Argentina

Ricardo La Volpe: "Los técnicos son light y yo no soy light, yo encaro"

-¿Hay que tener cada vez más cuidado de cómo hablarles a los jugadores?

-Depende del jugador. Cuando no ponés a una figurita seguramente después va a hablar pavadas. O a decir que en el entrenamiento le gritabas. Tienen el verso, el verso del jugador para justificarse. A mí venía algún jugador acá en México y me decía “¡Pero, cómo no me pone!”. Entonces yo lo agarraba. Mirá, "¿vos sabés que yo estuve cuatro años en la selección, no?" Me decía que sí. “¿Te llamé alguna vez?”. No. ¿Y entonces? ¿Cuál es tu pregunta? Las oportunidades un técnico las ve en los entrenamientos. La prueba no es en el partido porque al tercer partido que no consigo resultados a mí me echan. Entonces el jugador que deje el verso y que demuestre en los entrenamientos.

-Debe haber técnicos que prefieran no entrar rápido en el roce.

-Es que los técnicos son light y yo no soy light, yo encaro. Voy el lunes y les digo, ¿cuál es tu problema? Mano a mano, nada de ponerlo en evidencia. Y en el mano a mano el 90 por ciento se hace el mansito. Después cuando están en grupo ahí sí hablan. Delante de los compañeros se quieren hacer “ay, profe, yo soy esto, usted hizo lo otro”. Pero cuando lo agarrás mano a mano… por favor. Son todos mansitos.

Ricardo La Volpe​ no tiene mecha. Enciende de una. Va carreteando al compás de cada respuesta y toma vuelo. Desde el calor mexicano y con su familia sumergida en la pileta disfruta de estar enroscado en el debate, dibuja tácticas en el aire. No se necesita verlo para saber que está haciendo gestos, que se fastidia, que se compenetra. Que está completamente seguro de lo que piensa. Y que maneja a la perfección la sutil arrogancia de quien se sabe distinto.   

-¿Qué significa que un técnico es light?

-Es que me doy cuenta de que quieren estar bien con los jugadores. Muchos de esos que dicen ser mis discípulos, esos que se llaman lavolpistas, los escucho declarar y lo primero que dicen es “ojo que en el trato con el jugador yo soy diferente a La Volpe, yo me llevo de otra manera”. Siempre escuché eso. Yo digo que lo primero es el respeto. Pero en la cancha el que manda soy yo. Eso está claro con mis jugadores. Gracias a Dios en cuatro años en la selección no tuve ninguna discusión. Quizá fue uno de los puntos que no supe aplicar en Boca.

-¿En qué fallaste?

-Una de las cualidades de un técnico, más que una filosofía futbolística o una idea táctica, es que te quieran los jugadores. Cuando vos lográs convencer a un jugador de que en esa posición va a mejorar y lo que hace en los entrenamientos después de ve en la cancha, el jugador te empieza a querer. Y te empieza a defender ante el periodismo. Te quiere, te banca.

Ricardo La Volpe

-Y en Boca no te quisieron.

-Sin lugar a dudas. Eso me faltó a mí en Boca. ¿Por qué? Porque venía de 30 y pico de años en México. Llego a Boca en 2006 y respeté demasiado a las figuras. No me acerqué al Cata, a Ibarra, a Palermo, a Palacio... Con Gago me llevé bastante bien, con Marino también. Pero no me acerqué a ellos, como que yo respetaba su privacidad. Y cometí un error. ¿Sabés cuándo te das cuenta? Cuando había un futbol-tenis y no me dejaban jugar. Ahí yo me tenía que haber acercado. "Che, Cata, voy a tomar un café con vos. Vamos a charlar, que venga Ibarra o el que vos quieras. ¿Cómo estás viendo mis entrenamientos? ¿Qué creés que está faltando?"

-¿Y eso deriva en problemas en la cancha?

-No sé, pero puedo decirte que yo fui culpable de perder el campeonato y nunca escuché a un jugador explicar por qué se perdió. De local habíamos ganado el 95% de los puntos. Finalmente digo bueno, renuncio. Pero nunca pude sentarme con alguien a ver qué pasó. Pudo haber sido futbolístico, pudo haber sido anímico...

-¿Nunca volviste a hablar con un jugador de ese plantel?

-No, nunca. Hace poco lo crucé a Palermo​ que estaba dirigiendo al Pachuca y le dije a ver si podíamos sentarnos a tomar un café para charlar. Pero fue así, de pasada, cuando terminó el partido.

A los 68 y con más de 35 años como entrenador, Ricardo La Volpe todavía deja la puerta abierta a una nueva experiencia.

A los 68 y con más de 35 años como entrenador, Ricardo La Volpe todavía deja la puerta abierta a una nueva experiencia.

