Cuba

Roxana Broche: Ser actriz es mi motor de arranque

«Seré actriz hasta el día que muera, ese es y será mi motor de arranque, por lo que vivo y respiro, por lo que me levanto y lucharé hasta el final de mi existencia. Si algún día dejo de ser actriz será porque básicamente estaré muerta», le asegura Roxana Broche, con total pasión, a Juventud Rebelde a través de las redes sociales, ahora que la popular telenovela El rostro de los días llegó a su final. 

«Me he sentido muy afortunada en muchos sentidos: he tenido la oportunidad de conocer personalidades a las cuales adoré desde niña. He podido estar en contacto con el arte desde muy temprana edad: después que lo descubrí, empezando por el ballet, ya nada fue igual... He estudiado y pasado por universidades que muchos añoran, como el Instituto Superior de Diseño (ISDI) y el Instituto Superior de Arte (ISA)...

«Sí, me he sentido una persona muy afortunada, porque en este inicio de mi carrera, en que apenas me estoy convirtiendo en actriz, he podido transitar por distintas experiencias en diferentes medios que me han llenado el alma y me han hecho feliz. Solo espero que esa felicidad dure para siempre, que no desaparezca».

‒Hiciste la carrera en cuatro años. Cambiaste del curso regular diurno al curso por encuentro cuando muchos quieren aprovechar al máximo la experiencia del ISA.

‒Hice el cambio que dices, pero siempre a favor de mi carrera. No existe una guía para los actores que diga qué es lo mejor o lo peor, uno elige seguir el camino que siente le aportará e incidirá favorablemente en su crecimiento personal y profesional.

«Hay momentos en los que debemos decidir qué paso tomaremos, como cuando me tocó determinar si sería diseñadora o actriz definitivamente. Con lo del curso sucedió la misma historia. Me acababan de proponer el protagónico de El rostro de los días y con esta telenovela no podía hacer como en otras ocasiones: cambiar horarios de rodaje, aprovechar la mañana en el ISA y grabar en las tardes, algo genial porque lo que aprendía en las clases lo ponía en práctica de inmediato en las sesiones de trabajo, pero con un personaje como Mariana era imposible, exigía demasiado tiempo en el set.

«Una no solo aprende en la universidad o dentro de las escuelas, la vida también te enseña muchísimo. Tus únicos maestros de seguro no serán los que tendrás en las aulas, sino que por el camino encontraremos muchos otros igual de necesarios. Quienes se queden solo con lo que les ofrece la universidad se mantendrán muy limitados, porque el conocimiento requiere de que leamos en más de un libro. Yo he tenido muchos profesores y todavía sigo buscado más; necesito beber de sus experiencias, confrontar muchos puntos de vista para crearme el mío, ver cuál me funciona.

«Ya venía de otra universidad y había creado mis herramientas de estudio, así que me sentía capaz de llevar en paralelo el cuarto año y mi tesis, y de ese modo ocurrió. Con ese plan entré al ISA y es un lujo haberlo conseguido, pero no he dejado de estudiar, ni lo haré nunca, porque el actor va completando su formación día a día».

Nunca espero nada a cambio de un trabajo que realizo por puro amor, insiste la Broche. Foto: Luis Alberto Aguirre.

-En todas tus entrevistas hablas maravillas de Ernesto Fiallo...

‒Porque hay que ser agradecidos. Más que un director, Ernesto Fiallo es un ser especial que ha jugado un papel fundamental en mi carrera como actriz, y no solo porque me haya dado la oportunidad de formar parte de La otra esquina y de En tiempos de amar, sino también porque es de esas personas que te inspiran a luchar por lo que realmente quieres. Cuando decidí, por ejemplo, el cambio de una carrera a la otra, en él encontré el apoyo que necesitaba. Le tengo mucha confianza y creo que es recíproco. Lo adoro y lo considero como un padre... En verdad, hablo de Ernesto Fiallo como de Maribel Díaz Gato y de muchos otros a quienes agradeceré toda la vida por el apoyo, las enseñanzas, por el acompañamiento...

«¿Cómo olvidar, por ejemplo, que de la mano de Fiallo llegué por primera vez a la televisión y a La otra esquina, que me aseguró tan bonitas experiencias, las cuales luego viví con más intensidad interpretando a Alina en En tiempos de amar, un personaje hermoso que me marcó? Alina me dio mi primer premio de actuación, el Adolfo Llauradó, que otorga la Asociación Hermanos Saíz (AHS)».

‒¿Te sorprendió ese premio?

‒Sí, me sorprendió, porque nunca espero nada a cambio de un trabajo que realizo por puro amor. Creo que las personas debemos dar más que lo que esperamos recibir. Asumo los personajes como los siento, como me lo indican, y siempre les doy, les doy, les doy de mí, sin pensar realmente si por ello seré premiada o no. Lo que me llena de satisfacción es haberles dado mi piel, mi alma, mi energía.

«No obstante, el Premio Adolfo Llauradó me colmó de satisfacción y de alegría. Es lindo que un personaje como Alina, que me caló tanto, también haya dejado una huella en los demás, que es para mí lo más significativo».

‒En El rostro de los días ya te habían entregado el personaje de Anabel cuando te llamaron para que interpretaras a Mariana. ¿Te sentías preparada para asumir un protagónico?

