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¿Votar nulo en segunda vuelta?: Una opción de rechazo a las candidaturas, pero poco pragmática, según expertos

José Tomás (27) tomó la decisión de anular su voto en segunda vuelta. Dice que, si por un lado no le gusta José Antonio Kast como candidato, por el otro no le convence apoyar a Gabriel Boric por el rol que el Partido Comunista podría tener en un eventual gobierno suyo. Comenta que, “por principios”, simplemente no puede marcar su preferencia hacia uno u otro candidato, y que lo dejará manifestado en las urnas el próximo 19 de diciembre.

Se trata de un debate que se ha instalado de cara a la segunda vuelta. Y, frente a unas elecciones con un resultado todavía abierto, en redes sociales, de uno u otro lado se han viralizado mensajes como “votar nulo es votar Kast” o, al revés, “votar nulo es votar Boric”.

Rodrigo Medel, académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Alberto Hurtado, explica que, en contextos de voto obligatorio, la opción nula siempre fue una preocupación constante en Chile desde la transición a la democracia. “Al verse compelidos a acudir a las urnas, aquellos que no manifestaban opciones era un porcentaje que estuvo cerca incluso de llegar a los dos dígitos porcentuales a fines de los 90. Sin embargo, con el contexto de voto voluntario ha caído la preocupación por esta opción”.

Desde que existe el voto voluntario, dice Carlos Durán, investigador de la Universidad Católica Silva Henríquez, “el voto nulo ha decrecido a niveles marginales pues quienes no desean participar o no tienen opción deciden normalmente no votar”.

En la primera vuelta de las presidenciales de este año, según el Servel, los votos nulos alcanzaron el 0,8%, la misma cifra de la segunda vuelta presidencial de 2017 (Guillier v/s Piñera). Ya en los comicios de 2013, este llegó al 1,46% (Bachelet v/s Matthei). Sumando los votos en blanco de las mismas elecciones, el porcentaje aumenta para alrededor de 2% del total de sufragios.

Se trata de un debate que se ha instalado de cara a la segunda vuelta. Y, frente a unas elecciones con un resultado todavía abierto, en redes sociales, de uno u otro lado se han viralizado mensajes como “votar nulo es votar Kast” o, al revés, “votar nulo es votar Boric”.

En un reciente análisis, el académico del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile Miguel Ángel López destacó que, para las elecciones de diputados de este año, el porcentaje de votos nulos y blancos llegó a casi un 10%, y a CORES alcanzó un 11%. “uno puede ver que la elección presidencial es la más importante, la que atrae más votantes y que mucho de los votantes, más o menos 1 de cada 10 personas, votan por un candidato presidencial, pero no votan por ningún diputado o por algún CORE”, dijo.

Con esas cifras en mente, ¿qué puede significar el voto en blanco?

“Una opción válida”

Hay que aclarar es que el voto nulo es un voto mal realizado, ya sea de manera intencional o no, dentro de un proceso de votación. Por lo general, marca a más de una preferencia al mismo tiempo ya sea con una raya o con un mensaje, un dibujo, etc. Ya los votos en blanco no tienen nada marcado.

Y pese en algunas democracias los votos en blanco se suman a la primera preferencia de los votos emitidos, en los procesos eleccionarios en Chile los votos en blanco y nulos no se agregan a la mayoría, detalla Lucía Miranda Post doctorado Fondecyt ANID y académica de la Universidad Católica Silva Henríquez. De hecho, pensando en eso, un grupo de parlamentarios del Frente Amplio presentó hace algunos años un proyecto de reforma constitucional para reconocer la validez al voto en blanco en las elecciones populares de Presidente y de Gobernador Regional, que finalmente no avanzó en el Congreso.

Hay que aclarar es que el voto nulo es un voto mal realizado, ya sea de manera intencional o no, dentro de un proceso de votación. Por lo general, marca a más de una preferencia al mismo tiempo ya sea con una raya o con un mensaje, un dibujo, etc. Ya los votos en blanco no tienen nada marcado.

Así, destaca Pablo Reyes, Director Ejecutivo de Memética, “el voto nulo es una opción válida dentro del juego democrático. Es una opción que muchas personas del centro político están barajando, sin embargo, más allá de la coherencia individual, no es pragmática desde el punto de vista político”, añade.  

Es que ni el voto en blanco, ni el nulo suelen tener importancia sustantiva en el proceso de conteo de votos. Pero sí queda de manifiesto su valor estadístico, sumado a los porcentajes de abstención para las evaluaciones posteriores del debate social y político.

