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Cómo son las fiestas Kiki: una noche de boliche con chape y perreo sin prejuicios

Cómo son las fiestas Kiki: una noche de boliche con chape y perreo sin prejuiciosLa hora de los lentos. Baile y diversión en una de las fiestas Kiki. Foto Martín Bonetto

Hay que reconocer que después de tres horas observando, conversando con los protagonistas y hasta dando algún paso en la pista de baile, la Fiesta Kiki moviliza interiormente, contagia alegría, estimula, provoca admiración... y vale subrayar que se sale diferente respecto de cómo se entró.

La Kiki, "nombre que le puse porque suena simpático", inventado por su creadora la actriz y docente Tamara Garzón, es para personas con distintas discapacidades, que -se advierte- terminan la velada contentos, excitados y felices.

Contra todos los prejuicios, la Kiki es una noche de boliche que le hace un corte de mangas a la infantilización. Jóvenes y adultos encontraron su espacio propio, un lugar de pertenencia donde pueden bailar, escuchar música, cantar y comer sin percibir la mirada del otro.

"La idea arrancó en la pandemia, de manera virtual, hasta que me decidí a llevarlas al modo presencial y mirá lo que es esto, hay más de 100 personas -cuenta Tamara, conductora y DJ de la noche- que están alucinadas. Es el lugar donde ellos se desinhiben, perrean, hay levante, chape, sensualidad, es un momento de despilfarro hermoso", dice la mentora mientras pilotea su nave.

Las fiestas se hacen una vez por mes y duran tres horas, entre las 20 y las 23. La última edición costó $ 2.200 la entrada y $ 1.200 la comida y bebida. Clarín está en un salón en la calle Gallo al 1200, frente al Hospital de Niños y la temática tiene que ver con el inicio de la primavera. La próxima será el 27 de octubre, en el Centro Cultural El Limonero y la referencia será Halloween.

En las fiestas hay un equipo multidisciplinario que está atento a que los participantes se diviertan y todo se desarrolle sin inconvenientes. Foto: Martín BonettoEn las fiestas hay un equipo multidisciplinario que está atento a que los participantes se diviertan y todo se desarrolle sin inconvenientes. Foto: Martín Bonetto

La música está a pleno y la pista desborda. Predominan las risas, "la sensación de libertad y el sentido de pertenencia", según dicen los propios protagonistas y sus familiares, que están sentados en una suerte de platea como espectadores o bien, como hace la mayoría, vuelven a la hora de finalización.

"Yo la dejé a mi hija Magalí y me fui a una cena. Ella prefiere que me vaya, quiere estar sola y yo la paso a buscar cuando termina", cuenta Carlos Furgiuele. "Me gusta tener un lugar así, con mi novio estamos felices de poder venir acá a bailar y tener nuestro momento", se anima la propia Magalí (29), que tiene síndrome de Down y presenta a Ezequiel, su tímido novio.

"Mi papá dice que uno en la vida se tiene que sentir hecho cuando desarrolló una buena idea... Y creo que con la Kiki yo estoy hecha", dice Tamara Garzón, su hacedora. Foto: Martín Bonetto"Mi papá dice que uno en la vida se tiene que sentir hecho cuando desarrolló una buena idea... Y creo que con la Kiki yo estoy hecha", dice Tamara Garzón, su hacedora. Foto: Martín Bonetto

Martín Turchetti tiene síndrome de Williams, vino a celebrar sus 47 años y cuenta que está chocho por el descubrimiento. "Me encanta estar acá, es mi mejor cumpleaños y quiero venir a todas las fiestas que pueda".

Junto a él se encuentra Victoria, su hermana psicóloga: "La verdad es que no sabíamos nada de las Kiki y nos enteramos hace unos días por las redes, se lo comenté a Martín y aquí estamos. En un momento lo dejé solo y veía que bailaba, cantaba, interactuaba. Resumiendo mucho lo que tiene es como una especie de retraso madurativo".

Victoria llevó por primera vez a su hermano Martín a la fiesta Kiki para celebrar su cumpleaños 47. Foto: Martín BonettoVictoria llevó por primera vez a su hermano Martín a la fiesta Kiki para celebrar su cumpleaños 47. Foto: Martín Bonetto

Hay un grito al unísono con la primera estrofa de "Disparo al corazón", el lentazo de Ricky Martin. Hay parejas y también gente sola que viene "a buscar a su media naranja". Como en cualquier boliche la aceptación y el rechazo son monedas de cambio.

No faltan aquellos más posesivos o alguna escena de celos, pero todo se desarrolla con una amorosidad que incluye a este cronista. Una pareja exterioriza dulzura a los besos y bailando al compás de Ricky, aparece un chico que los interrumpe y los tres se abrazan carcajadas incluidas.

