Bolivia

Antonio Escribano: “El organismo se hace fuerte si es apoyado por el estado de ánimo”

Alimentación, descanso adecuado, ejercicio físico y estabilidad emocional resultan las claves para que el organismo tenga buenas defensas contra virus e infecciones. Sobre esos aspectos esta semana conversó con OH! el destacado especialista español Antonio Escribano Zafra.

-Dicen que el mejor médico, terapia y vacuna contra el coronavirus es un buen sistema inmunitario. ¿Qué tan cierta es esa expresión?

-Indudablemente. Cuando nos ataca un agente externo del tipo de las bacterias o virus, nuestro organismo, desde hace millones de años, se defiende. Y cada vez lo hace de manera más específica contra el agente que nos agrede.

La entrada de un virus en el organismo plantea de inmediato una batalla entre el virus y nosotros. En esa batalla tiene que haber un vencedor y afortunadamente en la mayoría de los casos somos nosotros. Pero para ganar esa batalla hace falta que el “ejército” de nuestras defensas no solamente esté presente en nuestro organismo, sino que tenga un buen entrenamiento y posea una forma excelente. En estos casos la batalla es contundente y la derrota del enemigo es exitosa. Como dice Sun Tzu en el libro “El arte de la Guerra”, “la mejor batalla es en la que se vence al enemigo prácticamente sin luchar”. Eso ocurre cuando nuestras defensas son muy fuertes.

-Entiendo que un buen sistema inmunitario se construye desde antes de nacer. ¿Qué precauciones debemos tener para criar hijos que tengan un buen sistema inmunitario?

-Desde el útero, el organismo ya confecciona las bases para el desarrollo del sistema inmunitario en el organismo. En nuestra genética de millones de años está previsto que hay que luchar y defenderse contra infinidad de gérmenes.

La leche materna es el principal aliado del recién nacido para desarrollar sus defensas. En la leche materna van infinidad de anticuerpos que la madre ha desarrollado a lo largo de la vida. Son asumidos por el recién nacido como suyos y le protegen mientras no puede desarrollar los propios. En esa leche, se sabe recientemente, van hasta bacterias intestinales que ayudan a conformar la flora intestinal del recién nacido y contribuyen de paso a conformar el sistema defensivo.

Los padres deben cuidar todos los mecanismos que potencian el desarrollo de las defensas: una alimentación adecuada, evitar el sobrepeso, mantener actividad física, dormir el tiempo necesario, mantener hábitos de higiene adecuados, evitar el consumo de alcohol, tabaco y drogas, desarrollar un buen equilibrio psicológico, etc., Todas las actuaciones que están descritas para los adultos se deben de iniciar desde pequeños, para que el sistema inmunitario “aprenda” a estar entrenado.

-El sol, el aire puro, la naturaleza… ¿Qué pasa cuando estas condiciones son escasas o ausentes?

- Es importante el sol, tomado con moderación, ya que posibilita la síntesis de vitamina D, que es determinante en el sistema defensivo. El “airear” frecuentemente los lugares donde vivimos o realizamos nuestro trabajo, ya que de esa forma renovamos el aire y expulsamos de nuestro entorno a agentes patógenos. Del mismo modo el amplio espacio y distanciamiento que se genera en espacios abiertos que propicia la naturaleza, nos aleja de contactos que pueden desarrollar contagios.

-¿Cuáles son los hábitos que más bajan las defensas?

-Todos los hábitos que potencian las defensas actúan de forma negativa cuando se excluyen de nuestra vida. En este sentido llevar una alimentación desequilibrada que generalmente termina en sobrepeso y  obesidad, diabetes, alteraciones de los lípidos, etc., es un primer paso para tener unas defensas debilitadas. Ser consumidor de alcohol, tabaco y cualquier droga altera gravemente las defensas, mucho más de lo que normalmente se piensa.

-Actividad física, ¿es cierto que demasiada actividad física baja las defensas? ¿Cuál la intensidad recomendable?

- La actividad física influye de manera importante en los sistemas que regulan los mecanismos defensivos. Los seres humanos, desde hace miles de años, hemos desarrollado una actividad física regular caminando o corriendo. Las actividades físicas y ejercicios de larga duración y baja intensidad son conceptualizados desde el punto de vista fisiológico como ejercicios “aeróbicos”.