-¿Preferís dirigir a jugadores buenos y obedientes o a cracks pero rebeldes?

-Es bravo. Hay veces que llegás a un equipo y se te hace difícil porque hay figuritas a las que no les gusta hacer repeticiones. O no les gusta un mecanismo de salida. Ojo que cuando yo hablo de salir jugando es con un fundamento. En Argentina se creían que salir jugando era que se pasen la pelota entre los defensores. Y no es así. La salida es que un defensa pase a la media cancha con pelota dominada y que se vaya generando diferencia numérica. Se te hace difícil explicar eso. Y sí, es difícil manejar figuras. A la figura la tenés que convencer. El jugador cree que las sabe todas. Y hoy el técnico tiene que trabajar mucho en la estrategia. En la semana tu lateral tiene que saber a qué tipo de delantero va a enfrentar. Hay técnicos que dicen “jueguen, ya saben lo que tienen que hacer”. Eso no es una estrategia. Si no es muy fácil. La otra vez jugaban Barcelona-Atlético de Madrid. Yo me río. El comentarista dice: “¡Qué bien parado está el Atlético de Madrid!”. Pero pará, ¿el técnico del Barcelona no sabía que los dos 9 del Aleti se iban a parar en el círculo central? Entonces, el Aleti estaba bien parado, pero estaba muy mal el funcionamiento ofensivo del Barcelona.

-¿Por todo esto te resultó más sencillo convencer a personalidades como las de los jugadores mexicanos que a las de los argentinos?

-Cuando llegué a dirigir a Boca y a Vélez en Argentina nadie salía jugando. Era como un suicidio. “Nooo, no se puede arriesgar. Si perdemos la pelota te matan”. Era difícil. Necesitás un tiempo de convencimiento con los jugadores y para eso están los entrenamientos. Yo veo a equipos a los que les juegan con dos 9 en paralelo y salen con un parado defensivo. A la semana siguiente les juegan con un 9 adelante y otro atrás y siguen con el mismo parado defensivo. ¿Cómo va a ser igual el parado si el rival está diferente? Esos equipos no tienen idea de lo que es el trabajo.

-Hay equipos y clubes muy reticentes al cambio.

-¿Qué paso en Boca? Los periodistas no fueron justos conmigo. Y voy a explicarlo: cuando empezaron a decir que La Volpe cambió el sistema de Basile era una mentira más grande que una casa. Se olvidan de que yo ya no tenía a Insúa​, que lo vendieron apenas llegué. Lo primero que tenían que haber hecho es saber si por ejemplo Marino es enganche, si Neri Cardozo es enganche. Entonces, si no había un enganche no entiendo cómo dicen que La Volpe cambió el sistema. Yo estuve obligado a cambiarlo. Porque cuando hablo con Neri y con Marino les pregunto: “¿alguno de los dos es enganche?”. Me dijeron que no. Bueno, el primer partido con Godoy Cruz yo paro 4-4-2. A mí el 4-4-2 no me gusta. Porque te estás parando de igual a igual con el rival, jugás un 1 contra 1 muy sistemático. Yo al 4-4-2 lo supero con el 5-3-2 o el 5-2-3. Y ya lo demostré. Para el segundo partido entra Morel Rodríguez y hago línea de cinco. ¿Se pierde el campeonato? Sí. Pero después de ese partido contra Godoy Cruz yo había ganado todos los partidos en la cancha de Boca menos el que tuve que ganar o empatar que fue el último con Lanús. Entonces dicen boludeces. Empato el primer partido con un sistema que a mí no me gusta, el 4-4-2. Cuando apliqué mi línea de cinco gané todos los partidos. Lamentablemente vino Lanús y no le gano, ¿qué querés que haga?

-¿Cuánto tardan los jugadores en darse cuenta si un técnico es un versero?

-Como mucho un mes, como mucho eh. La primera semana lo escuchás. Y vas viendo que en los partidos no hay variantes, no tiene estrategia. Ya en la tercera, cuarta semana dicen ya está, este no tiene luces, es un sistemático que cambia muñequito por muñequito.

-¿Y ahí qué pasa?

-Ahí es cuando se arman los grupos y los referentes empiezan a hablar entre ellos. Se juntan en una habitación, toman un café y empiezan “mañana vamos a hacer esto, vamos a dejarnos de joder, vamos a pararnos así, no le demos bola”. Veinte mil veces escuché eso.

-¿A vos te pasó?

-No. Pero, ¿sabés por qué? Porque llega el primer día de la semana y voy con todos los videos para mostrarle al jugador cada error que cometió. Convencer a un jugador es una de mis cualidades.

-Y si no se convencen, afuera.

