Chile

El quórum y el plebiscito en una Constituyente: enseñanzas de Mandela

En Sudáfrica, una población de ocho millones de negros se rebeló durante años contra una minoría opresora formada por  tres millones de blancos. En cierto momento, el gobierno blanco vio que no podía detener el cambio social y decidió iniciar negociaciones con Mandela, el líder de la mayoría negra, a quien tuvo preso durante 27 años.

Resulta instructivo ver cómo en Sudáfrica se logró terminar el sistema del apartheid y construir un orden más justo, evitando una cruel guerra civil. En la parte final de la fascinante autobiografía de Nelson Mandela, “El Largo Camino hacia la Libertad”, aparecen muchos temas relevantes para los  procesos constituyentes, como el chileno.

El diálogo entre adversarios

Mandela: “Llevábamos tres cuartos de siglo combatiendo contra el dominio de la minoría blanca, y más de dos décadas enzarzados en la lucha armada. Ya había muerto mucha gente en ambos bandos… Para ambos contendientes entablar conversaciones representaba un signo de debilidad y constituía una traición. El gobierno aseguraba una y otra vez que éramos una organización de comunistas y terroristas. El CNA (Congreso Nacional Africano, partido de la mayoría negra) repetía una y otra vez que el gobierno era fascista y racista y que no había nada que hablar…” (Autobiografía, p.543)

Pero Mandela y sus compañeros siempre insistieron en la necesidad del dialogo entre los oponentes, y lo llevaron adelante contra viento y marea. Siempre perseveró en buscar el dialogo. “Con la ayuda de una serie de colegas redacté una carta dirigida al (Presidente) De Klerk…Le decía al presidente que el conflicto en curso estaba desangrando el país y que la única solución era hablar”. Afirmaba: “los acuerdos son indispensables para dirigir un país, y llegamos a acuerdos con los adversarios, no con los amigos…El acuerdo es la única alternativa para el que realmente desea la paz y la tranquilidad” (Todorov, Insumisos, 157).

El quórum en la Asamblea

Mandela y sus compañeros lucharon por  el derecho a elegir  representantes para redactar una Constitución democrática. Después de años, ese objetivo se consiguió, llegando el gran día de la elección de los 400 escaños de la asamblea. Para tomar resoluciones en la Asamblea constitucional en Sudáfrica se necesitaría un quorum de dos tercios, del mismo modo que en nuestro país.

Expresa Mandela: “El recuento de votos duró varios días. Obtuvimos un 62,5% en el escrutinio, algo menos de los dos tercios caso de que hubiéramos deseado imponer una constitución definitiva sin el apoyo de los otros partidos. El porcentaje nos otorgaba 252 de los 400 escaños de la asamblea nacional” (640).

Alivio de Mandela al no tener los dos tercios

“En el Congreso Nacional Africano (el partido de la mayoría negra) hubo quien se sintió defraudado por el hecho de que no hubiéramos conseguido superar el umbral de los dos tercios de los votos, pero yo no estaba entre ellos. De hecho, me sentí aliviado. Si hubiéramos obtenido dos tercios de los votos y hubiéramos estado en condiciones de redactar la Constitución sin atenernos a los deseos de los demás, la gente argumentaría que habíamos creado la Constitución del CNA, no la de Sudáfrica. Yo quería un gobierno de unidad nacional” (641).

Mandela no quería que la mayoría negra estuviera en condiciones de imponer la  Constitución de modo unilateral. El deseaba una Constitución que incluyera también a los perdedores, es decir, a la minoría blanca y otras minorías.

Debe agregarse otro importante antecedente. En el proceso sudafricano se incluyó la posibilidad de plebiscito dirimente, en los casos en que  no se alcanzara el acuerdo por dos tercios. Esta cláusula fue importante, estimándose que las fuerzas conservadoras optaron por participar en los acuerdos, pues sabían que de fracasar estos en la asamblea, se podrían llevar a un plebiscito, que debía aprobarlos por una mayoría del 60%. Esto hizo que finalmente no se necesitara un plebiscito dirimente (Testa Ferreira, 2019, Klug, 2020).

Inclusión de los “otros”                                                                             

Mandela sabe que el partido de la mayoría negra sería el encargado de gobernar. En su discurso al celebrar la victoria expresó: “consideré que mi misión era predicar la reconciliación, restañar las heridas del país, engendrar fe y confianza. Sabía que mucha gente, en particular perteneciente a las minorías blancas, mestizas e indias, se sentía preocupada por el futuro y quería reconfortarla. Recordé a todos, una y otra vez, que la lucha por la liberación  no había sido una batalla contra otros grupos u otros colores de la piel, sino contra un sistema represivo. Siempre que tenía ocasión repetía que todos los sudafricanos debían unirse y cogerse de la mano para decir que éramos un solo país, una nación, un pueblo, que caminaba unido hacia el futuro” (642).

Mandela insistió en la necesidad de asegurar la tranquilidad y la seguridad de la minoría blanca en un futuro gobierno de mayoría negra. Sostenía que la población blanca era también africana y que su aporte era valioso y necesario para el progreso del país. Los afrikáners blancos tenían tanto derecho a vivir en Sudáfrica como los negros.

En su conducta política Mandela siempre instó a tener respeto al adversario, pidiendo  rescatar lo humano en el otro, lo que puede permitir una comunicación. Todorov resume la actitud de Mandela: “en una controversia, lo mejor es no adoptar un papel moralmente superior y privar de él a tu interlocutor. Para vencer en una discusión no es necesario desvalorizar al otro…El intercambio personal, protegido de la mirada de terceros, permite a todo el mundo ceder una parte de sus exigencias sin por ello sentirse humillado. Siempre hay que tener en cuenta el orgullo y el sentido de honor del adversario” (Todorov, 164).

Constructor de la paz

En palabras de Todorov, Mandela “está convencido que la inmensa mayoría de la población aspira a la paz y a la seguridad y que la guerra civil sería un desastre que es preciso evitar a toda costa. Rechaza la lógica de los que justifican su violencia con la violencia anterior de los enemigos, en una escalada sin fin…Los adversarios de Mandela son los irreductibles de cada bando que rechazan todo compromiso y prefieren la victoria de sus convicciones a la paz” (Todorov, Insumisos, 153).

Los procesos políticos de cada país son diferentes, y por supuesto Chile no es Sudáfrica. Sin embargo, muchas lecciones útiles para este momento constituyente surgen de la lectura de la experiencia de Mandela y los sudafricanos. La utilidad del quórum de dos tercios que hacía necesario  buscar acuerdos amplios; el rol de los plebiscitos para impulsar a acuerdos sustanciales;  la necesidad de incluir a las minorías; el respeto al adversario con el cual será necesario llegar a acuerdos; la consideración debida al honor del adversario. Terminamos con una frase de Mandela sobre su infancia: “cuando niño aprendí a vencer a mis adversarios sin humillarlos”.

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