Argentina

Coronavirus en Argentina: la cuarentena laxa, siete días de histeria y la suerte de una cifra

Este lunes 13 de julio se cumplen 116 días de confinamiento obligatorio y empieza la cuenta regresiva de cara al viernes 17, fecha de vencimiento de la cuarentena dura que fijó el Gobierno para aplanar la curva de contagios por coronavirus. Sumarán 120 los días a la sombra, casi dos cada tres en lo que va de 2020. El otoño pasó de largo. Del invierno va casi un mes.

La curva por el momento no baja, pero la Ciudad quiere surfear sobre esa ola. Asumió la última etapa de la cuarentena a regañadientes. Las condiciones que dispuso el gobierno nacional fueron diseñadas a medida del GBA. Ahora, los funcionarios porteños buscaron instalar pronto la idea de un horizonte optimista para ensayar rumbos posibles de libertad.

El ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, inauguró hace siete días un circuito de histeria dialéctica al que luego se sumaron varios. Dijo que la gente ya no aguantaba la cuarentena y que el 17 de julio seguramente habría que volver a flexibilizar. Eso causó un previsible choque inicial con la Provincia y el gobernador Axel Kicillof respondió que la Ciudad tenía más contagios por cantidad de habitantes que el GBA.

Al día siguiente, la Ciudad quiso bajarle el tono a los dichos de Quirós para que el duelo verbal no escalara, aunque lo del ministro no pareció el desliz de un declarante inhábil, sino la traducción pública del ánimo larretista. El titular de Salud bonaerense, Daniel Gollán, a tono con la virulencia del Covid, retrucó sin vueltas que si llegaban a abrir el Conurbano estallaban Córdoba y Rosario. Su vice, Nicolás Kreplak, y el ministro de Seguridad del distrito, Sergio Berni, siguen creyendo que la primavera es buena referencia para una apertura.

Tras el primer chisporroteo, Kicillof se reunió con el ministro de Salud nacional, Ginés González García, para analizar la situación sanitaria y las chances de permitir actividades no esenciales en el GBA. Mientras eso ocurría, los contagios llegaban a un nuevo récord en la Argentina, por encima de los 3.600 registrados en 24 horas, y el presidente Alberto Fernández aseguraba que estábamos atravesando el “pico”.

Con una salvedad: desde el 1° de julio, cuando comenzó la cuarentena dura, la cantidad de casos en la Ciudad creció el 33 por ciento: pasó de 28.784 a 38.335; en la Provincia ese incremento fue del 53 por ciento, entre los 35.055 de base y los 53.661 del último informe de este domingo. Eso habla de una aceleración dispar, General Paz mediante, que excede la excusa demográfica.

A esta altura de la pandemia, las decisiones comienzan a ser más políticas que sanitarias. Los funcionarios alzan la voz y el comité de expertos la baja. El desgaste de la economía y del poder central crecen. Y se ha llegado al punto en que el encierro de la población como remedio ante la ausencia de una vacuna empieza a chocar contra su propio límite. Ese escenario preventivo, epidemiológicamente ideal, caducó de hecho, aunque a la gente se le diga que la cuarentena continúa.

El último viernes hubo reunión de Gabinete porteño y a su término se “filtró” el cronograma de la esperanza, un borrador que indica cómo piensan ir liberando el movimiento en la Ciudad, empezando por los comercios de cercanía y el regreso del running, más alguna sortija extra para las salidas familiares. Todo indica que en la Provincia, aun con voces disonantes y una curva que ladra, también habrá un alivio. Pero la elasticidad del cepo urbano se presume más modesta.

Pese a que en la arquitectura de la fase que prosiga la política vaya a ser lo que mande, y a que la disposición general sea exorcizar el “paraíso de ermitaños” que se ha vuelto el área metropolitana, hay una cifra clave: su descontrol puede hacer que las alas de libertad tengan vuelo corto. ¿Qué significa esto? Que si la capacidad de las terapias intensivas colapsa como ya se vio en otros países, seguramente serán los mismos ciudadanos los que no querrán salir a la calle.

