Argentina

Lujos innecesarios, propiedad privada y Guardia bajo las Estrellas

La medicina prepaga en la Argentina es el fruto de la persistente decadencia de los servicios de salud del Estado. Solo así se comprende que millones de familias paguen un servicio privado, además de cargar vía impuestos con un servicio estatal que no les sirve. Con sus más y sus menos, la medicina privada ha logrado una excelente relación entre lo que se recibe y lo que se paga. Sin embargo, el Gobierno parece decidido a destruir este sistema. Nadie puede pensar que es posible sostenerlo sin ajustar los precios cuando la inflación viaja al 60%, en medio de una pandemia que hizo estallar los precios internacionales de muchos insumos y con el personal de salud, que requiere una importante adecuación salarial. Tenemos entonces que pensar que lo que se pretende es destruir el sistema de salud prepago, seguramente para hacer que los servicios de excelencia dejen de estar al alcance de la clase media y sean solo accesibles para la oligarquía de aquellos que nos gobiernan, que rara vez se atienden en hospitales públicos. Si quieren eliminar la medicina privada, por favor háganlo mejorando el servicio público. Solo así, nivelando hacia arriba en lugar de hacerlo hacia abajo, podrían evidenciar que persiguen el bien común en lugar de trasnochados caprichos ideológicos.

Miguel Eduardo Gutiérrez Trápani

Observando a las numerosas personas que el viernes bloquearon la avenida 9 de Julio y las calles y avenidas que la cruzan noté que muchos hombres y mujeres que impedían el paso del resto de la gente tenían su cabello teñido de diversos colores, llevaban tatuajes visibles, ostentaban anillos de piercing, vestían camperas y zapatillas de primeras marcas, y se comunicaban entre ellos a través de sus teléfonos celulares importados. Aunque el Gobierno les dé una suma para ayudarlos a comprar alimentos durante la pandemia (que en última instancia deberíamos costear los contribuyentes), no habrá dinero que alcance y los conforme si pretenden con un subsidio costear tantos lujos innecesarios. Sería mejor que en lugar de concentrar sus esfuerzos para bloquear las calles y molestar al resto de la población dedicaran su tiempo a tratar de conseguir un trabajo que les proporcione un ingreso suficiente para solventar todos esos caprichos.

Raúl H. Álvarez

Cuando Alberto Fernández lanzó su infortunada afirmación contra la meritocracia, días después, casualmente, el Papa salió a hablar sobre el mismo tema en una forma que la mayoría interpretó como de apoyo al Presidente. Sin que viniera al caso, ahora el Presidente salió a poner en duda la legitimidad de la propiedad privada y de la herencia, dando apoyo teórico a las continuas tomas que se producen en el país. Y nuevamente el Papa salió a tratar este mismo tema diciendo que “la propiedad privada es un derecho secundario”, afirmación que para la mayoría de la gente es por lo menos confusa, pues la interpretó como que se trata de un derecho que puede desconocerse, no importante, “secundario”. Todas las radios y los canales de TV dieron importancia central a esta afirmación y la usaron para llevar agua a su molino unos y para rasgarse las vestiduras los otros. La afirmación del Papa sería válida en una distendida velada sobre temas filosóficos, pero en esta Argentina en ebullición sonó como una invitación al saqueo. El Decálogo dado por Dios a Moisés –base de la civilización occidental– establece en su séptimo mandamiento que nadie puede apropiarse de lo que no le pertenece, y, en consecuencia, al propietario le asiste el derecho de disfrutar de los bienes adquiridos con su trabajo. La función social de la propiedad privada ratifica la inviolabilidad del derecho a la propiedad y que son las leyes las que deben regular las situaciones excepcionales. Desconocer esto llevaría a la anarquía.

Humberto Guglielmin

Nunca imaginé que escucharía al presidente de turno jurarle al general Martín Miguel de Güemes, al pie de su monumento en Salta, que bregaría por la vida de los argentinos. ¿Habrá estado pensando en los 90.000 muertos que, como consecuencia de la pésima administración de la pandemia, hasta hoy estamos lamentando? Asegurando que se ocuparía personalmente de las vacunas, ¿se habrá referido a las vacunas que suministró a sus amigos o a los 3.000.000 de dosis que nadie puede explicar dónde están? Este tipo de insensibles atropellos pueden ser posibles como discursos de barricada en un mitin político, de peronistas nostálgicos de lo que alguna vez fueron, pero claramente es un insulto al pueblo salteño, a sus tradiciones, a sus costumbres. La tradicional Guardia bajo las Estrellas, invadida por partidarios que acompañaron al Presidente con el objeto de “imponer” su participación, desplazando a los tradicionales gauchos, es una lamentable muestra de lo que está pasando en el país. Siento una enorme tristeza y me duelen la soberbia y el atropello, claramente vienen por todo. Espero ver a los argentinos despertar y decir basta.

