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Siri Hustvedt: "Una de las cosas más extrañas de las relaciones entre hombres y mujeres es que a menudo las culpan por su propio deseo sexual"

La risa de la escritora Siri Hustvedt tiene la cualidad de la luz. Su pensamiento también. A medida que habla de su obra, incluso desde una pantalla, va hilando ideas científicas con reflexiones humanistas como si tejiera en el aire la tela del conocimiento humano. Hay algo cautivante en la manera en que la ganadora del Premio Princesa de Asturias a las Letras 2019 desarma con sensibilidad los dilemas esenciales de la vida contemporánea, que también aborda en sus ensayo de La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres (Seix Barral, 2017), y en novelas como El verano sin hombres y Todo cuanto amé, dos historias que consiguen mostrar el modo en que el arte es parte de la vida.

A pocos días de participar en el festival FILBA como una de las grandes invitadas internaciones, la intelectual feminista tiene un entusiasmo que es contagioso. Es más, no hay problema de conexión que la asuste, en medio de la charla se mueve hasta un cuartito de libros y se tira al suelo para poder tener mejor señal. Y sigue hablando, con humor y sensibilidad, de su novela más reciente Recuerdos del futuro, una exploración del modo en que construimos el relato de nuestra vida.

Le gusta jugar, y se nota en su escritura, que borra la frontera entre memoria e imaginación a partir de dos voces, la de una joven aspirante a escritora recién llegada a Nueva York, y la misma mujer ya madura que se observa y reflexiona sobre ese momento de juventud. Las dos son, de alguna manera, proyecciones de la misma autora para seguir indagando sobre los temas que viene investigando desde siempre: el lugar de la mujer, la memoria, la creación, el psicoanálisis, la violencia de género, incluso la política norteamericana con una crítica feroz a Donald Trump.

–Al momento de asumir Trump como presidente usted dijo que fue elegido porque la misoginia seguía viva, ¿Cuál es su mirada actual sobre el tema?

–Una de los problemas es que Trump es la personificación de algo que ya está en la cultura. Si no tuviera millones de personas detrás de él, desaparecería mañana. Es importante recordar que Trump es tan fuerte como la gente que lo apoya. Es cada vez más angustiante, porque estas fuerzas están vinculadas a la misoginia, el racismo y la xenofobia. Sin embargo, si se observan los movimientos fascistas de la década del 30 en Italia, España y Alemania, estas cuestiones también aparecen siempre relacionadas. Todos ellos querían controlar las vidas y los cuerpos de las mujeres. Y para muchos seguidores, Trump se convirtió en el camino de la vergüenza al orgullo. Son los hombres que se sienten humillados solo porque una mujer tiene una posición de autoridad. Creo que la simple elevación de sujetos diversos en la cultura americana, especialmente de un hombre negro a la presidencia, fue la máxima humillación para este sector de la población blanca de Estados Unidos. Estamos combatiendo el mundo republicano de los valores familiares, cristianos, que está lleno de racismo, misoginia y, claro, discriminación contra todo lo diferente, incluida la comunidad LBGTQ. Estados Unidos está tan dividido ahora como lo estuvo justo antes de la Guerra Civil. Con mi marido [Paul Auster] y mi hija somos parte de la organización “Writers against Trump”. Joe Biden no era necesariamente el candidato que queríamos, te digo la verdad, yo prefería a Elizabeth Warren. Sin embargo, es lo que tenemos y la diferencia es enorme. Es la diferencia entre mantener alguna forma de república democrática y perderla. Esta elección es la más importante de mi vida y tengo miedo de lo que vaya a pasar.

–¿Cómo ha sido su experiencia como intelectual y escritora en un espacio que históricamente fue controlado por hombres?

–Me gusta llamarlo “efecto de mejora masculina”. Es parte de nuestra herencia cultural, desde los griegos. Platón decía que el nacimiento que los filósofos tenían en el Simposio era superior al nacimiento natural que provenía de las mujeres. Las mujeres siempre fueron asociadas con el cuerpo, las emociones y la naturaleza, y los hombres con el intelecto y la cultura. Es una idea obcecada, pero aún hoy se asocia así a las mujeres artistas y escritoras, aunque sea absurdo. No puedo decirte cuántas veces un hombre me dijo: “Yo no leo ficción, pero mi mujer sí, ¿Me firmarías el libro para ella?”. ¿Por qué no vino su esposa a pedírmelo? Es el mismo problema. Leer un libro es una actividad íntima y profunda, en especial si es ficción. Muchos hombres heterosexuales sienten que es castrador leer un libro escrito por una mujer porque se someten a su escritura. De hecho, hay hombres que le tienen miedo o denigran lo imaginario. Al mismo tiempo, eso excluye toda posibilidad de juego. Imaginate lo que eso le hace a tu intelecto. Muchos de los caminos que tenemos para descubrir y crecer están en los libros que leemos. Son avenidas a través de las que podemos expandir nuestra consciencia. Un ser humano puede vivir, claro, pero a través de los libros podemos tener experiencias que no queremos tener en la vida real, solo que en un libro tenés la seguridad –lo que llamo el marco estético– para que toda clase de experiencias estén disponibles. Ser poseído, literalmente, por esa mente lo que dure la lectura. La voz de otro se vuelve la tuya.

