Argentina

Diego Maradona cumple 60 años: el paso difícil por Barcelona y el día en que casi le arruinan la carrera

Me partió el tobillo en nuestro campo, a 60 metros del arco de ellos. Nunca creí que iba a venirme a buscar con tanta mala leche. Cuando paro la pelota, siento un ‘crack’, como cuando se rompe una madera”.

24 de septiembre de 1983. Iban 14 minutos del segundo tiempo en el Camp Nou y Barcelona se imponía por 2-0 frente al Athletic de Bilbao, último campeón de LaLiga. Diego Armando Maradona se apropió de la pelota a pocos metros de su arco y, antes de que la tocara por segunda vez, sucedió la desgracia.

El vasco Andoni Goikoetxea, que segundos atrás había abandonado su puesto de marcador central al tiempo que avanzaba con la mira puesta en su objetivo, se tiró con los tapones de punta e impactó el tobillo izquierdo de Diego. Fue una falta fuerte y despiadada, de esas que no generan gritos y reclamos en la tribuna, sino un silencio de compasión por la víctima.

Su primera reacción tras caer al suelo fue darse la vuelta y mirar fijo a su rival. Luego, observó su tobillo e imaginó la larga recuperación que le demandaría (“No pensaba en absolutamente nada. Estaba concentrado en la lesión que podía alejarme de las canchas"). Finalmente, el dolor se evidenció y él comenzó a revolcarse en el piso. Goikoetxea recibió una amarilla y Diego se retiró del estadio en ambulancia.

“Fractura del maléolo peroneal del tobillo izquierdo, con desviación. Arrancamiento del ligamento lateral interno con desgarro. Es imprescindible la operación, que se espera realizar lo antes posible", informó el parte médico.

Pocas horas después del partido, fue operado de urgencia en la clínica Asepeyo de la ciudad catalana. “Durante uno de esos días en el hospital, estaba mirando un partido que jugaba Athletic Bilbao y veo que a Goikoetxea lo llevan en andas. Eso me dolió más que la propia lesión”, contó en una entrevista para la televisión colombiana.

Una semana más tarde, Maradona, que con 22 años medía sus palabras y aún no era esa figura verborrágica e impulsiva que construyó con los años, disculpó a su verdugo: “La lesión tiene un nombre y es Goikoetxea, pero lo perdono. Sé que no es ningún santo, pero no puedo vivir para siempre con rencor”.

En tanto, las declaraciones del “Carnicero de Bilbao”, apodo que recibió el defensor central tras lesionar a Diego, evitaron cualquier posibilidad de reconciliación: “No me considero ni víctima ni culpable. El fútbol tiene un riesgo y en este caso le tocó a Maradona lo mismo que me podría haber tocado a mí”.

En esa misma línea se inscribieron las palabras del por entonces entrenador del Athletic, Javier Clemente: “Opino que en la guerra, hay que ir a la guerra”.

Aunque los especialistas españoles estimaban un proceso de recuperación de seis meses, Diego regresó a Buenos Aires y, junto al doctor Rubén Oliva, lo logró en la mitad del tiempo. Sin embargo, el camino no fue fácil.

“Mi mamá lloraba y los periodistas decían que no iba a volver a jugar -recordó Maradona-. Cuando me bajaba de la cama y apoyaba el pie izquierdo, me dolía toda la pierna. ‘¿Me ganarán estos hijos de puta?’, pensaba. Y rápido me repetía a mí mismo que no, que yo les iba a ganar. Las ganas de querer jugar al fútbol fueron más fuertes”.

Le tomó 106 días regresar a una cancha. Fue el 8 de enero de 1984 ante Sevilla en el Camp Nou, por la fecha 18 de LaLiga. “Jugué todo el partido rengueando”, recordó. A pesar de la incomodidad que, con el correr de los minutos, se transformaba en dolor, Pelusa convirtió dos de los tres goles de Barcelona. Sin dudas, un regreso que superó las expectativas y que le sirvió de recompensa por el gran esfuerzo que demandó su recuperación.

También tuvo una reaparición prematura Goikoetxea, quien aún conserva como pieza de museo el botín con el que casi arruina la carrera de Maradona. Aunque en un principio el Comité de Competición lo sancionó con 18 partidos de suspensión, un grupo de juristas recurrió a la justicia y argumentó ausencia de intencionalidad, para reducir la pena. Primero el castigo disminuyó a diez encuentros y luego, a ocho. Finalmente, el zaguero central cumplió solo seis fechas de inhabilitación.

Ambos se volvieron a ver las caras en la final de la Copa del Rey de 1984. La previa del enfrentamiento entre Barcelona y Athletic de Bilbao presagiaba lo peor. El entrenador Clemente había llamado “imbécil” a Maradona, quien le respondió sin titubear: “No tiene los huevos para decírmelo en la cara”. Por su parte, César Luis Menotti, que había hecho su estreno como DT del Barça el 12 de marzo de 1983, se adelantó a los hechos: “Estamos preparados para jugar en cualquier terreno, incluso en el de la violencia”.

Dicho y hecho: los reyes Juan Carlos I de Borbón y Sofía, desde el palco, fueron testigos de una de las peleas más vehementes que se desarrollaron dentro de una cancha de fútbol. Tras el silbatazo final que consagró campeón al Athletic (ganó 1-0), Diego comenzó a discutir con José María Núñez y le propinó un cabezazo. También le dio un rodillazo en la mandíbula a Miguel Ángel Sola, que tuvo contusión cerebral y recibió cinco puntos en el labio inferior. Entonces, comenzó la batalla campal.

Fue el último partido en el que Maradona vistió la camiseta de Barcelona. Tras el escándalo, recibió tres meses de suspensión, pero no alcanzó a cumplirlos porque se marchó a Napoli. Así quedó marcado el final de su paso por Barcelona, que, aunque tuvo momentos gloriosos, no estuvo a la altura de las expectativas y del talento que sí pudo desparramar luego en las tierras del sur de Italia.

Barcelona fue una ilusión, pero sufrí mucho. Ganaba mucha plata, pero era muy ‘mamero’ y extrañaba las comidas de mi vieja. Llamaba todos los días por teléfono y me gastaba fortunas”, rememoró Diego en una entrevista con Simplemente Fútbol.

A pesar de que comenzó con el pie derecho -seis goles en los primeros 13 partidos-, la mala fortuna impidió que dejara una huella acorde a su pisada. No pudo jugar ninguna temporada completa: primero, una hepatitis lo alejó de las canchas entre diciembre de 1982 y marzo de 1983, y luego, la fractura de tobillo arruinó su segundo campeonato.

Con su partida, Diego dejó tras de sí un total de 38 goles en 58 partidos, tres títulos (Copa del Rey, una Copa de la Liga y una Supercopa de España) y algunos momentos icónicos que quedarán en la memoria de los fanáticos: gran actuación con asistencia incluida en la victoria por 2-1 ante Real Madrid en la final de la Copa del Rey 1983, una ‘vaselina’ de antología ante Estrella Roja en Belgrado y un gol inolvidable en el Santiago Bernabéu que hizo que los fanáticos madrileños aplaudieran, en un hecho inédito hasta entonces, a un futbolista del clásico rival.

FK

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