Argentina

Miremos el mundo real: de la amenaza a la oportunidad

Hola, ¿cómo estás? Seguramente con varios motivos para preocuparte en estos días. El meridiano económico era suficientemente grave como para sumarle el conflicto de las ocupaciones de campos. Porque como dice Jorge Castro, la cuestión del desarrollo económico no es el capital, sino la propiedad. Si esto se desmadra no habrá nada que conversar. Confiemos en que en este punto no crucemos el Rubicón. Vuelta de página y a mirar el mundo real, donde están en otras conversaciones.

En la agenda global, una de las grandes tendencias es el debate sobre alimentos, nutrición y medio ambiente. Despues de tres décadas de expansión geométrica de la demanda de proteínas animales, apareció un movimiento muy fuerte cuestionando esta transición dietética, que tuvo y tiene lugar en los países que han encontrado la fórmula para salir de la pobreza.

Lester Brown, hace cincuenta años, ya planteaba que hay una relación directa entre ingreso per capita y consumo de carnes de todo tipo. Su tesis se corroboró cuando al irrumpir el siglo XXI, la República Popular China se lanzó a un desenfrenado incremento del consumo de cerdo, aves y pescado. Y luego de carne vacuna, la etapa superior del aspiracional de los pobres que dejan de serlo. Nos cuesta entenderlo a los argentinos, que venimos de la cultura del gaucho, que desjarretaba una vaca para comerse el lomo y vender el cuero en la pulpería. El resto quedaba para los caranchos.

Pero no era el caso de los miles de millones de asiáticos, que fueron mejorando sus ingresos al ritmo de su desarrollo industrial. Lo mismo había pasado en la Inglaterra de Dickens, cuando estalló la revolución industrial y los campesinos paupérrimos migraban de los bosques de Sherwood a Liverpool o Birmingham. Allí nuestros próceres descubrieron la oportunidad de la carne, armaron las estancias, los frigoríficos, los ferrocarriles, trajeron la alfalfa e invitaron a los gringos. Hicimos un país.

Y tuvimos una nueva oportunidad a partir de los 90, cuando una nueva generación de productores y profesionales formados en nuestras excelentes universidades desencadenó la Segunda Revolución de las Pampas. La abanderada fue la soja, pero con siembra directa, biotecnología, y el entrelazamiento industrial/comercial con las grandes empresas globales abasteciendo al mundo en plena transición dietética. La Argentina fue una gran proveedora de insumos para abastecer esta nueva demanda: granos forrajeros y harina de soja. Como co-producto, el aceite, porque el pollo sale con fritas.

Esto está lejos de agotarse. Después de un estornudo ocasionado por la peste porcina africana en China, los stocks comienzan a recuperarse. Y, no podía ser de otra manera, al reconstruirse las piaras de cerdos, vuelva a crecer la demanda de granos forrajeros y soja. Por eso estamos asistiendo desde hace un par de meses a un fuerte incremento de los precios del maíz y la soja. China vuelve a ser una aspiradora de estos insumos básicos para alimentar a sus granjas. Y como del pecado de la carne no se vuelve, sigue firme como primer comprador mundial de carne vacuna, dejando en un rol secundario a la histórica demanda europea.

Mientras esto sucede, generando un potente telón de fondo, aparecían lo que muchos del sector agropecuario percibían como una amenaza: la creciente presión de grupos ambientalistas, que encendían un semáforo amarillo por la expansión de las proteínas animales. Fundamentalmente, la cuestión de las emisiones. Al mismo tiempo surgían otras tendencias, no ya vinculadas con la cuestión del cambio climático y con una carga más subjetiva o ética, como los movimientos animalistas.

Guste o no, estas tendencias están. Y es lógico que las empresas vinculadas con la producción de proteínas tomen posición (no ideológica, sino pragmática) frente a este nuevo panorama. Todas las grandes corporaciones vinculadas con la industria alimenticia están tomando sus recaudos o anticipándose a la tendencia, convirtiendo la amenaza en oportunidad.

Esta semana, dos gigantes globales fueron noticia. ADM y Marfrig recibieron la aprobación regulatoria para su nueva empresa conjunta 'PlantPlus Foods'. Ofrecerá una gama de productos alimenticios desarrollados a base de plantas en América del Norte y América del Sur.

“Estamos emocionados de dar este importante paso adelante al reunir enormes recursos de dos líderes en nutrición”, dijo Marcos Molina, fundador y presidente de Marfrig. "PlantPlus Foods nace de dos empresas que tenían la visión común de crear una nueva empresa que ofreciera una cartera completa de alimentos vegetales deliciosos y sostenibles, para los consumidores de todo el hemisferio occidental".

Marfrig es un productor de carne y lidera el mercado mundial de hamburguesas, entre las cuales está el Paty, la marca emblemática en Argentina. Posee el 70% de la empresa conjunta PlantPlus Foods, y será responsable de la producción y distribución del producto terminado, utilizando sus instalaciones en América del Sur, principalmente en Várzea Grande, en el estado brasileño de Mato Grosso, y sus instalaciones en Estados Unidos.

El argentino Juan Luciano es presidente y director ejecutivo de ADM. Nacido y criado en San Nicolás, Luciano dijo que "respaldado por las vastas capacidades de ADM y Marfrig, PlantPlus Foods reúne una combinación única de innovación, escala, conocimiento y experiencia en este mercado emocionante y de rápido crecimiento". ADM posee el 30% de la empresa conjunta y proporcionará experiencia técnica, desarrollo de aplicaciones y una variedad de ingredientes, sabores y sistemas de origen vegetal, de su complejo de proteínas especiales en Campo Grande, Mato Grosso do Sul, y su red de instalaciones de ingredientes y saborizantes, incluida su nueva planta de proteína de arvejas en Enderlin, Dakota del Norte, EE. UU.

Tuve la oportunidad de visitar la planta de ADM en Decatour (Illinois) en varias oportunidades. En una de ellas, recibimos una clase de proteína texturizada como parte de un curso sobre alimentos de soja en la Universidad de Illinois. El objetivo estaba claro: desarrollar “meat substitutes” (sustitutos de carne) e incluso “meat enhancers” (potenciadores de carne). Vimos toda clase de presentaciones, incluso líquidas, para inyectar en los embutidos. O sólidos para mezclar con la carne. Ahora todo eso llega al mercado.

Frente a este panorama, algunos piensan que se termina todo. No parece la visión más objetiva. Lo que hay es la irrupción de una nueva tendencia, mientras la otra continúa. En lugar de ver la amenaza, hay que plantarse en la oportunidad. Tenemos todos los insumos y todas las capacidades. Y los iremos combinando de la manera más inteligente. Hagamos carne, o hagamos proteínas vegetales para consumo animal o humano. En la variedad está el gusto. Y las oportunidades. Hay 8.000 millones de bocas, y siguen llegando. Esta semana tuve otro nieto, Ramiro, y un nuevo sobrino nieto, Francisco. Ellos podrán elegir.

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