-¿Sabés qué pasa? ¿Por qué decía que los técnicos son light? Cuando llegué a los últimos dos clubes les pregunté a los jugadores qué metodología de trabajo tenían, qué sistemas utilizaban. Y eran puro rondos. Eran puro trabajos reducidos. Hay jugadores que trabajan a full y hay jugadores que caminan. Yo le decía a mi preparador físico, “ey, mirá, aquel camina, decile algo”. Y nadie le dice nada. Siento que los nuevos técnicos no entran en el roce. ¿Qué es el roce? Cuando hacés trabajos específicos y les marcás los errores. “Mirá, vos estás recibiendo de espaldas, estás mal perfilado”. Esas críticas al jugador no le gustan. Y menos cuando estás trabajando el equipo titular. “Juan, parate bien, con el perfil orientado, estás mal parado”. Uhh, ya no le gusta. Lo que yo noté en dos equipos grandes como América y Toluca es que había una escasez de trabajo impresionante. Es muy fácil trabajar 3 contra 3. Toda diversión. Ahí es donde yo veo que los técnicos son light. No quieren el roce con el jugador.

-¿Y el técnico cuánto tarda en darse cuenta de que el plantel no lo quiere más?

-En un partido ya te das cuenta si te quieren voltear. Si te estoy diciendo que en todos mis equipos nunca me interesó la camiseta ni el apellido de los jugadores... Yo lo que tengo que saber es el parado del rival, cuál es su sistema, cómo juega, dónde tiene deficiencias y dónde tiene virtudes. El lunes, martes yo ya sé todo eso. Y el miércoles empiezo a trabajar el sistema, el parado, si voy a hacer pressing alto, si voy a esperarlo. Si vos trabajaste todo eso, vamos a un ejemplo, yo te agarro al Monterrey: juega (Dorlan) Pabón por derecha y (Jesús) Gallardo por izquierda. Yo le digo a mi equipo, vamos a salir más por izquierda porque a Pabón le cuesta bajar, es como un Cristiano​. Y si a la hora del partido veo que salen por derecha, que no hay un pressing y hacen cualquier cosa… No va a pasar un partido. El lunes estamos hablando sobre el video y empiezo a preguntar. ¿Qué pasó acá? ¿Por qué hiciste esto? Y chau, te pongo en evidencia. Y que me empiecen a contestar porque los borro.

-Pero así es una tensión constante.

- Pará, pará, pará. Esto es como una fábrica. Y no hablo boludeces, yo tuve una fábrica de jabones. Todo es trabajo en equipo. A mí el director me tiene que decir qué está pasando en la producción y el de la producción me tiene que coordinar la materia prima para las ventas. ¿Si el capataz deja que los obreros vayan 10 veces al baño es bueno? No, es malísimo ese capataz, yo lo echo. ¿Por qué otra empresa hizo 8 mil jabones y nosotros 3 mil? ¿El de 8 mil es un fenómeno? No, el de 3 mil es un vago. Yo paso eso al fútbol y es igual. Si pongo a un jugador de 8 y el jugador termina por izquierda, ¿a qué se debe? Yo no vi nunca a Iniesta terminar de extremo derecho. Pero bueno, llegás a un equipo al que le dicen “muévanse, ustedes ya saben”. Pero decime, ¿son grandes equipos? Yo veo que un gran equipo es el Liverpool, el Manchester City, el Barcelona de Guardiola. Ahí hay grandes jugadores pero ahí hay disciplina táctica. Entonces si yo veo que mi equipo trabajó mal, ¿qué hago en el partido siguiente? ¿Sigo igual? La única manera de corregir que yo conozco es la que usaba mi maestra. Si yo escribía había sin hache o había con ve corta, me hacía una planilla. Y tenía que escribir “había, había, había, había”. No me equivoqué más: había es con hache y be grande. El futbol es igual.

-¿Y no corrés el riesgo de conseguir un robot en lugar de un jugador?

-Pero no. No, no. Esto es así, lo que tenés que poner es esto: está el técnico que trabaja y el que pone el sistema y que dicen “jueguen”. Te doy un ejemplo: si en un equipo de Simeone los dos volantes por afuera no corren, no juegan más. Hay dos facetas en el futbol: cuando tenemos la pelota y cuando no la tenemos. Y esto va más allá de las individualidades. Primero viene la disciplina: nuestro parado, nuestro sistema. Y después la segunda faceta: no tengo la pelota, cómo vamos a marcar. Entonces si yo veo que en el Atlético de Madrid Griezmann está marcando en su propia área, que no me venga un jugador equis al que no lo conoce nadie a decirme que no quiere correr o que no quiere bajar. Bueno, está el light que no le dice nada. Yo lo primero que le voy a decir es “¿vos viste a los grandes equipos? ¿Viste lo que hizo Griezmann en el Atlético de Madrid?”. Te doy otro ejemplo, hoy todos hablan de ¡cómo corre el Papu Gómez! ¿Lo habrán obligado en Argentina a correr como en Europa? ¿O se dio cuenta de que si en Europa no corre no juega?

