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Argentina

Espías sin control, todavía nadie se hizo cargo de la conducción de la AFI

Los espías argentinos hoy no tienen jefes. Pasaron tres días hábiles del nuevo Gobierno del presidente Alberto Fernández y ningún funcionario nacional visitó la base central del servicio secreto. 25 de mayo 11.

Frente a la Casa Rosada. Dos edificios unidos entre sí. 25 de mayo 33: la otra entrada oficial a una arquitectura laberíntica que se armó como se pudo. Escaleras y puertas custodiadas por señoras o señores muy estrictos llevan a uno u otro lado esas dos moles de cemento que por fuera parecen ser distintas. Aunque por dentro conforman un solo cuerpo.

El despacho del directos de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) está en el quinto piso. s Se ve la Casa Rosada. Al jefe de los agentes se lo llama, en el código interno que ya trascendió a los círculos de la política y el periodismo, como "Señor 5". La del subdirector, con ventanales hacia el Río de la Plata, está en el piso nueve. Por lógicas intrincadas del espionaje criollo, al su jefe se lo conoce como "Señor 8". Un piso se perdió en el camino en el "lengua" de la Inteligencia.

El Presidente anunció, durante la campaña electoral, y luego en es discurso de asunción en el Congreso Nacional, que reformará hasta su disolución a la AFI. Es una promesa que se hizo en otras gestiones. Pero ahora, por primera vez, genera dudas y temor entre los agentes. Suelen ser personas que saben presionar si algo los disgusta.

Las señales que los perturba son varias. Por ejemplo, aun no se conoce quién será el hombre o la mujer que estará a cargo de la intervención del organismo. Es esencial para la Seguridad Nacional que alguien controle al espionaje. Tampoco se informó como funcionará el nuevo ente que reemplazará a la AFI, antes llamada Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), o Secretaría de Inteligencia (SI).

Nombre que cambió tras su última reforma, que no reformó nada. Fue impulsada en la segunda gestión de la hoy vice, Cristina Fernández. Lo que se anunció como una modificación radical del servicio secreto, al que se acusó generalizando de cometer acciones ilegales o lobby en los tribunales, no modificó nada sustancial

. Asumió Fernández, pasó su primera semana como titular del Poder Ejecutivo, y mientras se conoce que trabaja en la disolución de la AFI, ninguno de sus asesores se presentó antes los agentes de carrera del espionaje. Nadie entró al despacho del "Señor 5". Ni al del "8". Una extrañeza. Según fuentes oficiales, Fernández estaría trabajando en la reforma total de la AFI con el poderoso Secretario de Planeamiento Estratégico, Gustavo Beliz. También trabajó en el tema quien será embajador en Uruguay, Alberto Iribarne, que intercambió opiniones con especialistas que tuvieron cargos en la ex SIDE. No hay información oficial sobre la reformulación del principal organismo que se ocupa de modo trascendente de la Seguridad Nacional.

Según fuentes de Inteligencia, los espías trabajan hoy de forma anárquica. Esperan a un jefe, aunque sea temporario. Una especie de "verdugo" que les reasignará tareas. O, su mayor temor, les anunciará sus despidos. Ese es el miedo que circula entre espías ya jubilados pero que fueron de nuevo contratados por la administración Macri. Clarín pudo saber que uno de los integrantes de la AFI, militante peronista y con lazos con el PRO, aunque dedicado a sus tareas técnicas, se reunió con Enrique Albistur. Es un agente reconocido por su vocación pero con tres años de experiencia. Ocupa un cargo de segundo nivel. Albistur es uno de los mejores amigos de Alberto Fernández. Su nombre circuló como posible coordinador de la AFI hasta que se cambien sus funciones. Pero "no será el interventor de los servicios de Inteligencia", le aseguró ayer el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, a La Nación. Aun así conoció las dudas de los agentes y se las transmitió a Fernández.

El Presidente guarda sus planes para la AFI como trabajan los espías. Bajo total secreto y confidencialidad. Algunos de sus asesores más cercanos dicen desconocer qué es lo que piensa hacer con el organismo que fue utilizado por buena parte de la clase dirigente, incluso en la era K, para operaciones sucias contra opositores, empresarios, o periodistas, entre otros actores de la vida pública. Fernández anunció ante la Asamblea Legislativa que los fondos reservados de la AFI se destinarán al plan contra el hambre.

Es una cuestión de cumplimiento imposible si el Gobierno quiere contar con un servicio secreto. Las compras de tecnología, o el pago a fuentes de información que aportan datos bajo cobertura de confidencialidad, jamás pueden darse a conocer a través de mecanismos de acceso a la información pública. Se revelarían así secretos que harían más vulnerable a la Seguridad de la Nación o pondrían riesgo a personas que por razones obvias no pueden difundir sus nombres reales.