‒Me resulta muy simpático cuando me preguntan si me creía preparada. No es lo mismo como uno se siente como individuo, mucho más allá del personaje, que las herramientas que posee para enfrentar el proyecto. Asegurar que estás preparado significa que tendrás todo bajo control, sin pensar que la vida es tan impredecible que no podemos saber qué ocurrirá dentro o fuera del set, o si algo se saldrá de las manos en un momento determinado. Preparación es una palabra tan pero tan grande, que a veces me parece que se usa a la ligera. Nadie está absolutamente preparado, tenga la edad que tenga y la experiencia que tenga, porque, además, ningún evento en la vida es igual a otro: cada uno es único e irrepetible. Es la riqueza que tiene vivir. Es la riqueza que tiene pasar por todas las experiencias: la actuación es una de ellas.

‒Subir de peso parece que fue una de las exigencias de Mariana. No tenías ni siquiera 25 cuando te tocó este personaje que anda por los 30, 32 años. Interpretas por primera vez a una mujer en lugar de una adolescente. ¿Alguna otra complicación?

‒El peso solo es parte de la «cáscara» de un personaje; también la manera como se peina, se ve, la ropa que usa… Realmente construir un personaje va más allá de esa apariencia física. Complicaciones siempre las habrá porque no existe personaje fácil o pequeño, aunque algunos te exijan más que otros. Complicaciones siempre existirán porque no nos estamos representando a nosotros mismos. No somos nuestros personajes, a veces ni siquiera estamos de acuerdo con la forma como piensan, pero tenemos que entenderlos, sentarnos a conversar, buscar los porqué de sus actuaciones, y por qué se viste o camina de ese modo.

Siempre les doy, les doy, les doy de mí a los personajes, sin pensar realmente si por ello seré premiada o no, señala quien se graduó en el ISA. Foto: Luis Alberto Aguirre.

«Hace poco tuve la oportunidad de escuchar de un profesor espectacular, que los actores buscan comprender un mundo interior que no siempre conocen, un mundo al cual deben entrar despejados de ruidos, de artificios y de su propio ego. He tenido la oportunidad de ser alumna de profesores increíbles como Ismercy Salomón, Alexis Díaz de Villegas, Linda Soriano, Eduardo Eimil, quienes me han enseñado similares u otros puntos de vista diferentes de la actuación, pero todos superválidos».

‒Con frecuencia en El rostro...compartías el set con actores de sólida carrera como Nancy González, Tamara Morales y Fernando Hechavarría...

‒Ciertamente compartí la escena con personas que admiro muchísimo, que estoy viendo en la pantalla desde que era una niña, quiere decir que constituyó un regalo muy grande haberlos tenido de colegas dentro de esta entrega televisiva. Era un honor ver cómo trabajaban, cómo enfrentaban diferentes situaciones, escuchar sus consejos... Aprendí de ellos como de cada una de las personas que me rodeaban, que observaba atenta, intentando ser mejor a cada paso. Esa retroalimentación es fundamental.

«Con quien más relación mantuve y compartí más escenas fue con Tamara Morales, una de las personas más fabulosas que he conocido. Aunque Mariana no la haya aceptado ciento por ciento como madre, Roxana sí lo hizo desde el primer momento».

‒¿Cuál ha sido tu principal reto como actriz hasta la fecha?

‒Mi mayor reto hasta ahora ha sido Mariana: un personaje que me hizo sentir en la cuerda floja, y tener esa sensación me encanta. Estoy complacida con mi Mariana, que no tiene que ser la que cada televidente imaginó; la mía lleva el corazón de muchas mujeres. A lo largo de la telenovela, recibí numerosos mensajes dándole aliento, de mujeres que querían ser madres, de algunas que en ese momento se estaban sometiendo al proceso de fertilidad...

«Será difícil olvidar la reacción del público hacia El rostro de los días. Fueron demasiados días durante muchos meses en los cuales los televidentes no paraban de escribir, de opinar, de debatir; hasta crearon sus propios espacios en las redes sociales dedicados a la telenovela. Mucho más allá de sus errores, de lo que pudo mejorarse o haberse tenido en cuenta, existe una realidad: fueron enormes las muestras de apoyo que recibió El rostro de los días. En lo personal, agradezco con el corazón a esas personas que se me acercaron (algunas que admiro profundamente) para decirme su parecer; yo me quedo con esas muestras sinceras de cariño».

‒¿Cómo sería tu personaje soñado?

‒Sí, existe un personaje con el cual sueño: no tiene nombre ni apellidos, pero está basado en una de las profesiones más lindas y difíciles del arte. Todos los días pido en silencio que se escriba ese guion lo mismo para el cine, que para el teatro o la televisión, y que el director piense que yo lo puedo interpretar.

‒Tu colega Niu Ventura dijo que eres una actriz con muchas agallas. ¿A qué crees que se refería?

‒Supongo que Niu haya dicho eso porque sabe que me gusta enfrentar proyectos difíciles; me gustan el riesgo y la adrenalina; me encantan los retos, estar a la expectativa. Aborrezco las zonas de confort. Cuando asumo un personaje disfruto la sensación de estar corriendo un riesgo, de saber que puedo caer o que tal vez no debí hacerlo, pero soy así: siempre dispuesta a aceptar lo que me cueste y me obligue a trabajar sin descanso para alcanzar mi objetivo. Resulta estimulante mirar hacia atrás y darte cuenta de que tu entrega y esfuerzo han valido la pena.

Ser actriz es por lo que vivo y respiro, afirma Roxana Broche. Foto: Ayris Arias

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