-Quizá acá le alcance con menos.

-Hay una cosa en la que te voy a dar la razón y en la que soy medio bravo. A mí me pone loco cuando viene un jugador sudamericano a México y se cree que es un fenómeno. Está muy equivocado. A veces se lo digo y a veces me lo aguanto. “¿Te puedo decir algo? Yo fui jugador”. Al primer lugar que querés ir es a Europa. Después vienen otros lugares, por dinero, te vas a Arabia o a China. Y después recién viene México. En México no me podés decir que sos un fenómeno. Si fuera un fenómeno se habría ido a Europa. Nene, pará, sos buen jugador, pero no te creas que sos un fenómeno. Y después si los criticás sos un duro. ¡Pero qué me decís, cabrón! Si viniste acá, firmaste por tres años, te salvaste económicamente y ni demostrás que sos titular indiscutible. Pará, pará, venís a sacarle un puesto a un mexicano, demostralo. Ganando lo que ganás, estás en la tribuna, a veces ni pasás por el vestuario o te vas de farra. Eso no lo acepto. En eso soy muy difícil.

El Boca de La Volpe le llevaba cuatro puntos a su escolta, Estudiantes, a falta de dos partidos; terminó perdiendo el torneo Apertura 2006 en una final ante el Pincha.

El Boca de La Volpe le llevaba cuatro puntos a su escolta, Estudiantes, a falta de dos partidos; terminó perdiendo el torneo Apertura 2006 en una final ante el Pincha.

-¿Qué te pasa cuando escuchás que Boca es Boca?

-Y que solo sirve salir campeón. Como River, como Juventus, Real Madrid. Lo que me pasó a mí: el subcampeonato no sirvió. Faltando dos fechas iba por un récord de puntos y después pasó lo que pasó. Cuando me senté en ese banco me parecía que en Boca no podía perder. Finalmente se rompió lo que pensaba.

-¿De qué aspectos extrafutbolísticas tenés que estar pendiente?

-Del grupo. Pero ojo. No es lo mismo si al equipo lo armás vos, eso te facilita el grupo. El jugador ya te respeta porque lo llevaste o porque lo dejaste… Yo llegué a Boca y era un paracaidista. Tenía que demostrar quién era para estar dirigiendo ahí. Y ese pensamiento estaba en la mirada, en las caras de algunos jugadores. Yo sentía eso: ¿Quién es este para obligarnos a esto? ¿Quién es este para darnos órdenes? Cuando los jugadores no te quieren, como técnico ya bajaste un 30%.

-Encima llegabas a un equipo ganador.

-Lo más difícil es que no me apoyó el periodismo. Cuando yo me agarré con ese (Roberto) Leto, que era periodista de Boca, se lo dije en la cara: “es increíble que vos siendo un referente, que a vos te escucha el aficionado; ojo, si sabés algo de fútbol, no puede ser que no expliques que yo cambié el sistema porque se fue el enganche, se fue Insúa”. Ah, qué fácil, yo me fui, ¿y quién volvió? Riquelme. Y volvieron al 4-3-1-2. ¡Ahhh, qué piola! ¡Los felicito, qué inteligente!

-¿Si tuvieras que cambiar un resultado: ¿elegís ganarle a Argentina en los octavos de final del Mundial 2006​ o el título con Boca?

-No, el de México en el Mundial, sin ninguna duda. Haber logrado pasar y jugar el quinto partido… A nivel selección ese partido cambiaba la historia. Si pasábamos se iba a incentivar, a agrandar el equipo. Lo de Boca, bueno, pasó. Pero no creo que se haya hecho tanto “bum, bum” (sic) con lo que le pasó a River con Gallardo en el último campeonato. No hubo el “bum, bum” que pasó conmigo. Igual sé que si hubiera ganado ese campeonato en Boca mi trayectoria habría cambiado radicalmente

-Decime un técnico que sea amigo tuyo.

-No sé, bueno, te diría el Flaco Menotti​.

-Supongamos que el Flaco Menotti era el técnico de aquel Boca, se encuentran tiempo después y hablan como amigos. ¿Qué le preguntarías?

-¿Qué le podés decir a un equipo que viene ganador, que en la cancha de Boca viene de golear? ¿Qué le puedo decir? Lo único que le podría decir al Flaco Menotti es lo que hoy pienso: “¿Era usted querido por los jugadores?”, “¿los jugadores se iban a matar por usted en el campo de juego?”. Y cómo me doy cuenta de que no: porque nadie me defendió. Nadie, nadie. Nunca hubo una respuesta a lo que pasó. No tengo respuesta. Pasaron los años y, ¿de Boca quién me habló? Nadie.

MFV

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