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Felipe Pigna: "Carlos Gardel fue el primer rockstar"

"La sonrisa de Gardel era auténtica, más allá de su melancolía. El bronce que sonríe, como se lo refiere, es una hermosa metáfora”, dice el historiador Felipe Pigna cuando habla de Carlos Gardel. Lo investigó a fondo durante dos años. Viajó por los países en los que el Zorzal dejó huella. Habló con colegas, recorrió museos y archivos. Vio sus películas, escuchó y analizó sus canciones. Lo pensó y lo contó –lejos de la leyenda, cerca del hombre– en una biografía de casi 600 páginas que desafía los mitos gardelianos y los confronta con la realidad documental.

-¿Qué impresión te queda de Gardel después de tu investigación?

-La de un hombre que disfrutaba la vida con plenitud. Lo que no quiere decir que no tuviese malos momentos, pero no me parece que la tristeza haya sido algo permanente en él. Gardel era un tipo muy inquieto, perfeccionista, atento a la última novedad: el mejor sistema de grabación, el mejor micrófono, el mejor parlante... Elegía muy bien su repertorio. Tenía una personalidad innovadora. Un millennial de hoy: alguien que está siempre adelante. En lo personal era muy afectuoso y extremadamente generoso. De ayudar sin que la gente se enterase: “Llevale plata a Fulano, pero que no se entere de que fui yo”. Muy amigo de sus amigos y muy duro con los que le fallaban: era difícil que volviera atrás después de un enojo.

Gardel, cuenta Pigna, recibía 16 mil cartas al mes y se había convertido en ambidiestro para firmar fotos con las dos manos. Foto: Archivo Clarín.

Gardel, cuenta Pigna, recibía 16 mil cartas al mes y se había convertido en ambidiestro para firmar fotos con las dos manos. Foto: Archivo Clarín.

-¿Fue el primer gran ídolo popular de América Latina?

-Sin dudas. ¡Recibía 16.000 cartas al mes! Se había convertido en ambidiestro para firmar fotos con las dos manos a la vez en una época en la que no existía Instagram. Nunca se le subió la fama a la cabeza. En donde fuera a cantar, siempre quedaba gente afuera. Y al terminar la función, abría la ventana del teatro y cantaba gratis cuatro o cinco canciones para los presentes. En Puerto Rico, Venezuela o Colombia le pedían que diera más funciones y aceptaba con la condición de que rebajasen el precio de las entradas. Está en la prensa de esos países. Fue el primer rockstar. No podía andar por la calle, debía disfrazarse para salir de un hotel... cosas comunes en un ídolo musical de estos tiempos.

Gardel era un tipo muy inquieto, perfeccionista, atento a la última novedad: el mejor sistema de grabación, el mejor micrófono, el mejor parlante... Elegía muy bien su repertorio. Tenía una personalidad innovadora.

Felipe Pigna, historiador

-Hasta tenía chofer...

-Se llamaba Antonio Sumaje, todo un personaje. Era un canillita que esperaba a Gardel y él le compraba todos los diarios para que se pudiera ir a dormir temprano, como hacía con tantos otros en las noches de invierno. Lo ayudó a comprarse un mateo y después un automóvil. Se convirtió en alguien que lo llevaba a todos lados. Sumaje mismo contó que lo acompañaba tanto a barrios obreros de acá como a Toulouse o Barcelona. Quería ser aviador y le gustaba manejar rápido, pero Carlos le tenía terror a la velocidad. Andar con chofer no era un lujo sino una necesidad en alguien que llevaba un ritmo de vida tan intenso.

-Gardel marcaba un estilo.

-Sí. Y en tiempos en que los estilos los marcaba la alta sociedad, lo que es más raro todavía porque él venía de abajo. Incluso impuso la Gomina Brancato en Europa: “Gomina argentina, la que usa Carlos Gardel”. No le era sencillo todo eso, porque le gustaba comer mucho después de las funciones y tenía tendencia a engordar. Entonces, todos los días hacía footing para mantener la línea.

-¿Dónde aprendió ese estilo Gardel?

-Tiene que ver con las relaciones que forjó desde chico con el mundo del teatro. Iba a la calle Corrientes, entonces angosta, y frecuentaba a escritores, actores, a los que les llevaba las camisas que su mamá había planchado. Les cantaba y quedaban maravillados. El empezó a cantar canciones folclóricas. Los tangos vendrían después. Esas relaciones son un poco la antítesis de otro mundo que también frecuentaba, que es el del Abasto. Un mundo nuevo, porque no es sólo el mercado sino gente de distintos orígenes. Había payadas, encuentros musicales. Italianos, gallegos, judíos. La del Abasto era una zona muy teatral. Ese mundo también lo influye. Incluso hacía changas en el mercado. Así, se relaciona con dos mundos muy distintos. A los 12 o 13 años lo invitaban a cantar a bares por monedas. Lo apodaban el Francesito, el Melena, el Morocho, el Zorzal...

-Le gustaba la calle...

