 

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