Argentina

La muerte de Néstor Kirchner: la intimidad de las últimas horas en El Calafate

Cristina Kirchner está parada al pie de la cama dentro del shock room del hospital José Formenti, en El Calafate. Le acaban de confirmar la peor noticia de su vida: que Néstor Kirchner, su marido y compañero de toda la vida, está muerto. La entonces presidenta llora y le toma las manos por última vez ante la mirada y el silencio de los médicos que segundos antes intentaban revivirlo.

Durante el terrible desenlace no estuvo sola: la escoltaron quienes eran sus secretarios privados, Isidro Bounine y Pablo Barreiro. También el médico de la unidad presidencial, Benito Alen González, el primero en llegar a la casa de los Kirchner hace diez años, el miércoles 27 de octubre de 2010, cuando el ex presidente se descompensó. Bounine y Barreiro fueron, junto a Cristina, los testigos directos de los efectos del primer infarto de Kirchner pocos minutos antes de las 8 de la mañana dentro de la casa familiar de El Calafate.

En el hospital, los 16 médicos y las tres enfermeras que lo atendieron durante los últimos minutos se quedaron en silencio. Desde las 9.15, hora en que se dictaminó su muerte, hasta las 9.50, cuando Cristina decidió que llevaran el cuerpo del ex presidente hasta su casa en El Calafate en una ambulancia custodiada por seis camionetas de la seguridad presidencial, se vivieron momentos dramáticos.

El féretro de Kirchner en la Casa Rosada.

El féretro de Kirchner en la Casa Rosada.

Las puertas vaivén de la sala de urgencias se abrían y cerraban. Los médicos salían y daban órdenes al aire. Cristina, visiblemente golpeada, se despedía de su marido dentro de la sala de urgencias. Afuera del hospital, la custodia presidencial también se desesperaba. “No pueden sacar fotos, se van a 200 metros de acá y no rompan las pelotas”, gritó un custodio a este cronista. Una camioneta de la Gendarmería, que estaba en el lugar, salió a las apuradas y le destrozó la puerta a un Chevrolet Corsa rojo que estaba estacionado frente al hospital. Todo era confusión.

Kirchner, quien entonces era una figura central de la política, acaba de morir a los 60 años de edad.

Los minutos finales

Son las 8.30 de la mañana del miércoles 27 de octubre de 2010. Faltan pocos minutos para que se decrete, con un escueto parte médico, la muerte de Kirchner. Es un día atípico en El Calafate: 9 grados de temperatura, sol radiante y ni una gota de viento. Por el Censo, que debía realizarse ese día, casi no hay movimiento en las calles.

Una toma de Cristina Kirchner junto al féretro de Kirchner en la Casa Rosada

Una toma de Cristina Kirchner junto al féretro de Kirchner en la Casa Rosada

En el frente de la casa del entonces matrimonio presidencial la custodia oficial se empieza a alborotar. De repente se abre el portón del chalet y se escucha un grito desesperado de uno de los encargados de la seguridad de la ex presidenta: “Llamalo al jefe de la Policía, es urgente. ¡Apurate, la concha de tu madre!”, le ordena a un agente de la Policía de Santa Cruz que estaba subido a un patrullero estacionado sobre la calle Los Tehuelches. “Y rajalos a estos dos, ¿qué carajo hacen acá?”, le ordena mirando a este cronista y al fotógrafo Eduardo Lerke que me acompañaba.

Habíamos llegado hasta “el lugar en el mundo” de la Presidenta cuatro días antes para investigar los nuevos negocios de los Kirchner en el Sur y para alojarnos y conocer por dentro el hotel Alto Calafate, hoy investigado por la Justicia en el caso Hotesur, pero que en ese momento recién empezaba a levantar sospechas de corrupción.

Además, teníamos el objetivo de cubrir el censo del matrimonio presidencial. Por la muerte de Kirchner nunca llegaron a censarlos.

Florencia y Máximo Kirchner durante el velatorio de su padre.

Florencia y Máximo Kirchner durante el velatorio de su padre.

Minutos antes de las 9 de la mañana, cuando la puerta de la casa de la ex presidenta empezaba a poblarse de policías, gendarmes, prefectos y agentes de la seguridad presidencial, llegó el mensaje menos pensado. Un hombre de la máxima intimidad del matrimonio K se comunicó con este cronista y lo largó sin dudar: “¿Todavía estás en El Calafate? ¿Estás afuera de la casa de Cristina? Se murió Kirchner. Andá ya al hospital”.

El pequeño hospital estaba sitiado. Había camionetas y patrulleros de la Policía, la Gendarmería y la Policía Federal y unos 50 oficiales que no dejaban pasar a nadie. Adentro del lugar, el entonces director Marcelo Bravo, había llamado a todos los médicos y enfermeras del plantel, desde cardiólogos, terapistas hasta kinesiólogos. Bravo trabajó en la recuperación junto a Claudio Cirille, el médico de guardia que le habia dado las primeras atenciones a Kirchner dentro de su hogar, entre otros profesionales.

Manifestantes durante el velatorio de Kirchner que fueron hasta la Casa Rosada.

Manifestantes durante el velatorio de Kirchner que fueron hasta la Casa Rosada.

Los médicos desplegaron el protocolo que se usa para estos casos. Le inyectaron varias drogas para intentar revivirlo. Lo intubaron, le pusieron suero, probaron con adrenalina, luego intentaron con atropina y otros procedimientos. Le hicieron masajes cardíacos, pero el ex presidente, que tenía el pecho al descubierto y estaba vestido con un piyama azul, no lograba reaccionar. También buscaron reanimarlo con un desfibrilador. Pero el dispositivo que registra la actividad cardíaca no daba señales. De hecho, algunos de los profesionales que lo atendieron sostienen que Kirchner murió en su casa cuando tuvo el paro cardíaco y que todas las maniobras posteriores fueron en vano.

A las 9.50 de ese miércoles 27 de octubre salió del hospital un pequeño e improvisado cortejo fúnebre que acompañó a Kirchner hasta su hogar que ya estaba todo vallado. No dejaban que nadie se acercara a unos 300 metros a la redonda. En una de las camionetas blancas de la custodia iba la entonces presidenta.

Una de las últimas fotos de Kirchner con Cristina en Río Gallegos antes de viajar a El Calafate donde murió el 27 de octubre de 2010.

Una de las últimas fotos de Kirchner con Cristina en Río Gallegos antes de viajar a El Calafate donde murió el 27 de octubre de 2010.

De a poco, fueron llegando funcionarios y dirigentes hasta el lugar. El primero en entrar a la residencia fue el entonces gobernador de Santa Cuz Daniel Peralta. Máximo Kirchner llegó acompañado de Rudy Ulloa en una camioneta 4x4. Estaba en Río Gallegos cuando le avisaron que su padre había muerto. También llegó Julio De Vido, su hermana Alicia Kirchner y hasta el empresario y amigo del ex presidente Lazaro Báez: "Estoy destrozado, lo quería como a un hermano", le dijo ese día a Clarín. El día anterior habían estado en contacto en El Calafate. 

La salud de Kirchner venía dando señales de alerta. El 11 de septiembre, un mes y medio antes de su muerte, le habían practicado una angioplastía por la obstrucción de la arteria coronaria. Era la segunda intervención cardíaca en menos de un año. Incluso hay un dato que revela lo consciente que estaba de su situación. Un mes antes de su muerte, tras el stent, le había pedido a su amigo Rudy Ulloa que inicie los trámites para comprar una parcela en el cementerio de Río Gallegos. Nunca llegó a terminar la transacción.

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