Argentina

Murió Diego Maradona: el periodista alemán que lloró por él en el 86 y ahora lo mira todos los días en su habitación

Para mí, Diego Maradona es muy especial. Tanto como lo es su historia contra la selección de Alemania. Estoy seguro de que así lo sintió él también. Personalmente, me animo a decir que creo que no debe haber ningún país que le haya tenido y le vaya a tener un mayor respeto que el mío.

Es una pena que haya terminado con gente mala alrededor, que lo destruyó. Es muy triste. Debe haber sido muy difícil ser él.

No recuerdo mucho de aquel año en que cumplí siete. Pero sí tengo en mi memoria un caluroso día de verano en que iba con un amigo caminando por el campo, en la ciudad donde crecí, y hablábamos de la final de la Copa Mundial de ese 1986.

Estábamos seguros de que iba a ser un partido muy difícil, especialmente por este tipo increíble que jugaba para el equipo de Argentina. Incluso sabíamos su nombre: Maradona. Creo sin miedo a equivocarme que fue el primer nombre que supe de un futbolista extranjero.

Diego Maradona evita la barrida de Lothar Matthaeus en la final de México 1986. Foto AFP

Diego Maradona evita la barrida de Lothar Matthaeus en la final de México 1986. Foto AFP

No pasó mucho después de eso hasta que me hizo brotar lágrimas con su victoria, con aquel pase a un Jorge Burruchaga que por entonces no conocía.

Fueron lágrimas que me acompañaron durante cuatro años y que recién pude secar en 1990, aunque tengo que reconocer que en ese Mundial de Italia, pese a su tobillo lastimado... Bueno, también le teníamos muchísimo miedo.

Era tal el respeto que me generaba que en 2010, antes de viajar a cubrir el Mundial de Sudáfrica, que cuando un diario local me entrevistó para dar mis pronósticos dije que Argentina sería campeón, por Maradona. "Veremos su cara durante todo el torneo", recuerdo haber respondido. Curiosamente, luego fue mi Alemania la que eliminó a aquel equipo que él dirigía.

En cierta forma, Maradona me acompañó desde aquellos días de la niñez, como rival, y nunca más me soltó. Incluso volvió a acecharme tiempo atrás.

Diego Maradona ante Guido Buchwald, su férreo marcador en la final de Italia 1990. Foto AP

Diego Maradona ante Guido Buchwald, su férreo marcador en la final de Italia 1990. Foto AP

Ahora lo veo casi a diario, desde hace mucho. Doce años atrás, hice una fiesta en mi casa y uno de mis invitados -un amigo alemán que trabajó en la revista Kicker conmigo y es gran fan de Diego- pegó en mi ropero una pequeña foto de Maradona fumando un gran habano.

Nunca la saqué. Nunca la voy a sacar. ¿Quién soy yo para removerla? Sería una blasfemia. En definitiva, ahí está, en mi placard, el hombre que me hizo llorar de chico y a quien admiré y seguiré admirando de grande. Sólo él, sólo Maradona, podía lograr algo así.

Por Christoph Laskowski. Periodista de la revista Kicker

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