Dominican Republic

El reto de vivir

Vivir parece lo más normal, sin embargo es un triunfo, un milagro. Las preguntas filosóficas ante la vida conducen necesariamente a respuestas trascendentes y espirituales.

Los argumentos materialistas o hedonistas son insuficientes en dar razones para vivir.

Nadie pidió vivir, sin embargo estamos vivos. El misterio de la vida solo se comprende desde su aceptación. Cada vez más, el sin sentido amenaza la existencia humana y se expresa en la negación de la vida o en su degradación.

Morir en vida es la gran amenaza de hoy. Este estado se expresa en existencias de autómatas o esclavos de un sistema que preconiza los bienes y el estatus como fin absoluto.

Tanto tienes tanto vales es la prédica de la religión del homo economicus que ahora se alía con la del homo technologicus que aspira a embriagar la vida de lo virtual, profundizando así la confusión y el vacío existencial.

Redescubir la vida nos lleva a entenderla como sacrificio y sentido último.
La vida como sacrificio:

La buena vida, espiritualmente, no es la vida color de rosas que evita el sufrimiento y el dolor. Negarse a sí mismo es renunciar a vivir una vida de egoísmo. La vida que Jesús nos da es el fruto de la cruz.

Cargar la cruz de Jesús es aceptar que la realidad de la vida son las relaciones que hay que construir y mantener en base a renuncias, las pérdidas, las decepciones, las enfermedades, la vejez y la muerte.

La vida como sentido último:

La vida es una responsabilidad. Vivirla implica tomar decisiones que en el día a día nos permitan descubrir el sentido de la vida más allá de nosotros mismos: en los demás, en el bien, el servicio, en causas que nos trasciendan. Una vida sin sentido es estéril.

Como decía Vicktor Frankl, la vida no nos debe nada, es ella que espera de nosotros. Por nosotros, espera la pareja, los hijos, los padres, los hermanos, los amigos, la ciudad y el mundo.