-Era un laburante. Nunca dejó de laburar para ayudar a su madre. Deambulaba mucho. Su mamá no podía retenerlo en la casa. Lo detuvieron varias veces. Lo veían solo por ahí y lo detenían. En una de esas detenciones el comisario le dijo: “¿Qué me vas a decir?”. “Si quiere le canto.” Y le cantó. Fueron a escucharlo todos, hasta los presos, y lo largaron. Una infancia movida...

Gardel y Tito Lusiardo en el filme Tango Bar.

Gardel y Tito Lusiardo en el filme Tango Bar.

El mito y la figura

Charles Romuald Gardes nació en el Hospital de la Greve, en Toulouse, el 11 de diciembre de 1890, confirma Pigna en su libro, y despeja definitivamente la larga polémica sobre el origen del ídolo popular. Su madre se llamaba Berthe Gardes y su padre era un desconocido, identificado luego como Paul Jean Lasserre, nacido en París y con prontuario delictivo. “La madre y el niño se instalaron en la casa de Canon D’Arcole número 4, en el barrio de Arnaud Bernard”, detalla.

“En Toulouse, su ciudad natal, se lo recuerda de maneras muy hermosas. En la casa en la que nació hay una placa alusiva. Esa casa está dividida en apartamentos que se alquilan por Airbnb bajo el nombre de Gardel. En el portero eléctrico, cada uno está identificado con algo relacionado a Carlos”, agrega. Algunos de los nombres son Volver, Buenos Aires, Tango, El día que me quieras, River Plate, La Boca, Rosario y Garufa.

Gardel Iba a la calle Corrientes, entonces angosta, y frecuentaba a escritores, actores, a los que les llevaba las camisas que su mamá había planchado. Les cantaba y quedaban maravillados.

Felipe Pigna, historiador

-¿Cuánto hay de mito en la figura de Gardel?

-Gardel es más que el mito. Es una injusticia decir que su grandeza se debe a que murió joven. Al morir, estaba en lo mejor de su carrera: 44 años, bien físicamente, perfecto a nivel vocal, su fama consolidada, en el momento más fuerte de su carrera y a punto de dos cosas importantes: filmar dos películas y grabar discos en inglés. Tenía mucho para dar. Imaginate lo que hubiese sido Gardel abriéndose en el mercado inglés.

Gardel murió en el mejor momento de su carrera. Tenía 44 años y planes para filmar dos películas y grabar discos en inglés. Foto: Archivo C,larín.

Gardel murió en el mejor momento de su carrera. Tenía 44 años y planes para filmar dos películas y grabar discos en inglés. Foto: Archivo C,larín.

-¿Cómo estaba económicamente al morir?

-Si hubiese ahorrado lo que les daba a los demás, habría tenido un edificio de 20 pisos en Avenida de Mayo. No terminó mal porque le entraba guita permanentemente. Era una máquina de hacer plata. En algún momento tuvo que hipotecar su casa por deudas de juego. Gran parte del dinero lo gastó en las carreras de caballos y en ayudar sin límites. Cuando apareció Armando Defino, le ordenó las cuentas, porque Carlos no sabía cuánta plata tenía. No le preocupaba tanto ese tema.

-En el libro contás en detalle cómo fueron los momentos previos al accidente de avión en Medellín que le costó la vida, el 24 de junio de 1935. ¿Cómo hiciste esa reconstrucción?

-Lo del accidente está chequeado y me baso en lo contado por dos sobrevivientes, (el guitarrista) José María Aguilar y (su maestro de inglés) José Plaja. Uno quedó ciego y el otro con las manos quemadas.

-¿Hay lugar para pensar que no fue un accidente?

-No. Hay mala praxis del piloto al no tener claro el manejo de ese tipo de aviones. Ernesto Samper Mendoza era gran piloto de aviones pequeños, pero en los nuevos de pasajeros tenía pocas horas de vuelo. Además, colocó de copiloto a un muchachito sin experiencia. Se confió demasiado, me parece. También se dan las malas condiciones de la pista. El sistema de vuelo era precario. Hubo un banderillero que no avisó a tiempo de la presencia de otro avión. El avión en el que viajaban estaba sobrecargado. Gardel no quería volar, no por paranoico sino porque había accidentes todo el tiempo. Y en este caso se dieron fatalidades que no tuvieron nada que ver con un atentado.

-¿Qué otro mito podés descartar?

-Muchos. El de la sexualidad, entre ellos. Fue lanzado por el Indio Aguilar, su guitarrista, en un momento de enojo. Aguilar le dijo de participar de una fiesta con chicas y Gardel se enojó porque no le gustaban esas propuestas. Su vida privada la manejaba él. Se pelearon. Aguilar le dijo que evidentemente no era tan hombre y Gardel lo rajó. Pero la vida de Gardel está hecha de mujeres muy interesantes. Gardel tenía un espíritu tan amplio que olvidó el episodio y convocó de nuevo a Aguilar a la que sería su última gira.

-¿Cuándo y por qué cambió el Gardes original por el Gardel?

-En una gira entre 1913 y 1914, porque entendió que Gardel era más sonoro. Posiblemente a partir de un autor de teatro que se llamaba Julio Sánchez Gardel. Dicen que fue a partir de una presentación en Mercedes, mi ciudad.

-Te gustaría que eso fuera cierto, ¿no?

-Ojalá... 

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