Con este tipo de ejercicio moderado, si se realiza de forma habitual, se obtienen beneficios en el sistema inmunitario. Por lo tanto, disminuye el riesgo de sufrir infecciones. Estos beneficios que aporta el deporte moderado suceden a cualquier edad y, además, no son transitorios, sino que se mantienen en el tiempo.

El ejercicio intenso, de carácter “anaeróbico” mantenido, perturba los sistemas de intercomunicación que están establecidos entre el nervioso, el endocrino y el inmunológico. Alteran las capacidades funcionales de todos los sistemas implicados en la defensa del organismo. Los deportistas que realizan actividades intensas planifican su entrenamiento con cierta finalidad competitiva, pero a veces se sobrepasa el límite y se llega a mantener una intensidad en la preparación que resulta excesiva. Ello provoca daños musculares y lesiones, generando una fatiga crónica y un stress continuado que termina en lo que se conoce como “sobreentrenamiento”. En este caso se altera la función del sistema inmunitario relacionado con la regulación de la producción de inmunoglobulinas.

- ¿Cuánto influye el problema del sueño en estos tiempos de tanto insomnio?

-Dormir es un proceso fisiológico indispensable que se lleva a cabo para hacer que el organismo descanse y realice una especie de mantenimiento y autorregulación. Algunos experimentos interesantes pusieron de manifiesto que una sola noche de insomnio altera las funciones corporales. En 2003, a un grupo de estudiantes se le administró una vacuna de la hepatitis A. A la noche siguiente se dejó sin dormir a la mitad del grupo y se permitió dormir normalmente al resto. Al cabo de un mes se midieron los anticuerpos que se habían generado como respuesta a la vacuna. El grupo que durmió normalmente la noche posterior a la vacuna presentaba valores de anticuerpos muy superiores a los del grupo que pasó esa noche sin dormir.

No es necesario pasar la noche entera sin dormir, con solo dormir menos tiempo ya se altera la capacidad de generar anticuerpos. El sueño y los ritmos circadianos actúan de forma conjunta para modular la respuesta inmune adaptativa. Esto lo hacen modificando los niveles de hormonas como las catecolaminas y el cortisol, que descienden durante el sueño nocturno, y liberando la prolactina y la hormona del crecimiento.

La calidad y profundidad del sueño tiene una importante relación con la respuesta inmune. Acortar horas al sueño no es recomendable en absoluto, ya que la privación del sueño es entendida por el organismo prácticamente como una agresión. Y las reacciones ante esto son las mismas que se desarrollan ante el estrés.

-La alimentación juega un rol clave. ¿Qué es lo más importante que se debe cuidar?

- Al analizar pormenorizadamente algunos elementos de la nutrición, se ha observado a lo largo del tiempo que había muchos de ellos que eran los responsables específicos de los problemas inmunológicos. Así sabemos hoy que hay moléculas contenidas en los alimentos y los nutrientes ejercen un papel muy importante en el sistema defensivo del organismo. Por tanto, esas moléculas son inmunocompetentes, es decir, que intervienen en los mecanismos del sistema inmunológico en general, y también de forma precisa en aspectos determinados. Por esta cualidad podemos atribuirles a los nutrientes que las contienen la propiedad de ser “inmunonutrientes”.

Es importante mantener un nivel adecuado de proteínas de alto valor biológico, que contienen aminoácidos, que son importantes para el desarrollo de anticuerpos. Vitaminas D, C, A y B12, minerales como el zinc, selenio, hierro, etc. Una alimentación equilibrada contiene todo esto y, en cualquier caso, debemos estar pendientes de que sea así.

-¿Cómo golpean el estrés, la depresión y otras condiciones emocionales al sistema inmunitario?

-Una de las consecuencias del estrés es la depresión, pues la exposición crónica al cortisol rebaja los niveles de adrenalina en ciertas zonas del cerebro. Cuando el estrés persiste, disminuyen los niveles de serotonina, hormona que afecta a la regulación del humor y a los ciclos de sueño. Incluso disminuye el número de los receptores de serotonina en la corteza frontal, con lo que tenemos terreno abonado para comprometer al sistema inmune.

