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Cine vs streaming: la segunda muerte anunciada de Hollywood... otra vez

LOS ÁNGELES — “Hollywood es como Egipto: está lleno de pirámides derruidas. Nunca volverá a su forma original. Seguirá desmoronándose hasta que finalmente el viento haga volar el último accesorio del estudio del desierto”.

David O. Selznick, el productor de la época dorada del cine, hizo esa sombría declaración en 1951.

Una nueva tecnología de entretenimiento, la televisión, estaba masacrando el cine como fuerza cultural, y los estudios de cine habían empezado a convertirse en fósiles dedicados a los negocios orientados a la línea de fondo.

Un cartel de "Mandalorian", de Disney+, a lo largo de Sunset Boulevard en West Hollywood. Foto Philip Cheung/The New York Times.

Un cartel de "Mandalorian", de Disney+, a lo largo de Sunset Boulevard en West Hollywood. Foto Philip Cheung/The New York Times.

Como dijo Selznick, Hollywood había sido “secuestrado por un pequeño grupo de contadores y transformado en una industria basura”.

Desde entonces, Hollywood ha escrito en repetidas ocasiones su propio obituario.

"On the Rocks" se presenta en el Vineland Drive-In, en City of Industry, California. Foto Philip Cheung/The New York Times.

"On the Rocks" se presenta en el Vineland Drive-In, en City of Industry, California. Foto Philip Cheung/The New York Times.

Murió cuando intrusos como Gulf + Western Industries comenzaron a comprar estudios en la década de 1960.

Y de nuevo cuando “La guerra de las galaxias” (1977) y “Superman” (1978) convirtieron las películas en anuncios de juguetes.

La década de 1980 (VCRs), la década de 1990 (el auge de los superconglomerados mediáticos), la década de 2000 (secuelas de fantasía sin fin) y la década de 2010 (Netflix, Netflix, Netflix) trajeron cada una nueva rondas de agitación existencial.

Sin embargo, detrás del tumulto, la esencia de la industria cinematográfica permaneció intacta.

Hollywood siguió creyendo en sí mismo.

Desde luego, producimos basura con el mínimo común denominador, admitían los ejecutivos de los estudios mientras comían ensaladas de 40 dólares en el Polo Lounge.

El Cine Vine ahora cerrado en la sección de Hollywood de Los Ángele. Foto Philip Cheung/The New York Times.

El Cine Vine ahora cerrado en la sección de Hollywood de Los Ángele. Foto Philip Cheung/The New York Times.

Así es como alcanzamos nuestras metas trimestrales. Pero aún podemos generar una que otra película de excelencia, con filmes ambiciosos como “¡Huye!”, “1917”, “Black Panther” y “Érase una vez ... en Hollywood” que llegan a la pantalla grande y dominan la cultura durante meses.

En una sola enunciación: ¡Todo está perdido! Las grandes compañías tecnológicas nos van a comer vivos.

Un segundo después: Todos nos siguen amando. Mira a todos esos fans emocionados que compran entradas para ir al cine.

Sin embargo, el momento de crisis en el que Hollywood se encuentra ahora es diferente.

En los 110 años de historia de la industria cinematográfica estadounidense, nunca ha llegado tanta agitación tan rápido y de tantos frentes, lo cual ha provocado que muchos escritores, directores, ejecutivos de estudios, agentes y otros elementos de la industria queden desorientados y desmoralizados.

Ahora vagan en “completa oscuridad”, como me lo dijo una productora que trabaja en el medio desde hace mucho tiempo.

Se trata de personas melodramáticas por naturaleza, pero, si hablamos con suficientes de ellas, tendremos la sensación de que su miedo es real esta vez.

¿La modalidad de transmisión en streaming, el coronavirus y otros desafíos se han combinado para acabar, finalmente y de manera inequívoca, con lo que quedaba de Hollywood?

“Los últimos nueve meses han sacudido la industria del cine hasta sus cimientos”, comentó Jason Blum, el poderoso productor cuyos créditos incluyen la serie “La purga” y “BlacKkKlansman”.