Clarín pudo saber, siempre de acuerdo a fuentes gubernamentales, que la disolución de la AFI se haría para achicarle influencia en los temas en los que hoy actúa de acuerdo a la ley, y sobre todo si algún agente lo hace por fuera de las normas. Se buscaría profesionalizar a los espías para que se enfoquen solo en cuestiones muy sensibles como el terrorismo, la Contrainteligencia, y quizás para delitos económicos de gran envergadura.

El secreto de Alberto es posible que se revele pronto.

Un país sin servicio de Inteligencia controlado y funcionando, aunque en vías de reformulación, y a pesar de que para sus jefatura política es poco confiable o evaluado como no totalmente eficaz -algo que jamás ocurre en el siempre neblinoso oficio del espionaje- no debería seguir en esa dinámica, aseguraron expertos en ese rubro, ex agentes, y ex políticos que ocuparon cargos importantes en la ex SIDE.

Las fuentes de Inteligencia consultadas por este diario aseguraron que en la AFI se viven días de total incertidumbre.

Por ejemplo, los delegados que envían cables desde el exterior con información confidencial sobre el terrorismo internacional, que podría contener alertas sobre temas para vigilar, continúan su tarea. Pero esos envíos son leídos por agentes de carrera que carecen del poder o la posibilidad de elevar el contenido de consideren de importancia a algún jefe que pueda tomar decisiones políticas al respecto.

Lo mismo pasa con los agentes "operativos" que se ocupan de reunir material o datos sobre potenciales riesgos vinculados al terrorismo.

La Inteligencia no para de producir, pero por ahora el Poder Ejecutivo no conoce los detalles sobre esas labores.

Es de suponer, dijeron fuentes que conocen la trastienda de la aun llamada AFI, que si se descubriera algún peligro de cierta envergadura sí se buscaría que la Casa Rosada sepa los detalles de ese potencial panorama.

Un número indeterminado de agentes de la AFI son espías que cambian sus nombres para infiltrarse entre grupos con nexos el terrorismo, el narcotráfico a gran escala, o que trabajan en objetivos de interés, como puertos, aduanas, y hasta en empresas públicas o privadas, como entes estatales en los que podrían manipularse químicos. O material nuclear.

El trabajo de la AFI es también más "terrenal".

El organismo, de acuerdo a la Ley creada e impulsada por la presidencia de Cristina, asiste a los jueces en casos de narcotráfico, secuestros extorsivos o de delitos complejos.

Los agentes se ocupan, por caso, de hacer análisis "socio ambientales" cuando ciudadanos extranjeros piden una visa para vivir en la Argentina. La Cancillería suele solicitar que se estudie el entorno en el que vivirán personas con antecedentes "sospechosos".

Con más sigilo, los espías también colaboran en investigaciones judiciales cuando que se hagan Inteligencia sobre un domicilio que se allanará.

Todos esos trabajos, con variables e intensidades cambiantes, son realizados hoy por personal acechado por dudas sobre cómo será su futuro laboral.

¿A quién le reportan las fuentes secretas o qué órdenes cumplen los infiltrados que trabajan en casos desde hace un tiempo hasta que todo cambió?

A nadie en especial o a sus jefes de siempre que ya no tienen liderazgo político.

A eso se suma que las agencias de Inteligencia internacionales suelen pedir colaboración a la AFI en trabajos que se vinculan con la Argentina.

También envían "alertas" ante posibles peligros que creen haber detectado en el país.

Los servicios secretos más importantes del mundo están al tanto, por supuesto, del "limbo" en el que se encuentran los agentes criollos.

La actual vice electa, Cristina Fernández, no habría buscado que la AFI se reformule: se habría contentado con que gente de su confianza ocupa puestos con gran caudal de poder.

Aunque con dudas lógicas, la promesa del Presidente de disolver la AFI fue bien por la oposición.

Para concretarla el Congreso debe reformar la ley de Inteligencia.

Mientras tanto, la información que recibiría Fernández vinculada al espionaje es la que producen las fuerzas de Seguridad o las Fuerzas Armadas.

"Van solo cuatro días de Gobierno, no es tanto, ya se conocerá el plan para la AFI", minimizó ante Clarín uno de los funcionarios de absoluta confianza del Presidente.

Uno de los riesgos antes este escenario es que parte de los espías elijan ganar dinero usando su información o conocimientos para organizar delitos.

¿Quién está al mando hoy de la Contrainteligencia, es decir, del área que controla en secreto a los propios espías? Enigma.

En uno de sus best seller sobre espionaje, el escritor John Le Carré, ex agente del servicio secreto inglés, el MI6, suelta una pregunta intrigante. Conoce de lo que escribe.

El interrogante tiene actualidad en la Argentina de hoy: "Quién puede espiar a los espías? ¿Quién puede oler al zorro, sin ir en su misma dirección?".

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