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Un trabajador, al borde del despido en «El Jefe Infiltrado»: «Ha habido fallos imperdonables»

Hace dos semanas se estrenó en La Sexta una nueva temporada de «El jefe infiltrado», un formato importado de Estados Unidos en el cual el jefe de una empresa se hace pasar por un empleado para ver cómo es el rendimiento de sus trabajadores. El programa tuvo en su última temporada una media 1,3 millones de espectadores, lo que supone un 8,2% de cuota de pantalla.

En esta tercera entrega el jefe infiltrado fue Eduardo Sánchez, director de la empresa Regalo Original. Lo primero que hicieron con él fue transformarlo hasta volverlo irreconocible: le pusieron larga melena negra, atuendo heavy metal y un nuevo nombre, Fede. «No me gustaría para nada que me dejaran feo porque, evidentemente soy guapísimo, tengo un pelazo impresionante y no me gustaría que me lo quitaran», pedía el jefe antes de su transformación. El equipo del programa le hizo pasar por un joven heavy que participa en un reality para superar su adicción a las compras por Internet.

Eduardo Sánchez comenzó su periplo en el departamento de Customización, encargado de personalizar los productos, y en el que se han registrado grandes pérdidas. Uno de los trabajadores del departamento es Iván, un joven que al poco de llegar Fede reconoció que no recordaba cómo se utilizaba el Photoshop. Los métodos y la desorganización del trabajador le hicieron «perder los nervios» al jefe: «Aburre a las cabras, no tengo siquiera claro que sepa lo que tiene que hacer después». El mismo trabajador, un poco más adelante, tiró a la basura varias camisetas por un error al serigrafiarla: «Pues más trapos que tenemos», comentó con sorna.

El recorrido del jefe infiltrado continuó en el departamento de Atención al Cliente, donde había oído que reinaba el «mal rollo». En esta sección de la empresa trabajan Antonio y Rafaelina, ambos teleoperadores, que protagonziaron una dura discusión delante del jefe. «No me gusta que me dé consejos porque conozco el producto y le puedo ofrecer alternativas al cliente», dijo él. «Has perdido una venta, no me ignores, has perdido una venta», replicaba ella.

«Me desagrada ver tanta tensión en un departamento porque pasan muchas cosas ahí, se tienen que ayudar y ver que están predispuestos a la pelea es bastante desalentador», lamentó Sánchez. Además, vio cómo Antonio silenciaba la llamada de una clienta que se quejaba del servicio. «Poner el mute en un momento de agresividad del cliente no es adecuado. Demuestras que no te interesa escucharles», zanjó el jefe.

Por último, Sánchez acompañó a Carlos, un repartidor de sus productos y mariachi que se encarga de dar sorpresas a los clientes. Una de los encargos que tienen que entregar está compuesto por un desayuno y la contratación de un servicio de mariachis para cantar el «Cumpleaños Feliz».

Sin embargo, todo se viene a bajo cuando el repartidor se equivoca y le entrega el regalo a otra persona: «Ha habido un error, el cumpleañero es mi compañero y está al fondo». «Ha sido una cagada considerable, hemos hecho el servicio en vano. Fastidiar una sorpresa es lo peor que puede hacer un repartidor en 'Regalo Original'», señaló el jefe infiltrado, muy cabreado con su trabajador.

Una vez que hubo recorrido todas las etapas de la producción, los trabajadores recibieron una carta del jefe en la que les convocaba a una reunión. Todos acudieron muy nerviosos a la cita sin saber qué querría su jefe. El que peor lo pasó en su charla con Sánchez fue Adrián, el trabajador del servicio de montaje.

«Ha habido fallos imperdonables», le reprochó el jefe muy cabreado, «me cuesta encontrar a alguien que falle tanto. Si el especialista no conoce el producto que tiene que hacer, no sobrevivimos». Adrián se olía que iba a acabar despedido y se disculpó ante su jefe con lágrimas en los ojos. Sánchez todavía quiso darle un poco más de tensión a la situación, y le mostró a Adrián una carta de despido en la que escribió el nombre del joven. «Creo que no sería justo», le reprochó el trabajador. En el último momento el jefe se echó atrás y ensalzó las ganas de aprender del joven, que pudo respirar aliviado.

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