Argentina
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Tener un empleo ya no es una condición para dejar de ser pobre

Según la UCA, entre los que tienen un empleo pleno, el salto de la pobreza es mayor porque trepó del 4,7% en 2017 al 13,9% en 2022.

Pese a la disminución del desempleo, el aumento de la precariedad laboral, el avance de las ocupaciones de subsistencia, la caída del poder adquisitivo de los salarios y de los ingresos de los sectores medios no profesionales explican el fuerte incremento de la pobreza. 

Según el Observatorio Social de la UCA, el 29,8% de la población ocupada son pobres, casi duplicando el 15,5% que alcanzaba en 2017. Entre los que tienen un empleo pleno, el salto es mayor porque trepó del 4,7% en 2017 al 13,9% en 2022. Y los que tienen un empleo precario subió del 15,5% al 31%. 

En definitiva, tener un empleo dejó de ser una condición para no ser pobre.

El Informe de la UCA dice que “el problema no es el bajo crecimiento económico, sino que con cada crisis aumentan los índices de pobreza, a la vez que con cada período de recuperación no logran recuperar el punto de partida. Las crisis dejan marcas de deterioro productivo, social y político que resultan de difícil contabilización estadística. Sin embargo, el resultado es evidente: ciclo tras ciclo la sociedad argentina viene acumulando una pobreza estructural, crónica y persistente, con brechas de desigualdad creciente que inhiben el crecimiento y ponen barreras a los acuerdos sociales y políticos”.

Después de cada crisis, hay una recuperación parcial de la actividad económica, pero no se generan empleos de calidad y los nuevos sectores sociales se refugian en la informalidad, y los que logran empleos registrados lo consiguen con bajos salarios y precariedad laboral. Así viene cayendo la  participación de la masa salarial en el reparto de la "torta" ( valor de producción), 

De esta manera, se ha ido conformando una nueva capa de nuevos pobres que provienen de los sectores medios asalariados y no asalariados que se integran en un mercado de trabajo “empobrecido” o buscan refugio en la llamada “economía social de subsistencia”. Y que, al mismo tiempo, no podrían subsistir sin ayudas sociales.

Como dice el Informe de la UCA, “el gasto en transferencias sociales es el mecanismo por excelencia más eficiente para mantener una relativa paz social”. De lo contrario, “la pobreza sería muy superior y el conflicto podría ser un factor de disolución social”.

Por todo esto, la pobreza estructural sigue avanzando y los factores de contención se debilitan y pueden quebrarse por la alta inflación, el aumento del endeudamiento público, las presiones devaluatorias y de ajuste social, en un contexto internacional marcado por la crisis financiera y una pandemia que se resiste a abandonar el planeta.