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Newcastle y Arabia Saudí: llegó Papá Noel

Hinchas que se ataron trapos de cocina en la cabeza a modo de “kufiyya”, el tradicional pañuelo árabe. Otros que vistieron túnicas largas con los colores del Newcastle. O bebieron cerveza envueltos en banderas verdes de Arabia Saudí. Todos aplaudiendo entusiasmados a Yasir Al-Rumayyan, gobernador del Fondo de Inversión Pública (PIF) de la monarquía. Nuevo patrón. La fiesta sucedió el domingo pasado en el estadio St James Park. Afuera, un grupo de activistas reclamaban por el descuartizamiento del periodista saudí Jamal Kashoggi y por opositores políticos que siguen encarcelados en el “Estado asesino”. El hombre acusado por los Estados Unidos es Mohamed bin Salman, príncipe heredero, titular del PIF. La Premier League garantiza que habrá “independencia”. Arabia Saudí de un lado y Newcastle del otro. Los hinchas ríen y bailan disfrazados. Llegó Papá Noel.

Newcastle lleva más de medio siglo sin títulos nacionales. El último de Liga fue en 1927 y de Copa FA en 1955. Su momento dorado en la era moderna fue cuando Sir John Hall lo sacó de la quiebra y del descenso y, de la mano de Kevin Keegan como DT superofensivo, casi lo corona campeón (1995-96). Todo terminó mal, menos para Hall y sus socios, que compraron al club por 3 millones de libras y lo vendieron por 145 millones a Mike Ashley, un megamillonario que comenzó tomando cerveza en la tribuna con los hinchas, pero se fue ahora repudiado. Casi el 97 por ciento de los aficionados, dice una encuesta, saludaron el desembarco árabe. La fiesta del domingo, dijo ayer el diputado John Nicolson, mostró la “enfermedad en el corazón del fútbol”. Barney Ronan avisó en The Guardian que la historia empezó antes: “Bienvenidos al fútbol inglés, un lugar donde nadie está realmente limpio. Finanzas de la lavandería, inversores ocultos, dinero ensangrentado”.

El ingreso de Arabia Saudita a la Premier había sido frenado en 2020. Qatar, socio millonario en derechos de TV, acusó a la monarquía de piratear sus trasmisiones. El problema no eran los derechos humanos, sino los de TV. Arabia Saudita gastó fortunas en torneos de golf, boxeo y lucha libre. Ofreció millones a Gianni Infantino para su Mundial de Clubes y pidió primero que todos un Mundial cada dos años. Pero el objetivo central era la Premier. Solucionó rápido el conflicto de la TV y compró el 80 por ciento de Newcastle. ¿Qué significan 350 millones de euros cuando el PIF maneja una fortuna exactamente mil veces mayor? A Bin Salman, además, avisa el especialista James Dorsey, le interesa el deporte “para posicionar el nacionalismo en lugar de la religión como elemento central de la identidad saudí”. Son los multiusos de la pelota.

“Los clubes siempre han sido propiedad de dictadores, barones de la droga y estafadores”, escribió Jonathan Wilson y recordó que también el amateurismo fue usado “para tratar de evitar que las clases trabajadoras se apoderaran del fútbol”. La Premier es hoy el “teatro político de Inglaterra”, afirma a su vez el sociólogo David Goldblatt y enumera a los bancos de la City “que lavan dinero robado”, a los “rascacielos residenciales vacíos de Londres” y al ejército de contadores y abogados citados en los Papeles de Pandora y que hacen de Londres “la capital mundial del lavado”, junto con los territorios británicos de ultramar. “Simplemente pasee por Mayfair o Kensington”, sugiere Simon Kuper en Financial Times. Cita las críticas a Riad por su guerra en Yemen. Pero las armas, aclara, fueron vendidas por Gran Bretaña. “Más de veinte mil millones de libras”. Siempre es más fácil moralizar con el fútbol. Arabia Saudita invirtió en Disney, Pfizer, Boeing, Citigroup, Facebook, Live Nation y Uber, entre otras, y también en el sistema de salud británico. Pero el problema son los hinchas de Newcastle.

Newcastle dominaba el fútbol inglés a comienzos del siglo 20, era eduardiana, tras la muerte de la reina Victoria (1901). Los “Maestros Eduardianos” fueron tricampeones de Liga liderados por el capitán Colin Veicht, polifuncional, 322 partidos, y también dramaturgo, músico, actor y miembro de la socialista Sociedad Fabiana junto con su amigo George Bernard Shaw. Son los tiempos que refleja Downton Abbey. La aristocrática familia Crawley de Netflix que salva su fortuna gracias a una multimillonaria esposa estadounidense. “La aristocracia –dice en un momento la condesa viuda– ha sobrevivido no precisamente por su intransigencia”. Adaptó sus “valores” a las leyes del mercado. Su capital simbólico al capital económico. También ocho clubes históricos de la Premier tienen hoy capitales de Estados Unidos. Solo quedan cinco de propiedad inglesa. Todos están unidos y furiosos por el caso Newcastle. Quieren la renuncia del banquero Gary Hoffman, presidente de la Premier. El lunes votaron prohibir temporalmente las “transacciones entre partes interesadas”. No quieren otro caso Abu Dhabi-Manchester City (fue el único que se abstuvo). Arabia Saudí como límite moral, para los que (ya instalados) tienen “el privilegio de lo moral”, ironizó el colega Rory Smith. Kuper fue aún más directo: “Newcastle vendiendo su herencia a un régimen asesino es el símbolo perfecto de todo un país”.

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