Baile y diversión en la fiesta Kiki. Foto Martín Bonetto Baile y diversión en la fiesta Kiki. Foto Martín Bonetto

Sandra Quiróz esta sentada siguiendo con la mirada a su hijo Tobías (16). "Lo veo bien, fijate, es aquél que está allá tomando una gaseosa -señala y saluda-. Disfruta, sonríe, canta, la verdad es que esto no tiene precio. Valió la pena el esfuerzo de venir desde Castelar en colectivo... Mi hijo tiene hipoacusia neurosensorial y no escucha, pero miralo, se mueve solo, busca acercarse a otras personas, sin sentirse dependiente de si yo estoy detrás. También para mí es un respiro".

Mariana tiene discapacidad motriz y se mueve, con mucho esfuerzo y empeño, con un andador. Se las ingenia para bailar un tema de Wos, pero pegadito a ella está Hernán, su novio.

"No existe ningún espacio como éste", dicen los familiares, que están felices con "este lugar que se volvió su espacio de pertenencia". Foto: Martín Bonetto"No existe ningún espacio como éste", dicen los familiares, que están felices con "este lugar que se volvió su espacio de pertenencia". Foto: Martín Bonetto

"Vinimos a varias fiestas Kiki y la pasamos muy bien... Lo que más me gusta es verla bailar y sonreír, y yo estoy cerca por si necesita ayuda", expresa él. Ella lo mira hipnotizada. "Me convenció y aquí estoy, haciendo el milagro de bailar", complementa ella.

De costado se la ve a Tamara Garzón capitaneando la velada, agitando y arengando para que todos la pasen bien. Y anuncia el número de baile de Nadia Sol, una chica con síndrome de Down, alumna de la escuela de teatro de la creadora, que asombra con sus movimientos y destreza, logrando una performance tan lucida como sexy. El baile se interrumpe un rato, se forma un círculo y el espectáculo de Nadia provoca la algarabía de los asistentes.

El número de baile de Nadia Sol conmueve, sorprende y provoca los aplausos de todos los asistentes. Foto: Martín BonettoEl número de baile de Nadia Sol conmueve, sorprende y provoca los aplausos de todos los asistentes. Foto: Martín Bonetto

Durante las tres horas que dura la fiesta hay un equipo multidisciplinario que, además de estar atento a lo que va sucediendo, también conecta y estimula a aquellas personas más tímidas o introvertidas. "A veces alcanza con un empujoncito para que se animen, y en otras nosotros somos los que bailamos con ellos o los acompañamos. Tratamos de que nadie esté solo o se sienta solo", dice Juana Martino, psicóloga que tiene varias ediciones de Kiki en su haber.

Guillermo Valdivia sonríe viendo sonreír a su hijo Nicolás, que tiene retraso madurativo, y le levanta el pulgar cuando cruzan mirada. "Es la tercera vez que vinimos y la pasa bárbaro. Le encanta todo este ambiente de luces, música y esto de conectarse con pares... La pasa súper y la verdad que es un hallazgo este espacio, ojalá fueran todas las semanas. El laburo que hace Tamara Garzón es para hacerle un monumento".

La fiesta Kiki es el lugar de pertenencia, donde se descontracturan, se desinhiben y muestran su autonomía. Foto: Martín BonettoLa fiesta Kiki es el lugar de pertenencia, donde se descontracturan, se desinhiben y muestran su autonomía. Foto: Martín Bonetto

Nos acercamos a Tamara, que parece la mujer orquesta por las distintas actividades. "¿Te gusta? -pregunta en tono elevado a Clarín-. Viste la onda que se produce, es maravilloso. Puedo decir que ya construyó una identidad propia, tiene personalidad, el que viene ya sabe con qué se va a encontrar", dice mientras suena "Color Esperanza". Dejando asomar su pancita de cuatro meses de embarazo, desliza orgullosa: "Se logra el objetivo, que es que la gente se desestructure, se desinhiba y muestre su sensualidad... Mirá estos dos", apunta a una parejita cachonda.

Profesor de teatro, Marco Gianoli camina el amplio salón y está atento a todos los presentes, les levanta el pulgar por si necesitan algo. "La fiesta Kiki es un lugar de diversión, permite igualar las posibilidades sin prejuicios. Tampoco es solemne ni infantil. Si tomás distancia, la foto que se ve es como cualquier fiesta y como en cualquier fiesta hay sensualidad y perreo. La franja etaria es muy amplia, desde 18 años hasta 50".

Silvina Amato baila con su hija Camila, que tiene un severo retraso y con quien se comunica con señas. "Esto es espectacular, poder estar acá con Cami, divirtiéndonos, es impagable. Acá a todos los veo seguros, convencidos de querer pasarlo bien y lo advierto en mi hija, que es sumamente dependiente y acá en la fiesta se suelta y se integra a las coreografías".