Como un set de cine desmantelado

La transmisión en streaming, por supuesto, ha estado transformando el negocio del entretenimiento durante algún tiempo.

Netflix comenzó a distribuir películas y programas de televisión por Internet en 2007. Para 2017, Disney intentaba impulsar sus propias ambiciones en el mundo de la transmisión streaming al hacer una oferta con el fin de adquirir 21st Century Fox de Rupert Murdoch, y finalmente absorbió gran parte de la compañía por 71.300 millones de dólares para ampliar su biblioteca de contenido y obtener el control de Hulu.

Sin embargo, durante los últimos meses el cambio a la transmisión en streaming se ha acelerado muchísimo.

Con más de la mitad de los 5477 cines de Estados Unidos aún cerrados, más de una decena de películas originalmente destinadas a la pantalla grande han sido redirigidas a servicios de transmisión en streaming o plataformas de alquiler de películas online.

La última aventura de Pixar, “Soul”, se estrenará exclusivamente en Disney+ el día de Navidad. Competirá con “Wonder Woman 1984” (Warner Bros.), que llegará a los cines y a HBO Max el 25 de diciembre, un momento decisivo, según los analistas.

Mientras tanto, el dueño de Regal Cinemas, la cadena de multicines número 2 de Norteamérica, acaba de contraer una deuda de emergencia para evitar la insolvencia.

Tratando de mantener su propia compañía a flote, Adam Aron, director ejecutivo de AMC Entertainment, la cadena No. 1, citó a Winston Churchill en su más reciente reporte de ganancias. (”¡Lucharemos en las playas!”).

Además, la Asociación Nacional de Propietarios de Teatros ahora ruega para obtener un rescate federal. Sin ese rescate, el grupo comercial advirtió: “Los cines de todo el país corren el riesgo de quedarse a oscuras para siempre”.

Sin aparecer en los cines, ¿las películas aún son películas?

Luchando por responder esa pregunta sin ayuda, Hollywood enfrenta una verdadera crisis identitaria.

No obstante, la industria cinematográfica se enfrenta simultáneamente a otros desafíos. La indignación por el asesinato de George Floyd a manos de un policía ha obligado a la capital del cine a enfrentar su contribución al racismo y la desigualdad.

Los cierres de producción forzados por el coronavirus han dejado inactivos a decenas de miles de trabajadores del mundo del espectáculo.

Las dos agencias de talentos más grandes, Creative Artists y William Morris Endeavor, se han visto perjudicadas por el cierre, lo que ha dado lugar a una diáspora de agentes, algunos de los cuales están iniciando empresas competidoras, una reestructuración antes impensable.

Ha habido un abrupto cambio de jugadores en las filas de los puestos más altos de Hollywood, lo cual ha contribuido a la sensación de un vacío de poder.

Nueve de las veinte personas más poderosas del mundo del espectáculo, clasificadas hace un año por The Hollywood Reporter, han dejado sus empleos por diversas razones (jubilación, escándalo, guillotina corporativa).

Entre ellos se encuentran el número uno, Robert Iger, que dejó el cargo de director general de Disney en febrero, y Ron Meyer (número 11), cuya carrera de 25 años en Universal terminó en agosto en medio de un sórdido complot de extorsión.

En una conversación telefónica reciente que pareció más una sesión de terapia, un ejecutivo de Warner Bros. me dijo que “la ciudad” se sentía como un set de cine desmantelado: las relucientes fachadas falsas habían sido retiradas para revelar un grupo de simples mortales que vagan en medio del caos.

O quizás, continuó, hablando con la condición de mantener su anonimato para evitar conflictos con su empleador, la metáfora adecuada era una película, quizás “Lo que queda del día”, el drama de 1993 protagonizado por Anthony Hopkins en el papel de un mayordomo inglés.

Como Vincent Canby escribió en su crítica de The New York Times: la película de la casa productora Merchant Ivory trataba sobre “los últimos momentos extenuantes de un sistema feudal que debía haber desaparecido siglos atrás”.

