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Aitor, el camello violento: da tres palizas seguidas a su joven cliente por deberle 50 euros en coca

Las drogas nunca son buenas compañeras de viaje y Juan David lo ha aprendido a palos: su camello le propinó en Santomera tres palizas de manera consecutiva durante la madrugada del 26 de junio porque le adeudaba una ridícula cantidad de cocaína que no superaba los 50 euros. “Desde ese día estoy arrepentido de consumir drogas”, asegura este joven colombiano mientras atiende a EL ESPAÑOL en las horas previas a la intervención quirúrgica a la que fue sometido este martes en el Hospital Reina Sofía de Murcia. “Llevo dos semanas sin poder comer bien porque tengo la mandíbula rota: eso no son maneras de cobrarle una deuda a alguien”.

La conducta de Juan David -consumir estupefacientes- no es un buen ejemplo para nadie, pero la aparente adicción a la ‘coca’ de este joven no le quita la razón en su reflexión: casi pierde la vida con 23 años por una deuda ínfima relacionada con las drogas. El dinero se lo debía a Aitor: un chico con múltiples antecedentes al que su paso por prisión no le ha influido en su modus vivendi. De hecho, fuentes policiales confirman que el jueves 25 de junio, un día antes de apalear supuestamente al joven colombiano, Aitor fue detenido y quedó en libertad a la espera de un juicio rápido por participar junto a otras dos personas en el secuestro de un hombre al que introdujeron en un vehículo para obligarle presuntamente a hacer un enganche ilegal a la red eléctrica para producir marihuana.

“Ese Aitor está loco”, sentencia Carmen Cardona Buritica, la madre del joven colombiano apaleado, mientras toma la palabra para aclarar a este diario que su hijo padece problemas mentales: “A una persona enferma no deben fiarle drogas”. Esta mujer explica que, desde 2016, su hijo mayor está diagnosticado de ezquizofrenia a causa de una depresión que sufrió tras la muerte de su padrastro y sus coqueteos con las sustancias estupefacientes. Carmen se encargaba de administrarle la pensión que Juan David recibía de 390 euros mensuales para evitar que comprase alcohol, tabaco y drogas.

Paliza Santomera

“Mi hijo no debe beber y tampoco drogarse porque es esquizofrénico”. Sin embargo, Juan David burló el control de su madre para celebrar su 23 cumpleaños el fin de semana previo al lunes 16 de marzo cuando entró en vigor el estado de alarma y el confinamiento domiciliario por la pandemia de coronavirus. La celebración, con ‘coca’ y cubatas de por medio, tuvo lugar en un inmueble de Santomera en el que se encontraban una chica y Aitor.

A la semana siguiente el joven colombiano comenzó a recibir amenazas del supuesto camello. “Como Juan David está enfermo yo estoy pendiente de la gente con la que habla por Messenguer y le vi varios mensajes amenazantes”, afirma la madre mostrando una captura del citado chat donde su hijo guarda silencio mientras Aitor le escribe literalmente lo siguiente: “Eh, tú. Tú no me contestes que otro día que te vea te lo voy a explicar de otra manera...”.

Complicaciones

Con el inicio de la ‘nueva normalidad’ aumentaron los problemas de Juan David porque se acabó el confinamiento domiciliario que hasta ese momento evitaba que se tuviera que ver las caras con su presunto camello y por tanto enfrentarse a la deuda económica. “Le debía 20 euros, pero él me quería cobrar toda la fiesta”, asegura el joven postrado en la cama del Hospital Reina Sofía donde ingresó hace dos semanas con la cara y el pecho lleno de moratones y heridas sangrantes. “Le dije que le iba a pagar el 26 de junio”, insiste el joven tratando de aclarar lo sucedido pese a los dolores que le provoca hablar porque tiene rota la mandíbula.

Su madre no dejó de controlar el contenido de las conversaciones de Messenguer y al comprobar que el tono de las amenazas se fue tornando cada vez más amenazante optó por mediar con el camello para tratar de saldar la deuda: “Él quería cobrarle la fiesta completa a mi hijo, pero le dije que era una persona con esquizofrenia a la que no debía haberle fiado nada porque no podía drogarse y yo estaba en paro”. Aitor primero le pidió 200 euros, después 180 euros y finalmente 50 euros. Así lo recoge una de las conversaciones del canal de Facebook que Carmen muestra a este diario como resultado de las ‘negociaciones’ de madre e hijo con el supuesto proveedor de cocaína:

Juan David: Papi, a mi no me amenace que yo no soy de ese mundo suyo.

