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Día del Orgullo Primate: quién es Lucy, la "abuela de la humanidad", que confirmó la teoría de Charles Darwin

Este 24 de noviembre se celebra el Día de la Evolución y, desde 2010 en España y América Latina, el Día del Orgullo Primate. Aunque parezcan celebraciones complementarias y sinónimas, puede que se trate de conmemoraciones opuestas. La fecha fue establecida a partir de dos acontecimientos distantes. El 24 de noviembre de 1859 se publicó El origen de las especies de Charles Darwin, el libro que sentó las bases de la biología evolutiva a partir de la selección natural. También un 24 de noviembre, pero de 1974, se produjo el hallazgo de Lucy, considerada la “abuela de la humanidad”. Eran los tiempos en que sonaba Lucy in the Sky de los Beatles cuando a unos 160 kilómetros de Adís Abeba –en Etiopía–, Donald Johanson (paleoantropólogo del Museo de Historia Natural de Cleveland) junto con sus colegas franceses Yves Coppens y Maurice Taieb, dieron con Lucy (AL 288-1), un conjunto de fragmentos óseos pertenecientes al esqueleto de un homínido de la especie Australopithecus afarensis, de 3,2 a 3,5 millones de años de antigüedad.

Detrás de una conmemoración aparentemente trivial, hay una profunda reivindicación de las ciencias y de nuestra relación con los animales, no sólo en un contexto en el que grupos fundamentalistas religiosos en muchos países todavía desconocen la teoría de la evolución e impulsan el creacionismo –el origen divino de la humanidad– en los colegios, sino también, en un contexto en el que muchas especies animales se encuentran al borde de la extinción y muchas organizaciones sociales reivindican el trato ético con todos los seres vivos y el inmediato cese de la explotación y del consumo de carnes a nivel mundial.

El “animalismo” como movimiento social se desarrolla a partir de la publicación en 1975 de Animal Liberation (Liberación Animal) de Peter Singer, que brega por una nueva ética para nuestra comprensión de los animales. El libro volvió a encender el debate sobre la capacidad de sufrir de muchos seres vivos y popularizó la noción de “especismo”, originalmente acuñada en 1970 por Richard Ryder, uno de los pioneros del Frente por la Liberación Animal.

Para Peter Singer, el buen trato a los animales y su concepción como seres vivos más allá de su condición alimentaria forman parte de una cuestión ética.

Para Peter Singer, el buen trato a los animales y su concepción como seres vivos más allá de su condición alimentaria forman parte de una cuestión ética.

En la larga historia evolutiva, la separación entre humanos y animales es un hecho relativamente reciente. Comienza en la antigüedad clásica a partir del dualismo platónico que separa a la mente del cuerpo y a la naturaleza de la razón. En el siglo XVII se instituye una nueva escalada de nuestra separación con los animales, a partir del dualismo cartesiano que desjerarquiza por completo a lo no-humano e instrumentaliza a la naturaleza.

Se comienzan a considerar a los animales como objetos y se los reduce a mera materia de explotación y consumo. Esta visión antropocéntrica será cuestionada por filósofos de la Escuela de Frankfurt como Max Horkheimer y Theodor Adorno, quienes en 1944 establecen, en Dialéctica de la Ilustración, la noción de “razón instrumental” para cuestionar el dominio total de las esferas técnicas y económicas por sobre la naturaleza sin tomar en cuenta ningún atisbo ético o moral. Nuevas corrientes filosóficas contemporáneas revisan esta historia del pensamiento para cuestionar nuestro régimen “especista”, centrado únicamente en el beneficio de nuestra especie a expensas de todas las demás.

Compartimos el 40% de nuestro ADN con los gusanos, el 40% con las gallinas, el 80% con los ratones y el 96,4 % con los orangutanes. Nos separamos de los gorilas hace tan solo unos ocho millones de años. Acontecimientos de distinto orden están demostrando que no está tan clara la supremacía de la humanidad por sobre los animales. Si se trata de una cuestión de números, hay especies que son más numerosas que la nuestra sobre el planeta –como las hormigas por ejemplo–. Y si se trata de desarrollos tecnológicos, las industrias y las tecnologías están produciendo una contaminación inédita que está poniendo seriamente en riesgo la supervivencia de nuestra especie.

"Monos en la escuela" (hacia 1660), de David Teniers.

"Monos en la escuela" (hacia 1660), de David Teniers.

El lado oscuro de la naturaleza

La historia de nuestra relación con los animales y la naturaleza también ha sido magistralmente retratada en la historia del arte. Tal como en El mono pintor de Jean Chardin, quien en 1740 puso a un simio con paleta frente a un óleo. Acusado de ser un vulgar pintor de bodegones, en la obra Chardin se burla de los demás pintores, en quienes ve el impulso instintivo de imitar a la naturaleza, a la manera en que los monos también lo hacen. La obra de Chardin forma parte de las singerie –del francés: monerías–, consistentes en la representación en el arte de escenas protagonizadas por monos con actitudes humanas.

