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Woodland resiste el asalto de Koepka y Rahm acaba tercero

Golf - US Open 2019 El golfista de Kansas estrena palmarés en los grandes

Gary Woodland, en la jornada final del US Open
Gary Woodland, en la jornada final del US Open

Gary Woodland, 35 años, se convirtió en el ganador 222 de majors, de 450 jugados. El golfista de Kansas se devolvió al golf la secuencia de ganadores aislados que Brooks Koepka ha interrumpido con su dominio en esta época. De los últimos 17 grandes, cuatro fueron para él, el resto se lo repartieron uno por cabeza.

Fue un domingo intenso, sin viento, en el que simplemente la puesta en marcha sirvió para reducir a tres los verdaderos aspirantes al US Open: Woodland, Koepka y Justin Rose. Rory McIlroy se bajó rápido, Jon Rahm, aunque lo intentó con fe y acabó tercero -la mejor actuación en un grande-. Estaba demasiado lejos. Y así todos los demás.

La carga iniciática de Koepka fue maravillosa. En estas fechas donde Tiger Woods sufre de dolores permanentes, lo que agranda su victoria en el Masters, es una bendición su figura. Su insistencia en los grandes forma parte ya de la historia de este deporte. Arrancó con cuatro birdies en cinco hoyos y el que se dejó en el camino, el del hoyo 2, le supo a eso también, después de haber jugado un golpe desde un rough que invitaba al fallo. En 40 minutos ya tenía a Woodland en la mirilla. El combate iba a ser un cuerpo a cuerpo.

Con Rose de comparsa, aunque con aspiraciones matemáticas hasta que le aguantó lo de acabar los greenes a un putt, se inició una pelea de pesos pesados. De dos hipermusculados. Koepka, más definido, más Tyson. Woodland, que siempre que se había visto arriba un domingo (0/7) había fracasado en torneos regulares, parecía una buena víctima.

Pero hay algo que ha cambiado en este jugador que en 2017 pasó un duro trago con el doble embarazo de su mujer.Perdió uno de los bebés y el otro nació pesando un kilo y algo. Desde el inició transmitió una tranquilidad de veterano. Embocó dos birdies seguidos, en el hoyo 2 y 3, el botín suficiente para abrir la zanja a dos golpes; Koepka lo redujo a uno, como si fueran dos boxeadores que iban anotando puntos en las tablillas de los jueces.

Brooks, en pos del registro de tres US Open que en 1905 había dejado Willie Anderson, tenía que seguir arriesgando. Y empezó a fallar con los hierros. A no fabricarse oportunidades. A añadir también bogeys, lo que minimizó los errores de Woodland. En los primeros 62 hoyos del torneo había cometido sólo dos. En los siguientes cuatro ya tenía otros tantos.

Los hoyos fueron pasando, Koepka no supo aprovechar el par 5 (hoyo 14), que sí, no sin fortuna, acertó Woodland. La distancia volvió a dos. Y a Koepka se le acabó el tiempo. Aunque forzó en el par 5 del hoyo 18 para ir a por un eagle, la recompensa fue un par. Insuficiente. De nada le valió jugar los cuatro días por debajo de 70, el cuarto jugador de la historia que lo lograba. Trevino, Janzen y McIlroy levantaron el trofeo. Brooks, no. Gary, con un putt de 15 metros como guinda en el hoyo 18 y respondiendo siempre con grandes golpes a las exigencias, finiquitó su primer grande.

En el día del padre en Estados Unidos, Jaxson, aquel niño que vino al mundo aún sin desarrollar, pudo presumir de Gary. Un nuevo y verdadero campeón.

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