–Al comienzo de Recuerdos del futuro leemos: “Entonces no sabía lo que ahora sé: que al escribir también me escribía”. ¿A qué se refería?

–Pensaba en el hecho de que todos somos escritos por las historias que ya existen en la cultura en que vivimos. Vivimos de manera narrativa. Juntamos los fragmentos de nuestra experiencia para crear un relato a partir de ello, y la forma en que unimos esas piezas viene directamente de esas historias. En la novela, y ciertamente en mi propio pensamiento, una de esas grandes narrativas es la del héroe, el hombre héroe, no la mujer. La idea del gran hombre o del genio. Y parte del viaje del libro es que la narradora joven, que es seguida de cerca por la narradora mayor, gana algo de sabiduría acerca del modo en que fue creada a partir de esas narrativas y cómo es tan difícil deshacerse de ellas. Quiero decir, el evento central es un abuso sexual, y de alguna manera durante toda la historia ella trata de superar ese trauma. La miseria, la humillación y la culpa que siente. Creo que se siente mal por algo que no fue su culpa, pero sigue examinándose, una y otra vez, y repite la historia que es típica de las personas que han sido traumatizadas por un acto violento. A la larga ella es capaz de entender que está determinada por esas historias sobre el poder. Una de las cosas más extrañas de las relaciones entre hombres y mujeres es que los hombres a menudo culpan a las mujeres por su propio deseo sexual. Y es algo que las mujeres heterosexuales no hacemos. Por ejemplo, si te sentís atraída por un hombre, sabés que es tu atracción, no lo culpás a él por haberla provocado, ¿verdad? En una cultura altamente jerárquica como la nuestra la mujer se convierte en la parte culpable, son sus senos, su sonrisa, ella es la culpable. Creo que es muy importante examinar el modo en que estos relatos se convierten, incluso inconscientemente, en parte de tu propia manera de pensar el mundo.

–En ese sentido, el evento central coincide con los reclamos principales del Metoo. ¿Cuál es su visión sobre este movimiento?

–Escribí la escena de abuso antes de que apareciera el Metoo en los diarios. Fue muy interesante, estaba cerca del final del libro y recuerdo que pensé que era muy extraño que justo sucedieran las dos cosas a la vez. Lo que Metoo probablemente ha hecho, y puede seguir haciendo en el futuro, es desplazar los valores sociales hacia otro lugar. En los movimientos sociales siempre hay ciertos excesos, lo sabemos. Las sufragistas quemaron campos de golf en Inglaterra e hacieron huelgas de hambre. Después podemos discutir si esa es una manera inteligente de luchar o no, pero cambiaron la idea de que las mujeres éramos incapaces de votar. El movimiento Metoo ha logrado algo parecido, porque las mujeres solían no decir nada. No puedo decirte cuántas veces, cuando era joven, saqué la mano de un hombre de mi pierna debajo de la mesa, o tuve que empujar a alguien, pero no me atrevía a decirlo. Ahora, en cambio, es más probable que las mujeres digan en voz alta en una cena “Si no sacás tu mano de mi rodilla, voy a cambiar de lugar”. De esa manera, la otra persona sufre humillación social y es justo que pase por esa clase de humillación. En las distintas culturas algo cambió para posibilitar que una mujer acepte el hecho de que este es mi cuerpo. Si no te quiero sobre él, mantenete lejos; si quiero, bienvenido. Lo que pasa en el debate es que la violencia sexual se confunde con el deseo sexual, el flirteo, y eso es algo muy diferente.

–¿Y con que factores asocia esa violencia hacia el cuerpo de las mujeres?

–En la novela quería que quedara claro que el ataque sexual que ella sufre tiene que ver con un castigo que él quiere infligirle. Ella piensa que va a pasar un buen momento con este hombre, que va a ir a su casa y se va a acostar con él, Y así empieza la tarde, pero a medida que avanza va dándose cuenta de que él se siente amenazado por el intelecto de ella. Es simplemente demasiado inteligente para él. Y él empieza a enojarse. Es otro aspecto de los relatos que se han escrito en la historia de las culturas: que una mujer no tiene que hacer nada para que un hombre se enoje, a menos que sea intimidarlo con su autoridad. Otra vez, no es que ella haya hecho algo, es que una mujer mostrando autoridad, conocimiento, cualquier cosa que sea poder, es percibido por el hombre, no todos los hombres, como una humillación, siente que pierde masculinidad solo por el hecho de que esta mujer existe. Y puede llevarlo a querer castigarla. Creo que la gente no es consciente de que la ira puede aparecer de una situación tan simple como esa. Los hombres han sentido en muchas culturas occidentales que una mujer le debe admiración, le debe una mirada de valoración, de importancia.