Reencuentro y amistad. Las fiestas Kiki los reunió y hoy armaron un grupo sólido. Foto: Martín Bonetto.Reencuentro y amistad. Las fiestas Kiki los reunió y hoy armaron un grupo sólido. Foto: Martín Bonetto.

Integrado a la conversación, Edgardo García asiente. "Mi hijo Leandro tiene 44 años, allá está, con una vincha y saltando. Sabés los años que uno esperaba algo así... No te das una idea lo que significa para él y para mí, para su familia. Ya vinimos a varias ediciones de las Kiki, pero no le puedo avisar dos o tres días antes, porque no duerme de la excitación que le produce. Hoy le avisé un rato antes y se puso tan contento...".

Psicóloga, Daniela Santini está acá y allá. Ejerce de recepcionista, entrega los tickets, cobra pero también regentea el ambiente. "Lo que se produce en esta atmósfera es mágica, lo podés ver con tus propios ojos... El disfrute salpica, la conexión con el otro es total y la liberación, absoluta. Este espacio los muestra auténticos..., les ofrece una autonomía que no encuentran en otro lado y se relajan tanto que que buscan el protagonismo todo el tiempo. Como que les irrumpe una necesidad de mostrarse, de ser vistos".

En familia: el actor Gustavo Garzón pasó a saludar a sus hijos Tamara, Juan y Mariano. Foto: Martín BonettoEn familia: el actor Gustavo Garzón pasó a saludar a sus hijos Tamara, Juan y Mariano. Foto: Martín Bonetto

Aparece Gustavo Garzón cerca del final de la velada. Viene de "Votemos", la obra que protagoniza en avenida Corrientes. Varios lo reconocen, saben que es el papá de Tamara y de los melli Mariano y Juan, a los que viene a buscar. Y aprovecha para tirar unos pasos con los amigos de sus hijos, comerse un panchito y sin buscar protagonismo desliza al pasar: "¿Qué me parece esto? ¡Es la mejor fiesta del mundo, qué duda cabe!".

Se prenden las luces y Tamara desde la consola de control anuncia el final, que reprueban todos los asistentes. Hay ganas de pachanguear hasta la medianoche a pesar del cansancio. "Por favor, devolver el cotillón, que nadie se lo choree, es carísimo", lanza una humorada la alma mater, que se siente satisfecha. "Misión cumplida", le dice a su equipo.

Hay que despedir a los amigos, ordenar, pagar y a descansar. Queda el último contacto con Tamara Garzón. "¿Mi sueño? Soy muy obse, siempre aspiro a más y me encantaría seguir creciendo con todo lo vinculado a la discapacidad... Ojalá poder viajar al interior con este formato, creo que sería muy importante. Pero honestamente, me siento hecha, ya está, es un gran logro haber creado esta fiesta... La Kiki es mi primera hija y me enorgullece mucho".

Hernán no se despega de su novia Mariana, a quien ayuda para bailar y cuidar que no se caiga. Foto: Martín BonettoHernán no se despega de su novia Mariana, a quien ayuda para bailar y cuidar que no se caiga. Foto: Martín Bonetto
Un grupo de jóvenes asistentes a la Kiki. La fiesta tiene un amplio rango etario. Foto Martín Bonetto Un grupo de jóvenes asistentes a la Kiki. La fiesta tiene un amplio rango etario. Foto Martín Bonetto
Baile. La Kiki es como cualquier boliche. Foto Martín BonettoBaile. La Kiki es como cualquier boliche. Foto Martín Bonetto
Los familiares también pasan un rato distendidos en la Kiki. Foto Martín Bonetto Los familiares también pasan un rato distendidos en la Kiki. Foto Martín Bonetto
DJ. Tamara, la organizadora, con sus hermanos. Foto Martín Bonetto DJ. Tamara, la organizadora, con sus hermanos. Foto Martín Bonetto
La hora de los lentos, en la fiesta. Foto Martín BonettoLa hora de los lentos, en la fiesta. Foto Martín Bonetto
Cotillón y remera con el logo de las fiestas. Foto Martín BonettoCotillón y remera con el logo de las fiestas. Foto Martín Bonetto
Las Kiki son un espacio para el encuentro sin prejuicios. Foto Martín BonettoLas Kiki son un espacio para el encuentro sin prejuicios. Foto Martín Bonetto
Sonrisas y abrazos. Las Kiki son un lugar de encuentrosFoto Martín BonettoSonrisas y abrazos. Las Kiki son un lugar de encuentrosFoto Martín Bonetto
Diversión para todos. El público baila en la Kiki. Foto Martín BonettoDiversión para todos. El público baila en la Kiki. Foto Martín Bonetto
Cotillón en la fiesta. Foto Martín BonettoCotillón en la fiesta. Foto Martín Bonetto
Javier Firpo

Redactor de la sección Sociedad

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