logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo
star Bookmark: Tag Tag Tag Tag Tag
Spain

Vox, populismo 'ma non troppo'

Una de las paradojas del populismo español que encarnan Podemos y Vox es que ninguno hace bandera del mismo. Más allá de los debates académicos de fondo, el populismo puede identificarse con un discurso de abordaje al sistema que busca reordenar el tablero político fundando un nuevo antagonismo: pueblo contra anti pueblo. El principio rector de quienes adoptan este discurso, así sea de manera instrumental, es que el populismo se practica, pero no se explica. Porque en la opinión pública española el populismo no circula como sinónimo de regeneración democrática, sino como su perfecto contrario: la degeneración de la política. Esta ambigüedad fue expuesta con claridad por Íñigo Errejón en su libro de conversaciones con Chantal MouffeConstruir pueblo: "No podemos utilizar un término que el uso mediático ha convertido en maldito. Nadie que pueda tener alguna pretensión de ganar alguna vez puede aceptar una definición que en el imaginario colectivo signifique inmediatamente demagogia".

El caso de Vox no es distinto. En una entrevista concedida a 13TV antes de las elecciones andaluzas Santiago Abascal rechazaba la etiqueta "populista" afirmando que "no hemos venido a la política para hacer una encuesta, para ver qué es mayoritario y defender eso. Eso lo hacen los populistas de verdad". La refutación del populismo, sin embargo, ha sido compatible con mantener un discurso de crítica sistemática a los "burócratas europeos" las "oligarquías globalistas" y, en el plano nacional, dar aire a la antipolítica al diagnosticar que "un grupo reducido, cooptado y oligárquico de dirigentes de partido maneja a su arbitrio el Estado", como afirma en su manifiesto fundacional. Una retórica que se ajusta como un guante al discurso de los partidos europeos que sí se califican positivamente como nacional-populistas y cuyo apoyo Vox buscó activamente, incluyendo la promoción de sus vínculos con Steve Bannon, principal apóstol del populismo.

No obstante, jugar a fondo la carta del populismo implica desafiar la lógica política izquierda-derecha. Para el populista el pueblo y su voluntad son una por encima de barreras ideológicas artificiales. Así lo han entendido líderes como Marine Le Pen o Matteo Salvini, ambos capaces de remangarse y buscar el voto de la izquierda haciendo bandera del orden, la protección y la seguridad frente a las incertidumbres del mundo globalizado. Sin embargo, no esta tan claro que esta posición política, revolucionaria por su búsqueda activa de un nuevo consenso popular, sea el espejo en el que continúa mirándose Vox. Sobre todo porque el partido de Abascal parece encontrarse más cómodo en el registro del populismo conservador patrocinado por Orbán y el grupo de Visegrado. Donde encaja de forma natural tanto su discurso moral, económico y político, como la trayectoria de sus líderes y la lógica de selección de candidatos para el partido.

Se trata de una opción estratégica importante porque significa que Vox renuncia a dar vida a una nueva mayoría transversal, que compita o colabore contra el establishment con la izquierda populista, como en el caso del Frente Nacional o la Liga, restringiendo su espacio político a la derecha. Y permite, con ello, adivinar el objetivo final que se propone el partido de Abascal tras entrar al sistema a lomos de la retórica populista: sustituir progresivamente al PP explotando a fondo el diagnóstico que define al partido de Casado como traidor a la derecha, sus valores y sus principios.

Conforme a los criterios deThe Trust Project

Saber más
All rights and copyright belongs to author:
Themes
ICO