–En esta novela, y en algunos de sus ensayos, explora el tema de la memoria ¿Cómo trabajó esta vez la frontera entre su memoria autobiográfica y la ficción?

–Quería jugar con la idea de la memoria, alguien que se sienta y realmente escribe su vida, lo que este libro no es. Sin embargo, la protagonista está esencialmente modelada a partir de mí misma. Tomé aspectos biográficos de mi vida, quiero decir, me mudé a Nueva York en 1978 y viví en ese mismo departamento. A diferencia de mi personaje, me gradué y entré directo a la universidad. Fui a la lectura de poesía de John Ashbery y me volví loca por él. Casi todas las marcas históricas son precisas, pero los personajes y las cosas que ella hace son inventadas. Como el libro es acerca del tiempo y la memoria quería jugar con mi nombre, con mi biografía. Pero también quería dejar claro que la mayoría del tiempo no recordamos con precisión.

–La memoria es un acto de la imaginación, ha dicho en algún momento.

–Exacto. La memoria y la imaginación están relacionadas íntimamente, incluso están cerca en el cerebro. Quería, de algún modo, difuminar esa distancia. La cultura occidental está obsesionada con los hechos, con la “historia real”. En la ciencia suele decirse que hay un falso recuerdo. Pero la memoria y la imaginación, sean correctas o no, existen para que el animal humano sea capaz de avanzar, pueda saber cómo actuar en el futuro, sepa como tomar el pasado y usarlo creativamente. Parte de esta novela consiste en que la narradora revisa su propio pasado a través de ficciones. Reescribir tu pasado o volver a imaginarlo te permite moverte hacia adelante.

–Ha investigado y escrito mucho sobre el proceso creativo. ¿Podría hablarme de eso?

–La creatividad es algo que aparece muy temprano en los seres humanos. El pediatra inglés y psicoanalista infantil Winnicott tiene una manera maravillosa de hablar de los impulsos creativos. Escribió sobre el objeto transicional, el objeto entre el bebe y la mamá, un objeto al que puede aferrrarse incluso cuando ella no está, un espacio entre ambos. Freud habla de la transferencia entre el paciente y el analista, pero la traducción inglesa de la palabra alemana tummelplatz es playground, un patio de juegos entre el analista y el paciente. Creo que la traducción produjo un gran impacto en Winnicott, que era menos pesimista que Freud, y pensó que este lugar entre las personas era una fuente de actividad creadora, donde se juega la imaginación. Un área creativa se da siempre entre personas. Incluso cocinar una buena comida suele ser para otros. Es necesario contar con esa zona creativa de libertad.

–En ese sentido, ¿cuál es el lugar que piensa debería ocupar el arte en la vida?

–El arte está profundamente conectado con los ritmos de la vida. Me refiero al latido del corazón, la respiración. En el primer párrafo de la novela la narradora habla de caminar en la ciudad, habla del ritmo de la caminata y el modo en que está conectado con la escritura. Nace de este ritmo. Y nuestras cosas más profundas no están separadas de nuestras acciones físicas. Virginia Woolf dijo una cosa hermosa en una carta a Vita Sackville-West, “el ritmo es una cosa profunda” y siguió hablando como si atrapara una ola. Ella solía caminar mientras escribía. De hecho, al leerla sentís ese ritmo, es importante para lo que su trabajo es y significa.

–¿De qué manera consigue ir de las ciencias a la poesía con tanta flexibilidad?

–Es una cuestión de edad, tengo 65 años y vengo leyendo desde hace mucho tiempo. Es una suerte. Tengo un doctorado pero no me convertí en profesora de literatura, permanecí fuera de la Academia. Di conferencias, pero nunca sobre los mismos temas: neurociencia, filosofía, neurología, psicoanálisis. Claro que las humanidades, no solo el arte y la literatura, me fascinan. Todo se potencia mutuamente. Si te quedás en el mismo campo, no podrías ver el modo en que las cosas están vinculadas. Las personas de humanidades pueden ganar leyendo ciencias. Y algunos de los mejores científicos son aquellos que tienen conocimiento de filosofía o pueden hablar de música o literatura. Eso los ayuda a pensar.

Siri Hustvedt en primera persona. Diálogo con Eugenia Zicavo. Jueves 22 a las 22 hs. En el canal de Youtube de Fundación Filba. Toda la programación de Filba 2020 en: filba.org.ar

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