Entre los siglos XVII y XVIII encontramos algunas de las grandes obras del género, como Monos jugando cartas de Abraham Teniers (circa 1660), Monos fumadores y bebedores y Monos en la escuela de David Teniers el Joven (hacia 1660) y El mono escultor de Jean-Antoine Watteau (1710). La tradición también nos llega desde antes, con la composición de Dos monos (1562) de Brueghel el Viejo, uno de los cuadros más enigmáticos de toda la historia del arte. Todas obras que en diverso grado tratan no tanto sobre la estigmatización de los animales sino más bien a la inversa: de la pervivencia de caracteres de la animalidad en humanos.

"Dos monos" (1562), de Brueghel el Viejo.

"Dos monos" (1562), de Brueghel el Viejo.

Este año, en que los animales después de siglos entraron por primera vez a las ciudades y muchos seres humanos permanecimos encerrados, también podríamos recordar las pinturas de Gilles Aillaud. Aillaud dedicó gran parte de su trabajo a la pintura de animales encerrados. Ha pintado hipopótamos, rinocerontes, tigres, elefantes, leopardos, pingüinos y serpientes en lugares de encierro. Hay dos cuadros suyos de leones encerrados que son verdaderamente sorprendentes. En uno de ellos se ve a dos leones entre rejas y sobre dos estantes, signo de hasta qué punto con el encierro no fue suficiente, y se necesitó todavía algo más: arrinconarlos contra las paredes. Pero lo que más impacta, es ver el modo en el que los dos leones aceptan apaciblemente su destino. La pintura de Aillaud está hecha sobre la convicción de que finalmente todos, humanos y animales, compartimos un mismo destino.

En 2020 se cumplieron 60 años de la llegada de Jane Goodall al Parque Nacional Gombe Stream en Tanzania. Ella ha estudiado a los chimpancés a lo largo de décadas.

En 2020 se cumplieron 60 años de la llegada de Jane Goodall al Parque Nacional Gombe Stream en Tanzania. Ella ha estudiado a los chimpancés a lo largo de décadas. Comenzó dando nombre a los individuos en lugar de clasificarlos con números, y rápidamente descubrió indicios de personalidad en cada uno de ellos. Descubrió que cosas como el pensamiento racional y la alegría o la tristeza no eran patrimonio exclusivo de la humanidad: los chimpancés también se abrazaban y besaban y se daban palmadas en la espalda entre todo un conjunto de actitudes que nosotros consideraríamos “humanas”.

La inglesa Jane Goodall, pionera en el estudio de chimpancés. Foto AP.

La inglesa Jane Goodall, pionera en el estudio de chimpancés. Foto AP.

Aunque al principio ella mantuvo una esperanza ingenua en la imagen de vida pacífica que los chimpancés le brindaban, al poco tiempo descubrió que tenían política. Entre sus descubrimientos, notó que existían diferentes grupos en conflicto, que se asesinaban entre ellos y acometían canibalismo para mantener sus privilegios. Al poco tiempo descubrió que ellos también tenían, al igual que los humanos, una naturaleza terriblemente oscura y violenta. Si bien ella pudo mantener un vínculo relativamente cercano con uno de esos grupos, había otros grupos de chimpancés que secretamente conspiraban más allá de los confines de su asentamiento. Allí se debatía sobre la conveniencia o no de mantener a Jane cerca de sus vidas. Finalmente, entre 1974 y 1979 tuvo lugar la Guerra de Chimpancés de Gombe, con el campamento de Jane en el medio del conflicto.

Las comparaciones científicas

Con algunos homínidos compartimos el 98,4 % de nuestro ADN. Las similitudes han llevado a científicos de todo el mundo a realizar diferentes estudios. ¿Qué hay en ese 1,6 de diferencia genética que nos hace humanos? Los resultados de algunas pruebas científicas son asombrosos.

Las Pruebas de la Marca demostraron que compartimos con los primates la capacidad de autorreconocimiento frente a los espejos. Distintas observaciones constatan que nuestra capacidad de fabricar herramientas también está presente en los simios e inclusive en algunos peces. En cuanto a la capacidades de aprendizaje –esto es, en cuanto a la capacidad de recorrer distintos caminos para el alcance de un mismo objetivo–, es donde ya podemos encontrar algunas diferencias.

Compartimos el 40% de nuestro ADN con los gusanos, el 40% con las gallinas, el 80% con los ratones y el 96,4% con los orangutanes. Nos separamos de los gorilas hace tan solo unos ocho millones de años.