La suerte en la progresión de ese dato puede potenciar el impulso de desandar la cuarentena o, en su defecto, aplacarlo. Hasta el martes pasado hubo un crecimiento lento pero sostenido de la demanda de unidades de terapia intensiva (UTI) de internados por Covid, hasta llegar a 688 pacientes. El número había bajado el jueves, a 662. Pero el viernes volvió a subir a 686; el sábado, a 701; y el domingo, a 735, el máximo registrado hasta ahora.

El 1° de julio eran 576 los pacientes de coronavirus en las UTI. Así y todo, la ocupación de las terapias intensivas por cualquier patología se mantuvo relativamente estable en el AMBA. De un 55,9 por ciento trepó al 60,2, el martes pasado. El sábado bajó al 58,2 por ciento y el domingo quedó en 59,5. En suma, la demanda no se disparó y luego de tres semanas de fase 1 no debería haber grandes cambios.

Hay otra cuenta que importa. La diferencia de casos de coronavirus confirmados en el país entre el primer día del mes y este domingo fue de 30.969. Pasaron de 67.197 a 100.166. Mientras que el aumento de la ocupación de camas de terapia intensiva por Covid fue de 159 personas: el 0,51 por ciento. O para decirlo de otro modo, uno de cada 194 infectados.

Un segundo dato, que alimenta al de las UTI, es el índice de contagiosidad. En la Ciudad volvió a aumentar unas centésimas a fines de la semana pasada y luego se mantuvo estable. Pasó de 1,02 a 1,06. Esto quiere decir que 100 personas contagian a 102 o 106, respectivamente. Este sábado, el vicejefe de Gobierno, Diego Santilli, habló de un nuevo descenso, y hoy estaría en 1,05. Cuando ese índice llamado R0 se ubique por debajo de 1, la curva de contagios empezará a bajar. En el GBA el R0 es más alto, pero la Provincia evita difundirlo en continuado.

Un tercer dato complementario puede terminar de abonar el terreno para consensuar una etapa de confinamiento laxo: la cantidad de altas se aceleró. Cada vez más gente genera anticuerpos y, al mismo tiempo, la proporción de infectados con potencialidad de contagiar es menor. El porcentaje de curados era bajo en la Argentina y, aunque aún es inferior al promedio mundial, mejoró. Hoy está en el orden del 44 por ciento. Eso también da respiro a los hospitales.

Mientras tanto, el Estado libra su carrera contra la transmisión comunitaria del virus. Apura los operativos de rastrillaje en los barrios para identificar y neutralizar a los infectados, con el objetivo de que contagien lo menos posible. Y de esa manera ralentizar el porcentaje de casos sobre los que ya no se puede saber cómo ni dónde se originaron. Cuantos más contactos estrechos lleguen a ser aislados, el grado exponencial de la pandemia será menor.

Quedan cinco días para el 17 de julio y se prevé un sinfín de reuniones. Más allá de los matices territoriales, Alberto Fernández será el que finalmente comunique el viernes a los habitantes del AMBA con qué rigor seguirá la cuarentena y por cuánto tiempo. La cifra diaria de casos y de muertes en esta cuenta regresiva puede subir o bajar. Es el revelado de una foto vieja. El futuro sigue siendo incierto. Los datos duros girarán en el aire y exigirán al Presidente una inevitable cuota de riesgo.

PS

Football news:

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All 11 Barca players touched the ball before Messi's goal against Napoli
Cakir cancelled out Messi's goal and awarded penalties to Barca and Napoli
Messi has been scoring in the Champions League for 16 years. Raul did this for 17 years
The second goal of Barca is pure magic of Messi: lying down (!) scratched the ball in the fight with 3 defenders and hit the far one
Messi scored the 27th goal in the matches of the 1/8 final of the Champions League. Ronaldo has 2 goals less
Messi has scored 35 goals for clubs in the Champions League – two more than Ronaldo