‘La normal no era lo suficientemente buena’

No todo el mundo en Hollywood anda por ahí sintiendo estupor. Algunas personas incluso parecen llenas de energía, especialmente quienes han pasado sus carreras blandiendo martillos contra el “statu quo” de Hollywood.

Ava DuVernay, por ejemplo, ha hablado abiertamente sobre la necesidad de que los estudios se transformen para diversificar drásticamente sus filas superiores, que están llenas de manera abrumadora de hombres blancos, y también para dar prioridad a la narración de historias provenientes de voces mucho más diversas.

Su compañía de producción, ARRAY, utiliza como lema esta frase: “Nosotros debemos hacer el cambio”.

“Considero que este momento es una oportunidad”, me dijo DuVernay. “A veces tienes que armarte de fuerza y construir algo nuevo”.

“No será como antes de nuevo, ni queremos que lo sea. Queremos avanzar. Escucho a la gente decir que no pueden esperar a que Hollywood vuelva a la normalidad. Bueno, realmente me resisto a eso. La normalidad no era lo suficientemente buena. Todo este cambio en tan poco tiempo pone de manifiesto lo inestable que era el terreno para empezar”.

DuVernay, cuyos créditos de cine y televisión incluyen “Selma”, “Queen Sugar” y “When They See Us”, se volvió más directa.

“Algunas personas están asustadas, y yo tengo compasión”, dijo. “Pero sobre todo se trata de la gente que se aferra a la idea de que Hollywood es suyo y que fue construido a su semejanza, y harán cualquier cosa para aferrarse a él, incluso si eso significa destruirlo”.

Concluyó mostrándose exasperada respecto de las personas frágiles a quienes les preocupa que la costumbre de ir al cine haya desaparecido.

“Qué dramáticos”, dijo. “Los teatros no se van a ir a ningún lado, al menos no todos”.

De hecho, los multicines podrían experimentar una buena racha pospandémica. Debido a que muchos estudios han retrasado el estreno de sus películas más importantes, el calendario de estrenos del próximo verano parece un paraíso de éxitos de taquilla: “Viuda negra”, “Rápidos y furiosos 9”, “El conjuro: El diablo me hizo hacerlo”, “Los Cazafantasmas: La vida después de la muerte”, “Minions: El ascenso de Gru”, “Top Gun: Maverick”, “Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos”, “Hotel Transilvania 4” y “Venom : Carnage liberado” (por nombrar algunos).

Con un poco de suerte, los directores de los estudios dicen que las personas recién vacunadas saldrán en masa, en parte porque ya no darán por sentada la experiencia teatral.

En Japón, donde los cines están funcionando de nuevo en toda su capacidad (la respuesta del país al coronavirus ha mantenido bajos los casos y las muertes), más de 3,4 millones de personas acudieron el mes pasado a ver una película de animación, “Cazador de Demonios: Tren de Mugen”, en su fin de semana de estreno.

Un teatro de Tokio programó 42 proyecciones en un día para satisfacer la demanda.

“Hay una razón por la que la alocada década de 1920 ocurrió tras la pandemia de 1918”, dijo por teléfono J.J. Abrams, presidente de Bad Robot Productions.

“Tenemos una necesidad reprimida y desesperada de vernos, de socializar y de tener experiencias comunitarias. Y no hay nada más emocionante que estar en un cine con personas que no conoces, a las que no necesariamente les gustan los mismos equipos deportivos ni le rezan al mismo dios ni comen la misma comida. Pero están gritando juntos, riendo juntos, llorando juntos. Es una necesidad social”.

Los servicios de transmisión en streaming y los cines coexistirán, predijo.

“Creo que ir al cine es como ir a la iglesia y ver una película en casa es como rezar en casa”, dijo Abrams. “No es que no puedas hacerlo. Pero la experiencia es totalmente diferente”.