Aunque esto sea así en la práctica, los expertos destacan que no hay que tomarse a la ligera el voto nulo. En las elecciones de este año, dice Rodrigo Espinoza, profesor y coordinador académico de la Escuela de Ciencia Política de la UDP, hubo prácticamente 55.000 personas “que quisieron participar del proceso electoral, pero no se sintieron satisfechas con las opciones”.

Rodrigo Medel detalla que la literatura señala que las personas no votan solamente por tener una preferencia electoral, sino también por una dimensión expresiva. En ese contexto, “quienes votan de manera expresiva, saben que su voto no afecta el resultado final, pero sí resulta interesante acudir a las urnas como un modo de expresión, ya sea de apoyo o de castigo”, aclara.

Catherine Reyes-Housholder, profesora asistente del Instituto de Ciencia Política de la UC e investigadora asociada del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) coincide. Los ciudadanos “votan para expresarse, para sentirse bien con su decisión y acto de solidaridad”, comenta.  

Rodrigo Medel detalla que la literatura señala que las personas no votan solamente por tener una preferencia electoral, sino también por una dimensión expresiva. En ese contexto, “quienes votan de manera expresiva, saben que su voto no afecta el resultado final, pero sí resulta interesante acudir a las urnas como un modo de expresión, ya sea de apoyo o de castigo”, aclara.

“Si uno no tiene nada para expresar, quizá se quedará en la casa, ahorrando tiempo y energía. Hay que acordarse que las filas para votar pueden ser largas. No es un acto trivial ir a votar, requiere planificación y recursos”, añade, concluyendo que la persona que vota nulo está participando en la elección, yendo a las urnas y manifestando su disgusto con las candidaturas propuestas por los partidos políticos o las candidaturas independientes. “El voto nulo sugiere que el individuo está interesado en la política y quiere participar, pero no encuentra candidaturas en las cuales confía o quienes representan sus intereses”, agrega.  

Posturas divididas

Frente a la pregunta de si en la segunda vuelta más personas, como José Tomás, optarán por anular su voto, los analistas están completamente divididos.

Paulina Valenzuela, Directora Ejecutiva de Datavoz, no cree que vaya a haber un aumento en particular del voto nulo. “Las personas en un escenario de voto voluntario es probable que dejen de ir a votar si no tienen una preferencia definida en ese momento, más que ir a anular el voto”, dice la experta, añadiendo que en un “escenario de definiciones” en el que tanto Boric como Kast están haciendo ajustes a sus programas, “es difícil anticipar qué puede ocurrir con la participación”.

En una línea similar, Carlos Durán considera que “debiera haber un aumento marginal” en el voto nulo en segunda vuelta.

Ya Rodrigo Medel afirma que, frente a la fuerza inesperada de la candidatura de Parisi, la cual define como un “voto anti política”, “vale la pena preguntarse si el voto nulo debería volver a ser una preocupación real en Chile”. 

Sin embargo, el experto sostiene que una vez las personas se activan en la participación electoral, lo más probable es que sigan acudiendo a las urnas. “En ese sentido, quienes votaron a Parisi u a otro candidato, pero no se sientan representados por Kas o Boric, es muy probable que asistan igual a votar. Así como hay abstencionistas crónicos, el voto también se constituye como un hábito”.

Catherine Reyes-Housholder piensa que en estas elecciones podría resultar que quienes no se sientan identificados con ninguna candidatura presidencial voten nulo o simplemente se abstengan. Sin embargo, plantea que hay una posibilidad de que “como las diferencias (entre los candidatos) son tan grandes, las y los chilenos vayan a querer participar en el proceso porque las apuestas son altas”.

Frente a la pregunta de si en la segunda vuelta más personas, como José Tomás, optarán por anular su voto, los analistas están completamente divididos.

Independientemente de lo anterior, Lucía Miranda considera que “teniendo en cuenta los discursos polarizantes”, en particular del candidato extrema derecha José Antonio Kast, “que puso en evidencia la vigencia del clivaje autoritarismo-democracia entre las élites políticas en Chile, creo que de por sí ir a votar el 19 de diciembre va a significar un acto de apoyo a la democracia, donde las personas que vayan a participar van a ocupar su voto apoyando una candidatura o a la otra”. “Quienes no sientan la convicción, directamente aumentarán los cupos de la abstención”, concluye.

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