Cuba

Una vacante en litigio a las puertas de las elecciones de noviembre

Ruth Bader Ginsburg, jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos fallecida el pasado viernes 18, yace en el frontis del monumental edificio del cual debe emanar la justicia, en Washington D.C., pero no creo que descanse en paz.

El inmediato anuncio del presidente Donald Trump de que para este próximo fin de semana anunciará su nominación para ocupar la vacante ha encendido la controversia política más allá del enfrentamiento republicanos-demócratas, en su punto clímax, dada la proximidad de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

No revela antes su favorito porque asegura respetará los servicios funerales de Ginsburg, quien ocupó la magistratura desde 1993, cuando fue nombrada por el entonces presidente Bill Clinton, y se destacó en la lucha por la igualdad legal de género, la inmigración, el aborto o el matrimonio igualitario.

Pero lo cierto es que el mandatario está ansioso en anotarse un tercer juez en la Corte Suprema de nueve jueces, en la cual ya cuenta con dos de su nomenclatura: Neil M. Gorsuch y Brett M. Kavanaugh, quienes recibieron el aval necesario del Senado —bajo mayoría republicana ahora, pero quien sabe lo que sucederá en noviembre. Leyes y regulaciones demandan la aprobación senatorial, y siempre las luchas son enconadas en este tipo de decisión, pero posiblemente se queden chiquitas ante la que se avecina.

Tengan en cuenta que los jueces supremos ocupan el cargo de manera vitalicia, por tanto, la composición de la Corte tiene efectos a largo plazo y Ginsburg integraba el cuarteto considerado «progresista» o «liberal» frente a los otros cinco «conservadores».

En una entrevista con Fox & Friends, Trump reveló que tiene una lista de cinco posibles candidatas —porque especificó que sería una mujer—, y la publicación The Hill publicó las posibles aspirantes: Amy Coney Barrett, Barbara Lagoa, Allison Jones Rushing, Amul Thapar, Bridget Bade e incluyó un hombre, Thomas Hardiman.

Todas menores o en sus cortos 50 años, elemento clave para que su permanencia e influencia en las leyes estadounidense sea lo más prolongada posible, puesto que una decisión de esa entidad establece jurisprudencia sobre otras sentencias, decisiones y fallos de cortes inferiores en cualquier lugar del país.

Quizás la que cuenta con mayor aval jurídico sea la Barrett —quien trabajó con otro juez de la alta corte, Antonin Scalia, y sirve desde 2017 en la Corte de Apelaciones para el 17mo. Circuito—, nominada por Trump, estuvo en su lista corta para suceder al juez supremo Anthony Kennedy, otra silla vacía ocupada por la propuesta del actual mandatario en 2019, quien  dijo entonces que la «reservaba» como potencial     reemplazo de Ginsburg.

Pero la que lleva mayor carga política en el interés casi enfermizo de Trump de reelegirse en la Casa Blanca en noviembre próximo, es Barbara Lagoa, nacida en Miami de padres cubanos e integrante del team legal de la familia miamense de Elián González, pues le podría aportar un peso comicial en el estado péndulo de la Florida, considerado vital para quien aspira a ser reelegido y a cualquier costo.

Por supuesto, el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell (de Kentucky) no esperó ni dos horas para decir que llamaría al cuerpo legislativo a pronunciarse por quien nomine el Presidente, y es que tiene bien claro que en su interés está un control republicano de las cortes  federales, y estoy hablando en plural, no solo el Tribunal Supremo, lo cual marcaría un drástico cambio en la proyección de la legalidad y de la sociedad estadounidense.

Pero con un magnate-presidente en la Casa Blanca que se ha caracterizado por emitir falsedades, y cambiar sus declaraciones como si fuera un cachumbambé, tal listado suministrado por The Hill, puede ser una maniobra diversionista.

A comienzos de este septiembre, Trump habría presentado otra lista de potenciales jueces de Corte Suprema de Estados Unidos ante una eventual vacante, y esta incluía a  los senadores republicanos Ted Cruz, Tom Cotton y Josh Hawley, que son fuertes aliados políticos del presidente, reportaba AFP, y había destacado su disposición a «aferrarnos a los principios fundacionales de nuestra nación».

Afirmó —faltando una vez más a la verdad—, que su rival Joe Biden nominaría «jueces extremadamente radicales» que podrían borrar la Segunda Enmienda de la Constitución que otorga el derecho a portar armas; «requerir a los contribuyentes que financien abortos extremadamente tardíos»; «eliminarán las palabras “por Dios” del Juramento de Lealtad; y unilateralmente declararán inconstitucional la pena de muerte».

A su vez, los demócratas asumen el reto y también a pocas horas del deceso de Ginsburg, grupos liderados por Brian Fallon, uno de los más destacados miembros del personal de Barack Obama, estaban dispuestos a emplear diez millones de dólares para una campaña de presión contra el nominado por Trump, sean quien sea.

Ese dinero que es también determinante en las elecciones de Estados Unidos, se ha puesto en movimiento para tratar de cortarle el paso a Trump. La plataforma online más prolífica en el financiamiento de los candidatos demócratas, Act Blue, aseguraba este domingo que en solo 28 horas los pequeños donantes habían contribuido con 100 millones de dólares, luego del deceso de la jueza Ruth Bader Ginsburg, porque están dispuestos a luchar y honrar su legado jurídico.

Así anda el juego en la democracia y la justicia al mejor estilo de USA.

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