Ecuador
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Esmeraldas cuna de reinas

La provincia de Esmeraldas por el número de representantes que han participado durante muchos años en los reinados dentro y fuera de nuestro pluricultural Ecuador puede catalogarse como “Cuna de Reinas”, son Embajadoras de belleza natural, diversidad racial, mestizaje, mucho carisma e intelecto académico.

La intención con la que nos enfocamos en nuestra vida individual o colectiva nos dirige hacia el punto objetivo, si nuestras mujeres afro y todo el capital humano que hay detrás, cirujanos, políticos, gestores culturales, periodistas, esteticistas, diseñadores, se dirigen hacia un fin común tendríamos en el hoy por hoy mujeres formadas para liderar organizaciones y entidades que se requiere de la maternidad que profesa cada mujer en cualquier instancia.

La primera reina de Esmeraldas data en el año 1950, cuando fue electa Germania Buendía. En aquel tiempo organizaban las damas del Club Social Cultural Esmeraldas, quienes escogían a las señoritas y pedían permiso a sus padres para que les permitan participar.

Les conducían a realizar labor social y conocer sobre los valores y la ética.

Elegían a la soberana con la votación que hacía cada asistente al programa, ellos dejaban escrito en el tickets el nombre de la candidata de su preferencia. Los padres de familia eran quienes recibían un talonario de entradas y se encargaban de venderlas.

El grupo de mujeres contabilizaban los votos y era así con minucioso detalle que se asignaban a la soberana de belleza y cultura.

Tenemos mucho camino recorrido en este tema, muchas vueltas a casa sin la corona y muchas ganancias celebradas en caravanas por las calles de Esmeraldas, desde Nuevos Horizontes hasta las Palmas.

Está en manos de autoridades, instituciones educativas, centros de cultura formar una proyección vincular para formar a las mujeres que quieran participara y llegar a estos espacios con su belleza, ellas puedan empoderarse e ir por la corona puesta por el servicio que realicen como profesionales que llevan el emblema provincial, sin individualidad, sino encaminado a un bien común.