‘La gente cambia sus costumbres’ ¿Pero qué pasará en 2022, cuando la emoción de mezclarse con los demás se haya consumido, los estudios hayan superado los retrasos de sus éxitos de taquilla y los servicios de transmisión en continuo sean más fuertes que nunca?

¿Se acostumbrarán los jóvenes —acostumbrados durante la pandemia a esperar acceso instantáneo a nuevas películas como “Hamilton” y “Borat, siguiente película documental”— a ir al cine como lo hicieron sus padres y abuelos?

La Generación Z conforma una audiencia crucial: alrededor del 33 por ciento de los espectadores en Estados Unidos y Canadá el año pasado eran menores de 24 años, según la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos.

La mayoría de los jóvenes habrán pasado un año entero sin visitar un cine para cuando se espera que las vacunas sean desplegadas de manera generalizada.

“Sí, hay una demanda acumulada para ver películas en un cine”, dijo Peter Chernin, cuya carrera en Hollywood ha abarcado cuatro décadas. “Pero la gente cambia sus costumbres”.

Chernin, que supervisó el estreno de megapelículas teatrales como “Titanic” y “Avatar” mientras dirigía el imperio de Murdoch de 1996 a 2009, ya se ha unido al enemigo.

El año pasado, alineó su Chernin Entertainment con Netflix, donde tiene más de 70 películas en desarrollo.

Las películas en las que se especializa —dramas de alta calidad como “Talentos ocultos” y “Contra lo imposible”— son una especie en extinción en los cines.

Es muy difícil ganar dinero cuando el precio inicial de las campañas de marketing es de 30 millones de dólares.

Pero el público también ha cambiado. Lo siento, esnobs del cine: la mayoría de la gente parece estar de acuerdo en ver estas películas en sus livings (a veces, siento decírselo, también lo hacen en sus celulares).

“El cine como forma de arte no va a morir”, dijo Michael Shamberg, la fuerza productora detrás de películas como “Erin Brockovich”, “Reencuentro” y, muy “ad hoc”, “Contagio”.

“Pero la tradición del cine en la que todos crecimos, enamorándonos de las películas en un cine, ha terminado. El cine necesita ser redefinido para que no importe dónde lo veas. Mucha gente, tristemente, no parece estar preparada para admitirlo.”

En otras palabras, el arte puede vivir, pero el mito de las grandes pantallas como el todo y el fin se está desmantelando de una manera fundamental y quizás irreversible.

Debido a la pandemia, la academia del cine ha decidido por primera vez permitir que las películas estrenadas en servicios de transmisión en continuo no tengan un estreno en salas y sigan siendo candidatas para los premios de la Academia, lo cual acerca los Oscar a los Emmy. (La academia consideró que la medida era “temporal”, pero algunas personas, incluyendo a DuVernay, una de los 54 miembros votantes de la organización, piensan que será difícil dar marcha atrás).

La semana que viene, la carrera por el premio Oscar se pondrá en marcha con el lanzamiento de “Mank” de David Fincher.

La película, ambientada principalmente en la década de 1930 y filmada en blanco y negro, se concentra en el apogeo romántico de Hollywood —cuando las películas sí eran películas— y cuenta la historia de la creación de “El ciudadano Kane”. (El actor australiano Toby Leonard Moore interpreta a David O. Selznick).

Los críticos han sido transportados a otra época. “Esplendor de la máquina del tiempo”, escribió Owen Gleiberman en “Variety”.

“Una historia del Viejo Hollywood que está más impregnada de él —su glamour y su sordidez, sus jerarquías, su corrupción y su gloria— que cualquier otra película que se haya visto”.

Puedes encontrar “Mank” en Netflix.

Los estudios han hecho énfasis cada vez más en los servicios de transmisión en streaming como Disney+, que creó un éxito con “The Mandalorian”. (Philip Cheung/The New York Times)

Una entrada a los estudios de Universal en Los Ángeles el 10 de octubre de 2020. (Philip Cheung/The New York Times)

c.2020 The New York Times Company

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