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Desigualdad Nobel

Desigualdad Nobel
De un total de 962 premiados (al 2020) solo 58 son mujeres, de hecho 57, ya que Marie Curie recibió 2 premios, los restantes son 24 organizaciones y 866 hombres. Si consideramos las tres categorías científicas “duras” los números son aún más impactantes: en fisiología o medicina solo son 12 mujeres de 224, en química 7 de 186 y en física solo 4 de 216. Si este sesgo no es suficiente, ningún galardonado/a en estas categorías ha sido de raza negra. Otro punto para considerar es que los avances en ciencia cada vez dependen menos de esfuerzos individuales. La idea del científico genio y solitario es más una caricatura que un reflejo del mundo actual. Por ejemplo, los premios de física de 2013 y 2017 por el descubrimiento del bosón de Higgs y la detección de ondas gravitacionales, fueron miles de científicos y científicas de múltiples disciplinas que participaron para hacer de este descubrimiento una realidad. Premiar a uno, dos o tres científicos distorsiona totalmente el mérito del trabajo en equipo y colaborativo, que son la base del progreso actual.

En octubre se produce la semana más esperada de la ciencia: los anuncios de los premios Nobel. Pero, ¿será posible que esta tradición centenaria sea un atasco para la visibilidad del trabajo de grupos subrepresentados y de cómo se progresa ciencia en la actualidad?

Quizás los números más dramáticos por su desigualdad son estos: de un total de 962 premiados (al 2020) solo 58 son mujeres, de hecho 57, ya que Marie Curie recibió 2 premios, los restantes son 24 organizaciones y 866 hombres. Si consideramos las tres categorías científicas “duras” los números son aún más impactantes: en fisiología o medicina solo son 12 mujeres de 224, en química 7 de 186 y en física solo 4 de 216. Si este sesgo no es suficiente, ningún galardonado/a en estas categorías ha sido de raza negra.

Estos datos objetivos nos hacen plantear la pregunta de si realmente los Premios Nobel se están entregando a las mejores investigaciones, a aquellas con el mayor aporte a la humanidad o si en cambio existe un severo sesgo de quienes hacen las nominaciones y eligen a los ganadores.

Otro punto para considerar es que los avances en ciencia cada vez dependen menos de esfuerzos individuales. La idea del científico genio y solitario es más una caricatura que un reflejo del mundo actual. Por ejemplo, los premios de física de 2013 y 2017 por el descubrimiento del bosón de Higgs y la detección de ondas gravitacionales, fueron miles de científicos y científicas de múltiples disciplinas que participaron para hacer de este descubrimiento una realidad. Premiar a uno, dos o tres científicos distorsiona totalmente el mérito del trabajo en equipo y colaborativo, que son la base del progreso actual.

En este último sentido los Nobel corren el riesgo de ser una piedra de tropiezo en el reconocimiento de una nueva forma de hacer ciencia y de transformarse en una especie de lotería, donde la subjetividad, la parcialidad y los sesgos culturales de quienes escogen primen por sobre los méritos científicos.

Finalmente, el último punto tiene que ver con qué realmente se está premiando. Cuando se comenzó la entrega de estos premios en 1901, las categorías de física química, fisiología y medicina, literatura y economía tenían sentido (dejaré fuera del análisis el premio de la paz). Las disciplinas estaban bastante más delimitadas y los aportes de una, poco tenían que ver con otra.

Pero tras 120 años, las cosas cambiaron mucho, hoy tenemos disciplinas que en palabras de Alfred Nobel producen “contribuciones notables a la humanidad en el año anterior o en el transcurso de sus actividades” y que difícilmente van a ser galardonadas con este premio. Por ejemplo, los avances en informática, computación cuántica, la robótica e inteligencia artificial, ¿a quién le entregamos los avances en ciencia de materiales? ¿Es eso física o química? Mucho se ha dicho que varios de los últimos premios de química son en realidad avances en bioquímica y no química pura.

Creo que es tiempo de repensar la ciencia como cajas con etiquetas con contenidos que no interactúan, y abrazar un mundo interconectado y multidisciplinario donde los avances se logran gracias a la colaboración y el trabajo en equipo más que a la genialidad individual.

Juan Carlos Beamín es astrónomo y coordinador del Centro de Comunicación de las Ciencias de la Universidad Autónoma y colaborador de la Fundación Chilena de Astronomía.

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