Sabemos que el estrés crónico desencadena señales que, de alguna forma, son captadas por el sistema inmunológico. Éste percibe los cambios que se producen cuando el cuerpo se encuentra en esa situación de estrés, posiblemente por el aumento de la secreción de cortisol que trae consigo y que actúa alterando la función de los linfocitos e incluso de las inmunoglobulinas. El estrés crónico provoca que el sistema inmunitario se deprima y baje sus funciones. Con ello facilitaríamos la entrada de agentes patógenos y estaríamos inhibidos en la lucha contra ellos.

-Entonces es clave la “actitud mental”.

- La “actitud mental” es muy importante. El sistema inmune es sensible a ella y se  fortalece con el optimismo. “Soy optimista. No parece de mucha utilidad ser cualquier otra cosa”, decía Winston S. Churchill. En efecto, la rentabilidad del optimismo llega a ser incluso percibida por el organismo y su sistema defensivo. Se hace más fuerte y eficaz cuando es apoyado por un estado de ánimo que percibe la vida en positivo. Ello va con el afán de superar o minimizar obstáculos, si en realidad existen, y no verlos constantemente, aunque no existan o agrandarlos de modo artificial.

Hay gente que percibe y reacciona ante las adversidades con optimismo y positividad, y como una oportunidad de cambiar para bien. Esto contribuye a mantener o incluso aumentar su salud y afrontar mejor la enfermedad. Por el contrario, y los médicos observamos esto constantemente y sin poder explicarlo de manera exacta, el pesimismo injustificado, la intransigencia, la baja motivación y la negatividad están relacionadas con un sistema inmunológico deprimido.

- ¿Qué debe hacer alguien que quiere potenciar su sistema inmunitario?

- El sistema inmunitario se fortalece y se entrena manteniendo varias prácticas que a modo de decálogo las podemos resumir en:

1.-Mantener una adecuada higiene personal. 2.- Llevar a cabo una alimentación e hidratación adecuadas. Vigilar la presencia de proteínas y aminoácidos, vitaminas  A, B, D y E, minerales como el zinc, el selenio, el hierro y el cobre. 3.- Guardar de manera escrupulosa los protocolos de vacunación y no dejarse llevar por modas y opiniones sin sentido. 4.-No tomar ningún tipo de droga. No hay drogas “blandas”, todas son “duras”. 5.- Evitar el alcohol y tabaco. 6.- Respetar el sueño y darle su consideración adecuada. 7.- Controlar el estrés y la ansiedad. 8.- Tener una actitud positiva ante la vida y un estado de ánimo elevado.            9.- Luchar contra el sobrepeso y la obesidad. 10.- Realizar actividad física.

Con lo propuesto, haremos todo lo posible para que nuestras defensas se encuentren en “plena forma”. Esto nos puede evitar enfermedades o afrontar con mayor posibilidad de éxito las que no hayamos podido prevenir.

-¿Qué deben hacer especialmente los grupos de personas más sensibles al ataque de la Covid-19?

-Mantener todas las recomendaciones que indicamos, pero de manera más rigurosa e intensa. Y por supuesto mantener la disciplina de distanciamiento, higiene de manos y superficies, protección de vías de entrada y salida del organismo, etc.

El mundo entero está afectado como consecuencia de la pandemia. El sistema defensivo actúa como la puerta blindada hacia el exterior y como el ejército y la armada que nos protege de agentes patógenos en el interior, si nos invaden. Si el agente patógeno logra penetrar, hay que plantear una batalla contra él para destruirlo. O nos vence o le vencemos. Si lo hacemos, el sistema inmunológico lo registra, le hace su “ficha policial” y desarrolla y recuerda una estrategia concreta contra él, por si trata de volver a entrar. Hay que “entrenar” nuestro sistema defensivo para que todo esto se lleve a cabo.

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PERFIL:

Antonio Escribano Zafra es especialista en Endocrinología y Nutrición y en Medicina de la Educación Física y el Deporte. Ha sido docente en diversas universidades de España, EEUU y América Latina. Recibió diversas distinciones, entre ellas, la de doctor Honoris Causa de la Universidad de San Ignacio de Loyola de Lima. Es director de varias tesis doctorales e investigaciones y es autor de cinco libros.

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