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Un exgeneral septuagenario frente a la protesta de la juventud en Nigeria

En cinco años en el poder, el presidente nigeriano Muhammadu Buhari enfrentó una insurrección yihadista y una terrible recesión económica. Pero la protesta popular de las últimas semanas le plantea un desafío sin precedentes.

Este pulso con una juventud ávida de cambios debería pasarle factura. El exgolpista de 77 años fue muy criticado por haber tardado en reaccionar tras la represión de las manifestaciones pacíficas que estos últimos días hundieron en el caos a Lagos, ciudad más poblada del país.

Durante dos días, Buhari se mantuvo en silencio, mientras que su ejército y la policía eran acusados de haber disparado balas reales contra miles de manifestantes, provocando al menos 12 muertos en Lagos y la indignación internacional.

Cuando el presidente por fin tomó la palabra el jueves por la noche, se mostró intransigente: pidió el cese las protestas, ignoró las condenas de los países extranjeros y ni siquiera mencionó la represión.

"El presidente se mostró frío e impermeable" al dolor de la juventud, declara a la AFP Idayat Hassan, directora del Centre for Democracy and Development en Abuya. "Carece de empatía", estima.

Miles de jóvenes salieron a las calles de las grandes ciudades del sur del país durante dos semanas para exigir el fin de la violencia policial y de la impunidad.

Con la esperanza de calmar los ánimos, el presidente anunció el 12 de octubre la disolución de una controvertida unidad policial, objeto de las primeras reivindicaciones, y prometió una reforma de la policía.

- Una brecha inmensa -

Pero estos anuncios fueron insuficientes a ojos de los jóvenes, y las manifestaciones adoptaron poco a poco la forma de un movimiento contra el gobierno central.

En estas ciudades donde vive una población tan joven como pobre, rápidamente estalló la violencia, seguida de una severa represión.

Este capítulo puso en evidencia la inmensa brecha que separa a una élite nigeriana envejecida --personificada por el presidente-- de la joven generación deseosa de hacerse escuchar.

"Es el episodio más importante de la historia de Nigeria", proclamaba el viernes la estrella de la música Burna Boy en el canal de televisión británico Sky News. "La juventud de la mayor nación negra del mundo se ha unido y ha decidido que ya basta", añadió.

Cuando el presidente llegó al poder por primera vez en 1983, la mayoría de los jóvenes que protestan ahora ni siquiera había nacido.

A lo largo de los 20 meses en los que dirigió el país tras un golpe de Estado, Muhammadu Buhari lanzó "una guerra contra la indisciplina", encarceló a opositores y abordó el problema de la corrupción.

Treinta años después, vuelve al poder, a través de las urnas, como "demócrata convertido". Pero el presidente está más cómodo cuando hay que conseguir el apoyo del ejército, y menos cuando hay que escuchar al pueblo.

"Su discurso parecía el de un jefe militar, no el de un presidente elegido para gobernar un país de 200 millones de habitantes enfrentado a profundos desafíos económicos y sociales", analiza Matthew Page del centro de reflexión británico Chatham House.

Su elección en 2015 había hecho soplar un viento de cambio en Nigeria, siendo la primera alternancia democrática de la historia del país. En 2019, Buhari fue reelegido.

- Promesas incumplidas -

Pero los últimos cinco años, el presidente no logró cumplir sus promesas de erradicar la corrupción y acabar con la insurrección de Boko Haram en el noreste. Entre tanto, tuvo que afrontar una terrible recesión económica y ahora se enfrenta a múltiples críticas por su gestión de la protesta.

Esta actual represión, retransmitida en directo en las redes sociales, será más difícil de olvidar.

"Atestará un duro golpe a su credibilidad", estima Amaka Anku, del centro de análisis Eurasia Group. "Lo perseguirá el resto de su mandato", que se extiende hasta 2023.

En el lado de la juventud, la protesta podría ser un punto de inflexión: "Ladrillo a ladrillo, vamos a construir juntos el país en el que queremos vivir", escribe el abogado Moe Odele, que coordinó el movimiento.

bur-del/cma/blb/bc/me

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