Aitor: OK. Pues a mí me cumples, que bastante que te he dicho que con 50 euros estamos en paz.

Juan David: Sí, el día 26 (de junio) los tienes.

Aitor: No, era el día 25 (de junio).

La madre de la víctima de esta terrible agresión sostiene que le negociación se cerró por menos dinero: “Mi hijo le debía 20 euros por medio gramo de cocaína”. Lo de menos es que fuesen 50 euros, 20 euros o más, porque el problema es que Aitor se cansó de negociar: la madrugada del 26 de junio pasó a la acción de manera brutal cuando se topó casualmente con Juan David por la calle Calvario de Santomera. “Yo iba de camino a casa de mi tía cuando vi que Aitor estaba en un salón de apuestas tomando algo, salió a pedirme el dinero y empezó a pegarme”, relata el veinteañero a este diario.

Los vecinos grabaron la paliza donde el supuesto camello primero empezó propinándole bofetones con la mano abierta, después tiró al suelo a Juan David y finalmente, tal y como recoge el vídeo que obra en poder de la Policía Local, lo terminó lanzando contra un macetero de enormes dimensiones después de amenazarle de muerte. “Págame de una vez: ¿Me has escuchado? O me pagas o te rompo la vida ¿Vale? Ya no te lo digo más veces”.

Reanimación

Alejandro y Nicolás, los hermanos de Juan David, corrieron a su auxilio tras conocer que había sido agredido en plena calle. Cuando encontraron a su familiar iba deambulando por los alrededores de un supermercado en la avenida Juan Carlos I por donde volvió a aparecer en escena Aitor reclamando que le pagasen la deuda. “Allí nos volvió a pegar a todos”, asegura el joven hospitalizado. La Policía Local y la Guardia Civil aparecieron en la zona disolviendo la pelea: los agentes ordenaron a Juan David, Alejandro y Nicolás que fuesen a los servicios de urgencias del centro de salud para hacerse un parte de lesiones antes de interponer una denuncia.

Aitor no fue arrestado porque ambas partes se culpaban de la pelea y aparentemente se marchó a su casa para ir al día siguiente al centro de salud a hacerse otro parte y luego presentar una denuncia contra los tres hermanos. Sin embargo, esa misma madrugada, este joven español, de 27 años, se plantó en el centro de salud de Santomera para emprenderla a golpes con el cliente que supuestamente le debía dinero por cocaína. “No recuerdo nada de lo que pasó”, asegura Juan David.

Su madre le mira, le coge la mano con fuerza y sin despegarse de su cama detalla a EL ESPAÑOL los motivos de las lagunas mentales que padece su hijo: “Aitor llegó al centro de salud como un loco, lo primero que hizo fue darle un puñetazo a Juan David, cuando estaba tirado en el suelo lo dio una patada en la cabeza, empezó a convulsionar y los médicos le tuvieron que dar descargas eléctricas con un desfibrilador”. Carmen cesa su relato porque se emociona al pensar que el mayor de sus tres hijos estuvo a punto de morir la madrugada del 26: “Estaba tirado en el suelo y lo remató de una patada”.

Nicolás, uno de los hermanos de la víctima, corrobora la violencia del ataque que sufrieron: “No sé si estaba drogado, pero nunca me he enfrentado a alguien tan fuerte”. Este adolescente se pone ojiplático al rememorar lo sucedido en el exterior de las instalaciones médicas: “Fue a buscar a mi hermano para volver a pegarle y yo me metí por medio porque iba a matarlo otra vez, le dio una ‘golpiza’ tremenda y nos dijo que nos iba a matar a todos”. Después Aitor salió huyendo de la zona.

Historial de Aitor

En ese momento se había generado una enorme alarma social entre los vecinos de Santomera -una localidad murciana de poco más de 16.000 habitantes que linda con Orihuela (Alicante)-. Las redes sociales ardían con comentarios pidiendo la detención del autor de la iracunda agresión. “Todo el mundo le tiene miedo porque lo que le hizo a ese chico se lo pudo hacer a cualquier otro”, alerta un experimentado policía local. Tal temor se debe, según este agente, al “abultado historial delictivo” de Aitor puesto que antes de ingresar en prisión fue detenido en diversas ocasiones y contaba con varias infracciones administrativas por robos, peleas, violencia de género, consumo y posesión de drogas y bebidas alcohólicas en la vía pública...