José María Aldazabal

En mi carácter de Presidente del Comité Operativo de Emergencia, hago saber mi preocupación por los hechos acaecidos con motivo de la Conmemoración del Bicentenario del fallecimiento de nuestro héroe gaucho, el General Martín Miguel de Güemes.

Con gran tristeza desde el COE tuvimos que restringir el desfile y la afluencia de público para rendir homenaje al Gral. Güemes con la convicción de que una concurrencia numerosa podría afectar la hoy delicada situación sanitaria de nuestra provincia. No obstante, debido a motivaciones políticas que no comparto y desconocía, se autorizó el ingreso de simpatizantes del Sr. Presidente de la Nación en una actitud que constituyó una afrenta a los salteños y al esfuerzo que la sociedad viene realizando para combatir esta pandemia. Además, se impusieron restricciones a último momento a nuestros gauchos como la suspensión de los tradicionales fogones cuando habían sido consensuados previamente con el COE con los correspondientes protocolos.

La errática y contradictoria política sanitaria del gobierno nacional puede afectar seriamente la situación de la pandemia, por transmitir a la comunidad la sensación de que no se valoran los esfuerzos individuales y colectivos realizados en aras de proteger la salud pública.

Con la convicción de haber aportado todo lo humanamente posible para contribuir a la lucha contra la pandemia de Covid-19, sin esperar ninguna contraprestación más que la satisfacción de haber seguido mi vocación profesional, hago saber que en la fecha pongo a disposición del Sr. Gobernador de la Provincia mi renuncia al cargo con el que me ha honrado.

Dr. Francisco Aguilar

Médico Cirujano MP 3866

Presidente del Comité Operativo de Emergencias - Salta

Gracias a Dios y a la nacion más de una vez hemos podido leer cartas de lectores en las que se manifiestan realidades que no siempre se está dispuesto a escuchar. Pareciera que hay una anestesia generalizada que no permite ver o hablar sobre temas tan dolorosos de nuestra historia pasada. Pero lo paradójico es que, con esta actitud, todos, más tarde o más temprano, tendremos que pedir perdón, por el silencio cómplice o cobarde en nuestro tiempo de hoy. ¿Qué pasa en el mundo de la política? ¿No es políticamente correcto manifestarse? ¿Y con algunos periodistas? Por lo general, también callan; es que no son temas fáciles. Por eso, cuando leo algunas cartas, veo que son palabras en el desierto. Palabras en soledad, que en apariencia no hacen eco, como la del 17 de junio, en “La otra lista negra”, del señor Mario Cabanillas, del Centro de Estudios Salta. Palabras veraces y justas, palabras solidarias y sanadoras. La verdad tiene una fuerza esplendorosa. Aunque parezca, no están solos. El mismo papa Francisco, en Fratelli tutti, nos recuerda “que nadie puede perder su dignidad, que Dios mismo se hace su garante y que la venganza no resuelve nada”. Personalmente diría también que ella solo agrava el presente y el futuro. Nuestra solidaridad con esas voces que quieren ser escuchadas. Quiera Dios que comencemos en estos casos con tratos equitativos y justos. Como lo he dicho ya otras veces, los derechos son para todos los humanos; todos, sin excepción, tienen que ser tratados con dignidad.

Santiago Olivera

Obispo para las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad de la República Argentina

Señores de la oposición, tienen en sus manos la obligación, no la oportunidad, sino la obligación, de ganar estas elecciones. El oficialismo está de mal en peor, y cada día que pasa se manda más macanas. Pero no se fíen. Espero que entiendan, que sean conscientes de ello, y dejen sus asuntos personales para otro momento de la historia. O se ponen de acuerdo de una vez por todas o perdemos la república. Y el que no quiera que se haga a un lado. No es momento de jugársela solo. Por favor, dejen de pelear y pónganse a trabajar en el país que queremos.

Leo Facio

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