Curiosamente, hay cosas que los chimpancés realizan mejor que nosotros. En la Prueba de la Caja Negra y la Caja Transparente, científicos demostraron que los chimpancés realizan el camino directo para la obtención de un fin, mientras que los humanos muchas veces realizamos rodeos inútiles por automatismo o por la tendencia a copiar e imitar: lo cual muchas veces nos lleva a hacer cosas inexplicables, en absoluto relacionadas con el motivo por el cual realizamos una actividad.

"Monos jugando cartas" (hacia 1660), de Abraham Teniers.

"Monos jugando cartas" (hacia 1660), de Abraham Teniers.

Esta diferencia podría estar dada por la tendencia humana a apegarnos con mayor fuerza a las tradiciones. Somos más capaces de realizar las mismas actividades a lo largo de muchas generaciones distintas simplemente porque preferimos eso antes que el costo que implica innovar. De allí que algunos científicos sostengan que tomar un atajo para la obtención de un fin puede ser, antes que un signo de inteligencia, un mayor indicio de animalidad del que estamos dispuestos a admitir.

En La Prueba de la Memoria Instantánea, Tetsuro Matsuzawa –profesor de la Universidad de Kioto y Director del Primate Research Institute (Instituto de Investigación de Primates)– demostró que en 0,65 segundos los chimpancés pueden recordar secuencias de números del 0 al 9 ubicados en una posición aleatoria y en constante cambio con un tasa de éxito del 100%. Los niños, dotados de mayor memoria instantánea que los adultos, sólo pueden hacer la prueba en varios minutos. Y con una tasa de éxito de tan sólo el 30 y el 40%. Se ha llegado a la hipótesis de que quizá esa falta de memoria instantánea es a lo que la humanidad debió renunciar para la obtención de una capacidad millones de veces más importante: el lenguaje.

Hansell Stedman, de la Universidad de Pennsylvania, descubrió que hace unos 2,4 millones de años se produjo el debilitamiento del músculo mandibular. Es ese pequeño cambio genético, lo que hizo posible el desarrollo de nuestros cerebros. Si unimos el debilitamiento de la capacidad mandibular y el desarrollo de nuestros cerebros obtenemos dos cosas. Por un lado la necesidad de desarrollar herramientas para reemplazar con nuevos utensilios la capacidad disminuida de nuestros dientes. Por el otro, damos posibilidades a la cavidad bucal para que la lengua comience a bailar dentro de ella y, así, experimentar con sonidos nuevos, realizar intercambios sonoros, inventar el lenguaje.

"El origen de las especies", de Charles Darwin. Publicado en 1859, es la obra capital de la Teoría de la Evolución.

"El origen de las especies", de Charles Darwin. Publicado en 1859, es la obra capital de la Teoría de la Evolución.

Entre otros hallazgos, en el Centro Wellcome de Genética Humana de la Universidad de Oxford, en los años 90 se descubrió el gen FOXP2, el gen de la comunicación. Es un gen que está presente en muchos vertebrados y especialmente en los pájaros, pero que sufrió las modificaciones necesarias para el desarrollo del lenguaje humano recién hace unos pocos miles de años. Es posible que todavía nos encontremos en la prehistoria de la comunicación.

Pero fuera del lenguaje y de la capacidad para desarrollar tecnologías, es la Prueba de la Capacidad de Cooperación la que arroja la diferencia más asombrosa entre simios y humanos. La Capacidad de la Cooperación es una capacidad muy limitada en los simios. Los chimpancés, por ejemplo, sólo son capaces de cooperar si ello los conduce a la obtención de algún beneficio. Son incapaces de hacerlo gratuitamente, por altruismo, solidaridad o por la alegría de hacer algo bueno. Y eso es así porque los humanos poseemos la capacidad de confiar en las buenas intenciones de los demás. Algo que asimismo puede que se encuentre en retroceso en nuestra especie, señal de que la evolución no es un camino lineal sino más bien un sendero lleno de altibajos. La solidaridad entre los humanos reaparece con fuerza ante las grandes catástrofes, en momentos como los de los terremotos, los tsunamis y las erupciones volcánicas.

Nuestra capacidad de cooperación sin obtener una ganancia personal, por fuera de la facultad del lenguaje, esa sea posiblemente la cualidad humana más sobresaliente y lo que más nos distingue de los animales. Una cualidad que, al igual que la del lenguaje, no está igualmente distribuida en toda nuestra especie. Hay mediáticos que cuando usan Twitter o hablan en TV, ponen severamente en duda la capacidad humana del lenguaje. Y hay seres humanos que no conocen lo que es hacer algo por desinterés o solidaridad. ¿De qué lado está usted? ¿Del lado de los simios o los humanos? ¿Del lado de la cooperación sin la obtención de ningún beneficio? ¿O del lado del quid pro quo, la política y los negocios: del lado del algo-a-cambio de algo?

PC

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