“Parece que durante su infancia se metieron mucho con Aitor porque sus padres son sordomudos y eso le pasó factura”, comenta una vecina del pueblo sobre el origen de la conducta problemática del joven. Más allá de las causas del historial delictivo de Aitor, lo cierto es que el dato objetivo era demoledor: solo llevaba algo más de tres meses en libertad y entre los días 25 y 26 de junio se vio implicado en un supuesto intento de secuestro, en un desorden público en un salón de una cadena de apuestas y propinó las tres palizas a Juan David por una deuda relacionada presuntamente con el menudeo de sustancias estupefacientes.

A pesar de todo, horas después de la terrible agresión, la mañana del viernes 26 de de junio se desplazó a Murcia para acudir como si nada al juicio rápido al que estaba citado por la supuesta retención contra su voluntad de un hombre para que habilitase una toma ilegal de luz para cultivar ‘maría’. Tanto Aitor como sus dos supuestos compinches quedaron en libertad con cargos. Un día después, el sábado 27 de junio, la Policía Local y la Guardia Civil se personaban en casa de los padres de Aitor y le arrestaban por las agresiones contra Juan David: el veinteañero colombiano que padece esquizofrenia y al que en la localidad santomerana conocen con cariño como ‘El Pá’ porque es habitual que se acerque a los vecinos a pedirle unos céntimos para comprarse un cigarrillo.

Perdió su trabajo

El lunes 29 de junio, los juzgados de Murcia ordenaron el ingreso en prisión de Aitor de manera provisional por un delito de homicidio en grado de tentativa. “Tengo miedo de que salga de la cárcel y vaya a por mis hijos porque él si que tiene dinero para contratar a un abogado”, reflexiona preocupada Carmen. Esta colombiana, de 39 años, no disculpa la conducta de su hijo por consumir ‘coca’, pero pide firmeza a la Justicia y ayuda a las administraciones estatal, regional y local, porque este episodio ha dejado en el abismo a toda su familia. “Dos días antes de la paliza que sufrió mi hijo había encontrado un trabajo en un restaurante y lo perdí: me despidieron por llegar tarde porque tuve que ir a declarar ante la Guardia Civil”.

Carmen estaba en periodo de pruebas como camarera en un local hostelero de Santomera y su propietario no se apiadó del trance familiar que está padeciendo: “No me creyó”. En los últimos días la situación no deja de complicarse para esta inmigrante colombiana que hace seis años hizo las maletas en Manizales para buscar un futuro prometedor en España para sus tres hijos: “He recibido una notificación del banco porque no he podido pagar la última letra de la hipoteca de 180 euros”.

Después de perder su empleo, en casa ahora todos dependen de la pensión (390 euros) que percibe Juan David por la discapacidad que tiene diagnosticada por su esquizofrenia. “Estoy totalmente jodida: no tengo dinero ni para arreglar la nevera”. Carmen está desesperada porque no puede buscar trabajo debido a que Juan David todavía seguirá hospitaliazado tras ser operado este martes de la mandíbula y sus otros hijos no encuentran empleo: “Nicolás, de 22 años, no puede trabajar porque no tiene el permiso de residencia y Alejandro, de 18 años, acabó el instituto y no encuentra nada”.

Carmen no culpa de nada a su hijo ni le echa en cara sus vicios. Todo lo contrario: esta madre coraje trata de buscar una solución a los problemas derivados de la enfermedad mental y las adicciones de Juan David: “Solo quiero que no esté desocupado y que vaya a un centro a desintoxicarse”. Para ello se ha dirigido a los Servicios Sociales y a la Unidad de Psiquiatría del Hospital Reina Sofía de Murcia. Todavía no le han dado respuesta y en el horizonte tiene por delante la titánica tarea de buscar un empleo para evitar que la desahucien de su casa por impago de la hipoteca: “Tengo experiencia de camarera, esteticista, envasadora y peón de almacen agrícola, solo estoy esperando a que mi hijo reciba el alta para poder buscar un trabajo”.

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