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Argentina

"Astroamor": cómo nuestras relaciones revelan quiénes somos en profundidad

La astrología es una potente herramienta que sugiere que en el momento en que nacimos se desplegó una vibración particular que inició nuestro viaje de autodescubrimiento.

La carta natal es un mapa de vida, en el que cada relación que generamos resulta fundamental para nuestro propio aprendizaje: nos muestra como seres complejos y contradictorios que aprenden sobre sí mismos en su destino y en sus relaciones.

Cada persona que aparece en nuestra vida revela complejidades y contradicciones de nuestro propio mapa natal que muestra, al menos, tres signos diferentes: el signo de la Luna, el del Sol y el del Ascendente.

La Luna cambia de signo cada dos días y medio. Nos sugiere el signo con el que nos criaron y, por eso, “necesitamos” esa cualidad zodiacal para sentirnos seguros en nuestra vida adulta.

El Sol, que cambia de signo cada 30 días, sugiere la personalidad que irradiamos y es nuestra forma de expresión más genuina pues no necesita sentirse aceptado como el signo de la luna.

El Ascendente muda de signo cada dos horas, esto es, el tiempo que le lleva a cada signo transitar el horizonte del Este. Nos sugiere nuestro aprendizaje de vida. Iremos reconociendo nuestro Ascendente a través de las personas que se cruzan en nuestro camino y según cómo respondemos a estas relaciones y a las escenas de destino.

Los otros, un espejo de nosotros mismos

Lo que nos sucede y con quienes nos relacionamos revela quiénes somos en profundidad. Cada relación funciona como espejo para vernos a nosotros mismos. La astrología propone comprender que nuestra propia y compleja identidad se descubre en vínculo, pues los otros traen a nuestra vida cualidades que están en nuestra carta natal pero que quizás nos cuesta reconocer como propias.

Aunque la astrología es en verdad compleja, se basa en el arte de combinar cuatro tonalidades humanas cimentadas en los cuatro elementos: Fuego, Tierra, Aire y Agua.

Es interesante descubrir con cuál de estos cuatro elementos nos sentimos más identificados y cuáles tendemos a proyectar en los otros.

Los cuatro elementos

Las personalidades de Fuego: Aries, Leo y Sagitario. Aportan a la vida cualidades de Fuego, por eso son luminosas, llamativas y abrasadoras. Invitan a transformar y cambiar aquellas cosas que ya no nos gustan y por eso nos empujan a movernos hacia lo que deseamos para arriesgarnos a hacer lo que de verdad nos gusta. Iluminan y denuncian lo que está mal. El fuego necesita aclarar y purificar. Su movimiento natural es hacia arriba y siempre aporta energía positiva. Aunque el Fuego acciona y es voluntarioso también puede dispersarse en caprichos superficiales o desbordarse en la voracidad de sus deseos. Las personalidades de Fuego pueden ser cálidas como el sol de primavera o imparables, intensas y abrazadoras como las llamas de un incendio.

Las personalidades de Tierra: Tauro, Virgo y Capricornio. Aportan a la vida cualidades de Tierra, como estabilidad, quietud y compromiso. Es el elemento más seguro. Su permanencia permite el crecimiento de toda la naturaleza, ya que en sus entrañas crece, se nutre y se alimenta la vida vegetal. Las personalidades de Tierra suelen ser las menos expresivas, pues sus procesos son internos y ocultos para permitir que las semillas puedan crecer. La Tierra también pisa fuerte, es realista y constructora, y sabe cómo responder a las pautas sociales. Es el elemento más denso, tangible y medible por eso es seguro y predecible; tiende a cierta lentitud que la compensa con perseverancia y tesón. Son personalidades perceptivas. Su apreciación del mundo es mediante los sentidos: palpando, oliendo, pesando, mirando, midiendo, escuchando, de ahí su escasa velocidad. Representa a los realistas, concretos, clásicos y prácticos, pero pueden pecar de ser excesivamente lentos, rutinarios o exigentes.

Las personalidades de Aire: Geminis, Libra y Acuario. Aportan a la vida cualidades asociadas al elemento Aire, son renovadores, livianos y sutiles. En este elemento viajan las palabras de conocimiento y sabiduría. El Aire es el aliento, la palabra, la música y da colores a la luz. Se asocia a personalidades multifacéticas, muy identificadas con sus pensamientos y sus ideas. Son sociables, locuaces y creativos. Se identifican con la razón, y suelen aportar ideas inspiradoras y vanguardistas. El aire es vehículo de los vientos, de las fragancias y de las notas musicales. Las personalidades de Aire son rápidas y objetivas pues saben poner distancia para discriminarse y manifestarse con libertad. Tienden a intelectualizar sus sentimientos, por eso pueden volverse frías o escépticas. El aire puede ser brisa que acaricia y refresca en la calma pero también puede, sin previo aviso, convertirse en un frío y devastador huracán.

Las personalidades de Agua: Cáncer, Escorpio y Piscis. Aportan a la vida cualidades asociadas al Agua. Son protectoras y nutricias, pues conectan con el elemento primordial del inicio de nuestra vida. Suelen ser quienes intuyen cómo habilitar el crecimiento y la fructificación de su entorno. Sus propiedades purificadoras -el agua se utiliza en ceremonias espirituales- depuran la energía negativa y devuelven la sensación de paz. Son naturalmente sanadores, ayudan a lavar y refrescar nuestras emociones. El agua cura, nutre y rejuvenece, es benéfica para el organismo físico y energético. Son las personalidades que mejor contactan con los sentimientos más profundos, es el elemento contenedor y materno por excelencia. El agua diluye y disuelve los materiales; y tiende a fundirse en sus sentimientos. Son compasivos y empáticos pues el agua toma el carácter de lo que lo contiene, su máxima volubilidad (recordemos que el agua cambia en tres estados diferentes) advierte sobre cierta ciclotimia y una excesiva dependencia y simbiosis en sus relaciones.

Beatriz Leveratto es astróloga y tarotista. 

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